Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Vas y vuelves

https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/)
Nunca tengo sensación de volver porque solo continúo caminando. Volver solo vuelvo cuando regreso a casa. Entonces sí que vuelvo, para darle sentido a haber partido. El Camino carece de sentido si no se vuelve a casa. También se vuelve para seguir andando. El camino de mi vida se alimenta de la Vida del Camino. Por eso, cada cierto tiempo, me detengo en los andares cotidianos para retomar los senderos del Alma.

No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.

Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.

Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.

La auténtica meta

https://www.instagram.com/p/CBE7UaTHVNi/
(Fotografía.- Marcelo Argañaraz)




Se llega a Compostela.
Se llega al Obradoiro.
Se llega a la Gloria del Apóstol, sí.

Pero la auténtica meta
está en llegar al fondo de uno mismo.

Y, entonces, comprender
que ya eres para siempre
un peregrino...

Energía espiritual

https://www.instagram.com/p/B1GixmxorOA/
(Fotografía.- Jesús Varillas)
Y puedo, además del cielo, sujetar el silencio con las manos, el del Camino y el mío, y juntarlos. Y escuchar, sin intermitencias y sin que falle la cobertura, la melodía con acordes de aire, piedra, tierra y hierba; tratar durante horas y días con esa parte de mí que no es ni cuerpo ni mente, regodearme en ello con toda la calma y todo el tiempo de los mundos, y tirar... Tirar y tirar, tirar y tirar, tirar y tirar y seguir tirando... ¿Pero a dónde? A la tumba del Apóstol, y como en el Medievo si hace falta; sin repudiar nada: esoterismo, magia, señales divinas. Tirar y tirar. Tirando lastre y perdiendo fuerza, purgando los demonios y cargándome a la vez de energía espiritual. Pues así es, me lleno hasta los topes de energía espiritual: una lumbre interior de brasas esenciales, avivada por un aire despierto e impoluto que provoca sonrisas en el alma.

ANTXON GONZÁLEZ GABARAIN "BOLITX"

La señal precisa

https://www.instagram.com/p/CJvjQwxg9O8/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJvjQwxg9O8/)
Sobre el muro de piedra, la señal precisa. Allí donde falta la señal, unas manos peregrinas la pintaron para guiar los pasos de otros peregrinos. Dejaron una marca inconfundible, un signo inequívoco, una brújula sin más puntos cardinales que aquel que marca el rumbo a Compostela.

Cada flecha amarilla del Camino es un inmenso ¡Ultreia! gritado por las voces anónimas de tantos peregrinos que siguieron su estela. ¡Adelante! ¡Ánimo! Que más allá está Santiago.

¡Et Suseia!... Y más arriba, peregrino, y más arriba...

¡Hasta las mismas puertas de la Gloria del Apóstol!

La auténtica meta




Se llega a Compostela.
Se llega al Obradoiro.
Se llega a la Gloria del Apóstol, sí.

Pero la auténtica meta
está en llegar al fondo de uno mismo.

Llueve en Santiago.
A mares.

Dios está profundamente desnudo
en el mismo centro de mi Alma...

Tiempo de soñar y de amar el Camino

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B6RZvVIiWpM/)


Ahora es tiempo de soñarlo,
de hacerlo y deshacerlo cada instante,
cerrando los ojos y abriendo el alma.
Ahora es tiempo de amarlo,
de remover los cajones del recuerdo,
de revivir lugares
mirando los sellos que pusimos
en nuestra credencial de peregrino.
Ahora es tiempo de volver a casa,
de andar los caminos interiores
y de abrazar al Apóstol
en ese abrazo sin temores ni distancias
que solo puede dar el alma.
Ahora es tiempo de soñar
y de amar perdidamente ese Camino
que volverá a llevarnos,
cuando la noche pase,
a la eterna y soñada Compostela.
E ultreia, e suseia.
Protégenos, Señor Santiago,
en el difícil camino de estos días.

La nueva Compostela del principio


Tantas veces llegué,
por todas las sendas
que desembocan
en la Gloria del Apóstol,
finales del Camino en Compostela,
con la mirada perdida
en la inmensidad de dos torres
y el Alma latiendo
todos los sueños
que se hicieron realidad.
Y el Alma
siempre esperando el Abrazo
con el que todo termina
para empezar de nuevo.

