"Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja."
SAN AGUSTÍN
(Fotografía: Juan Marblaz.- http://www.flickr.com/photos/juan_marblaz/4951661871/in/set-72157624875685964)
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
La emoción de la llegada
La emoción de la llegada...
Indefinible, indescriptible, expresada de mil millones de maneras distintas...
Unos ríen, otros lloran, otros se abrazan, hay quienes solo son capaces de cerrar los ojos para volver a abrirlos y comprobar que no es un sueño, otros miran a un infinito dibujado en la inmensidad de dos torres...
Y hay quienes, simplemente, se arrodillan y callan...
Indefinible, indescriptible, expresada de mil millones de maneras distintas...
Unos ríen, otros lloran, otros se abrazan, hay quienes solo son capaces de cerrar los ojos para volver a abrirlos y comprobar que no es un sueño, otros miran a un infinito dibujado en la inmensidad de dos torres...
Y hay quienes, simplemente, se arrodillan y callan...
Una puerta abierta
Envuélvete en ella, peregrino. Que la niebla siempre es una puerta abierta hacia la magia...
(Fotografía: Camino de Santiago - Der spanische Jakobsweg.- https://www.facebook.com/pages/Camino-de-Santiago-Der-spanische-Jakobsweg/111181545580888)
No me hables tan fuerte
Y el peregrino, viendo la belleza de la Creación, susurra desde lo profundo de su alma: "Señor, no me hables tan fuerte"...
(Fotografía de Juan Ramón Llavori Romatet: http://juanramonllavori.blogspot.com.es/2012/12/peregrinatio-por-el-camino-de-la-luz.html)
La llegada
"La llegada, la difícil llegada. Cuando se anda poco, enseguida tenemos ganas de volver a casa, pero cuando se recorre un largo camino, sentimos un deseo inmenso de continuar en él hasta caer agotados."
El Camino es infinito
"El camino es infinito, no se puede acortar nada, no se le puede añadir nada y, sin embargo, cada uno sostiene su inocente vara de medir." (Franz Kafka)
Los préstamos de Dios
“Dios nos presta un momento los prados y las fuentes, los grandes bosques temblorosos, las profundas y sordas rocas y los cielos azulados, los lagos y las llanuras, para que pongamos en ellos nuestros ensueños, nuestros amores” (Víctor Hugo)
(Fotografía: Juan Ramón Llavori Romatet.- http://juanramonllavori.blogspot.com.es/2013/06/imaginary-landscapes-camino-de-santiago.html)
El tiempo se detiene
Y el tiempo se detiene cuando te sientes parte de la Inmensa Creación...
(Fotografía: Juan Ramón Llavori Romatet.- http://juanramonllavori.blogspot.com.es/2013/01/non-nobis-domine-non-nobis-camino-de.html)
Peregrino del Alma
Me leías y te sentías peregrino conmigo. Me escribías para decirme que lo habías leído "con el corazón" y que mis letras te dejaban "un buen sabor en el alma". Siempre seguiste mis pasos, adonde quiera que los mismos se dirigieran. También a Santiago, desde el alma. Y me hubieras seguido con tus pies, a poco que hubieras podido. Creo que llegaste a entender, en unas pocas líneas, mis vacíos y mis ausencias de Dios, mis huellas perdidas en caminos que no eran el mío, el por qué de coger cada año una mochila e irme a buscarme o a encontrarme o a perderme o a todo a la vez en esa lejanía de una distancia que parece enorme cuando se cuenta en kilómetros. Lloraste de emoción cuando mi voz quebrada te anunció que ya estaba en Compostela, la primera vez de aquella "locura" de marcharme "solo". Tal vez no lo entendías pero sentías que para mí era algo grande. Y eso ya te era suficiente. Con el tiempo, me leíste. Y lo entendiste. Y tú también te sentiste peregrino. Conmigo.
El tiempo pasa demasiado deprisa. Hace mes y medio que volví a hablar contigo desde el Obradoiro, con la voz más quebrada que nunca. "He llegado, papá. Que te quiero mucho". Nunca fui pródigo en muestras de cariño pero aquel día precisaba que lo supieras. Que supieras que venías conmigo a Santiago, desde el alma, porque con los pies no podías.
Ahora eres tú quien te has marchado, peregrino. Solo. Como en aquella "locura" de mi primera vez. Ahora eres tú quien te has ido por ese Camino de la Luz que conduce hasta el mismo Pórtico de la Gloria. Al Verdadero. Al que llegan los Peregrinos de la Vida, sin más equipaje que el del alma, dispuestos a cruzarlo para Siempre.