Y ahora,
el final se ha vuelto principio,
kilómetro cero de los siguientes pasos
al Encuentro del Todo
donde me hago Todo
sin dejar de ser Nadie.
La misma plaza,
las mismas torres,
el mismo cielo azul de todos los veranos.
El mismo Abrazo
con el que todo empieza de nuevo.

Está preciosa
esta nueva Compostela
del principio.
Más desnuda que nunca
y seductora.

Voy a perderme en ella
antes de que el amanecer
me la arrebate.

Porque, entonces,
cuando amanezca,
ya solo seré parte del Camino...

Ese Abrazo posible

¡Siempre abrazo a tantos en ese Abrazo!

En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis manos.

Santiago mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara por sorpresa. Allí arriba es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso. Y es un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante.

El mundo está peor desde aquel Abrazo en que abracé a tantos y que quedó eternizado en una fotografía. Hoy ya no es posible subir hasta allí con una mochila en las espaldas, después de que tantas mochilas hayan golpeado a traición, por las espaldas.

Pero allí volveré, a mirar desde abajo el rostro de Santiago para descubrir que, en el rostro del Apóstol, está el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Allí, como siempre, esperándome.

Y volveré a subir, allí arriba, donde ya no hay rostro que me mire, para ese Abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.

Un inmenso ¡Ultreia!

Sobre el muro de piedra, la señal precisa. Allí donde falta la señal, unas manos peregrinas la pintaron para guiar los pasos de otros peregrinos. Dejaron una marca inconfundible, un signo inequívoco, una brújula sin más puntos cardinales que aquel que marca el rumbo a Compostela.

Cada flecha amarilla del Camino es un inmenso ¡Ultreia! gritado por las voces anónimas de tantos peregrinos que siguieron su estela. ¡Adelante! ¡Ánimo! Que más allá está Santiago.

¡Et Suseia!... Y más arriba, peregrino, y más arriba...

¡Hasta las mismas puertas de la Gloria del Apóstol!

Algunos lugares tienen magia

(Fotografía: Fernando Gómez)
"Estoy en pie allí y miro, pero no son mis ojos los que ven, son los de otros, anteriores. Es su mirada, su panorámica que ha sido ganada con el caminar, con peligros, con fe; habían arriesgado sus vidas y renunciado a todo para estar una única vez cerca del santo, de sus reliquias, ahora veían la ciudad, las torres de la catedral, ese mismo día aun entrarían por la Puerta Francígena, subirían las escaleras de la catedral, pondrían su mano en ese lugar vacío en forma de mano, en la columna central del Pórtico de la Gloria, de la que tanto habían oído hablar, rezarían en la tumba del apóstol y obtendrían su indulgencia plenaria. Eran otros hombres, con los mismos cerebros pensaban otro pensamiento. Algunos lugares tienen eso, una magia a través de la cual participas de los pensamientos de otros hombres desconocidos que existieron en un mundo que ya nunca más será el tuyo" (Cees Nootebomm)

El final se ha vuelto principio

Finales que son un principio...

Tantas veces llegué, por todas las sendas que desembocan en la Gloria del Apóstol, finales del Camino en Compostela, con la mirada perdida en la inmensidad de dos torres y el Alma latiendo todos los sueños que se hicieron realidad. Y el Alma siempre esperando el Abrazo con el que todo termina para empezar de nuevo.

Y ahora, el final se ha vuelto principio, kilómetro cero de los siguientes pasos al Encuentro del Todo donde me hago Todo sin dejar de ser Nadie. La misma plaza, las mismas torres, el mismo cielo azul de todos los veranos hechos invierno. El mismo Abrazo con el que todo empieza de nuevo.

Voy al Mar desde el Mar. Desde mi Atlántico a mi Atlántico. Desde la "Finis Terrae" del Sur -y allí se puso el "Non Plus Ultra"- a la "Finis Terrae" del Norte. Más allá del Mar, solo habrá Horizonte. Más acá del Mar, mi Yo más Verdadero. Y otro Abrazo. Y otras dos torres que besan el cielo junto al mar. "Mar de Muxia / que en su barca de piedra / me llevaría".