En mi próximo Camino, saldré a buscarte. Y espero encontrarte en todos los espacios y en todos los senderos, en los puentes de piedra y en el arrullo dulce de todos los arroyos, en el viejo castaño y en la niebla baja, en cada amanecer y en cada ocaso, en la piedra desnuda y en la flecha amarilla de todos los rincones, en la ermita vacía y en el contorno de mi propia sombra, en los rayos del sol que traspasa las copas del bosque frondoso y en la luna de siempre en el cielo de siempre cuajado de estrellas.
Que sepas que volveré al Camino a encontrarme contigo, Peregrino del Alma.
Y esta vez llegaremos juntos a nuestra particular Compostela.
(Fotografía: Juan Ramón Llavorí.- http://juanramonllavori.blogspot.com.es/2012/11/hola-que-tal.html)
(Fotografía: Juan Ramón Llavorí.- http://juanramonllavori.blogspot.com.es/2012/11/hola-que-tal.html)
Siempre hacia delante
Resuelven las incógnitas en cada encrucijada. En el suelo, en una piedra, en el tronco de un árbol, sobre un muro, en una señal a pie de carretera, en un mojón de distancias o en otro que no marca la distancia, en el poste de luz, en la verja, en la farola, en el asfalto... Resolviendo incógnitas, marcando caminos, guiando pasos, deshaciendo dudas...
Alivia encontrarlas cuando crees haberte extraviado. Inquieta no verlas después de muchos pasos, síntoma casi inequívoco de haber equivocado la ruta, de andar perdido por caminos que no son el tuyo. Cuando ello ocurre, es preciso retroceder sobre los propios pasos. Hasta que vuelves a encontrar la flecha que no viste y que indica siempre un camino hacia delante.
Cada flecha amarilla es una invitación a seguir adelante. No hay flechas que te hagan parar y dar la vuelta, desandar lo andado, desvivir lo vivido. Cada flecha guía hacia una nueva ruta, hacia un nuevo paisaje, hacia un nuevo territorio aún pendiente de ser transitado. El hombre viejo va quedando en el Camino. Cada flecha marca el rumbo al hombre nuevo.
No están ahí por arte de magia ni por obra divina. Fueron manos peregrinas quienes las pintaron para guiar a otros. Manos que se encargaron de que otros pudiéramos descubrir el camino correcto, la senda precisa. Manos que resolvieron las incógnitas de cada encrucijada.
El Camino interior no tiene flechas amarillas dibujadas. De repente, te descubres perdido o andando sin rumbo o en la encrucijada irresoluble de escoger un sendero sin saber dónde te lleva. Fuera, sí que existen. Las puso alguien para guiar los pasos por un camino de todos.
El propio también precisa de sus flechas. Yo las voy dibujando poco a poco. En el suelo, en una piedra, en el tronco de un árbol, sobre un muro, en una señal a pie de carretera, en un mojón de distancias o en otro que no marca la distancia, en el poste de luz, en la verja, en la farola, en el asfalto... del alma... Resolviendo incógnitas, marcando caminos, guiando pasos, deshaciendo dudas... No para ir donde quiero sino para llegar donde necesito...
Y tal vez, algún día, mis flechas amarillas inviten a otros a seguir hacia delante, a elegir el camino correcto que les lleve a encontrar su propio Camino y a pintar sus propias flechas.
El abrazo
Y en el momento justo del abrazo, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina y el acto repetido y consumado que señala un teórico final para el Camino. En el breve instante de un abrazo, el tiempo del alma se eterniza. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis brazos.
La carne de tantos que me abrazan en el justo momento del abrazo. Ahí están, latiendo conmigo, temblando conmigo, sintiendo conmigo. Comenzando otra vez el Camino que prosigue al Camino que termina en un abrazo.
Tienen nombres y apellidos. Y rostros definidos que se funden en el rostro del Apóstol. Por eso, al llegar y al entrar y al mirar desde abajo el rostro de Santiago, les vi a ellos. Ahí estaban. Esperándome. Para el abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.
Arriba, no hay rostro que me mire. El Santo mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara de sorpresa. Arriba, es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso.
Un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante. El tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo también. Los vuestros. Los infinitos abrazos de todos los que sois peregrinos en el Camino de mi vida.
En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y me siento feliz de haber llegado, de haber sido, de ser, de estar.
De vivir.
De querer.
De ser querido.
La carne de tantos que me abrazan en el justo momento del abrazo. Ahí están, latiendo conmigo, temblando conmigo, sintiendo conmigo. Comenzando otra vez el Camino que prosigue al Camino que termina en un abrazo.
Tienen nombres y apellidos. Y rostros definidos que se funden en el rostro del Apóstol. Por eso, al llegar y al entrar y al mirar desde abajo el rostro de Santiago, les vi a ellos. Ahí estaban. Esperándome. Para el abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.
Arriba, no hay rostro que me mire. El Santo mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara de sorpresa. Arriba, es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso.
Un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante. El tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo también. Los vuestros. Los infinitos abrazos de todos los que sois peregrinos en el Camino de mi vida.
En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y me siento feliz de haber llegado, de haber sido, de ser, de estar.
De vivir.
De querer.
De ser querido.
Desgranando recuerdos
No es fácil desgranar recuerdos a modo de diario de un viaje terminado. Se agolpan, se mezclan, casi diría que luchan por escoger el mejor sitio del alma. No es lo mismo recordar desde el alma que hacerlo desde la mente. En el alma, los recuerdos se sobredimensionan y adquieren otras formas y otros tonos. Se vivifican, se intensifican hasta el estremecimiento. Tal vez algunos de ellos acaben cayendo en el profundo abismo del olvido, exhaustos de luchar por permanecer en la memoria.
Memorias de un peregrino. En realidad, no sé aun bien qué soy. Yo creo que soy un buscador. De mí mismo como parte de una inmensidad llamada mundo. De Dios como un “algo” creador de esa misma inmensidad. El Camino es una continua invitación a esa búsqueda del ser. En él consigo encontrar retazos de un yo-verdadero.
Mi tercer Camino… En realidad, cada año lo que hago es proseguirlo. Da igual el punto donde empiece. Los tres años he llegado a Compostela pero estoy convencido de que también da igual el punto donde acabe. Siempre salgo de casa y vuelvo a casa. El auténtico punto de partida está en el alma. Y allí mismo se encuentra el punto de llegada.
Compostela tan solo es una meta volante que marca un final y un nuevo inicio. Reconforta espiritualmente llegar ante las plantas del Apóstol. Pero el Camino es mucho más que eso. Pienso que cada punto de destino es, en sí mismo, una pequeña Compostela. Algún año, Santiago no será la meta. Y, entonces, el Camino seguirá siendo tan profundamente mágico como lo es ahora...
Un pedazo de mi historia
Antes de guardarla, repaso todos los sellos de mi Camino. Y me vienen a la memoria cada uno de los lugares en que fueron estampados. La credencial vacía anunciaba anhelos, preludiaba ilusiones ya cumplidas. Ahora, completa y multicolor, es el recuerdo material más preciado del peregrino.
En ella están impresos algo más que fechas y lugares de paso. Hay latidos y emociones, palabras y silencios estampados con tinta invisible.
Cada sello guarda, en sí mismo, un pedazo de mi historia...
Compañera de Camino
Compañera de Camino...
Durante cada paso de los miles de pasos que hemos dado, al compás y al descompás de nuestros pasos, tú delante, yo detrás, tú detrás, yo delante, uno junto al otro, codo con codo, palmo a palmo, centímetro a centímetro... "¿Vas bien? Sí, voy bien"... "¿Y tú vas bien? Sí, sí, voy bien"...
Durante cada instante de descanso y de cansancio, durante cada instante de doce días multiplicados por todos sus segundos, uno a uno, compañera de Camino, compañera de una realidad que empezamos a soñar mucho tiempo atrás...
No solo has sido. También has estado. A las duras y a las maduras. Para la risa y para el llanto. Y para saber que hay llantos que precisan un poquito de espacio íntimo, de soledad querida y requerida, llantos que solo es posible llorarlos solos. Otros, sin embargo, precisan del abrazo hondo, profundo, inmenso... Ha sido precioso llorar contigo... Y reír contigo...
Un Camino de dos... Y cada cual, un Camino...
No podíamos entrar en el Obradoiro de otra forma que cogidos de la mano... Como si fuéramos uno... En ese momento, solo podíamos ser uno, compañera... Solo uno... Un abrazo hondo, profundo, inmenso... Unitivo... Y en él, el abrazo de todos aquellos que nos quieren y a quienes queremos...
Ni te puedes imaginar cuánto me has enseñado, cuánto me has ayudado... "¿Vas bien? Sí, sí, voy bien"...
Solo puedo decirte gracias y que te quiero.
Tú ya sabes cuánto y cómo te quiero, compañera de Camino...
Con ojos de niño
Y al llegar, sentir que el Camino nos ha hecho descubrir que es posible contemplarlo todo con ojos de niño...
| (Fotografía: Robés.- http://www.robesfotografo.com/Ultreia_camino_de_Santiago.html) |
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