Está preciosa esta nueva Compostela del principio. Más desnuda que nunca y seductora.

Voy a perderme en ella antes de que el amanecer me la arrebate.

Porque, entonces, cuando amanezca, ya solo seré parte del Camino...

(Santiago de Compostela, 24/2/2017)

Tan cerca y tan lejos


"No sabía muy bien por qué se llamaba Monte do Gozo, pero cuando llegué a su cumbre lo entendí todo. Era increíble. Allá a lo lejos se ve la ciudad de Santiago, se pueden distinguir las torres de la Catedral. Lo que siento dentro de mi no lo puedo explicar. Me siento en medio del camino. Quiero asimilar bien todos mis sentimientos: algunas lágrimas caen sobre mis mejillas. Está tan cerca ya, pero a la vez tan lejos. Creo que cambiaré de opinión, necesito llegar ya, necesito abrazar al Apóstol, darle gracias por todo, por todos" (Miguel Perles Alabau)

Tirar y tirar

"Y puedo, además del cielo, sujetar el silencio con las manos, el del Camino y el mío, y juntarlos. Y escuchar, sin intermitencias y sin que falle la cobertura, la melodía con acordes de aire, piedra, tierra y hierba; tratar durante horas y días con esa parte de mí que no es ni cuerpo ni mente, regodearme en ello con toda la calma y todo el tiempo de los mundos, y tirar... Tirar y tirar, tirar y tirar, tirar y tirar y seguir tirando... ¿Pero a dónde? A la tumba del Apóstol, y como en el Medievo si hace falta; sin repudiar nada: esoterismo, magia, señales divinas. Tirar y tirar. Tirando lastre y perdiendo fuerza, purgando los demonios y cargándome a la vez de energía espiritual. Pues así es, me lleno hasta los topes de energía espiritual: una lumbre interior de brasas esenciales, avivada por un aire despierto e impoluto que provoca sonrisas en el alma" (Antxon González Gabarain "Bolitx")

(Fotografía: Miguel Muñiz.- http://miguelmuniz.blogspot.com.es/)

Volver al centro de mí mismo

Momentos antes de partir. Todo está preparado. No es la primera vez y por eso me sorprenden estos nervios principiantes y esta ilusión desmedida que ni siquiera tuve la primera vez. Intento explicármelo a mí mismo pero no encuentro las palabras, si es que existen. Hoy me han dicho que lo mío con el Camino es una preciosa Historia de Amor, de las que solo pueden escribirse con mayúsculas y de las que nunca tienen final porque se van eternizando con el tiempo. Por eso volver es un anhelo permanente. Volver es mucho más que colgarme la mochila y cubrir la distancia que separa el punto de partida de la meta. Es regresar a mi yo más profundo e íntimo, al reencuentro con todo lo que soy, a mi esencia más verdadera en comunión con la Inmensa Creación de la que formo parte. Es regresar a la búsqueda incesante de un dios que no precisa de mayúsculas pero que se hace mayúsculo en mi propio ser cuando lo encuentro. Es regresar a mi niñez para volver a contemplarlo todo con ojos de niño.

Atesoro en el alma los anhelos de muchos, secretas confesiones de quienes desean abrazar al Apóstol a través de mi Abrazo y pedirle al Apóstol a través de mis labios. Conmigo vienen todos aquellos que me quieren y a los que quiero. Peregrinos del alma en mi alma peregrina.

Vuelve a ser un Camino de dos y ello me ilusiona y me emociona. Sé que mi compañera de Camino jamás interferirá mi propia soledad querida y requerida. Pero me apetece compartir con ella amaneceres y brumas, los mágicos senderos que se adentran en lo desconocido, el cansancio y la duda, el abrazo después de cada etapa, un puñado de hermosos atardeceres y todos los silencios de un tiempo detenido. Porque un Camino de dos no impide que yo vuelva a reencontrarme, íntimamente, profundamente, con mi propio Camino. 

Vuelvo por unos días al centro de mí mismo y de mi mundo. Sé que cuando regrese a casa, me sentiré más pleno y más auténtico. Pero también sé que otro trozo de mi alma lo habré dejado en el Camino. Por eso, nada más descolgarme la mochila, ya estaré soñando en volver. En volver. En volver.

¡ULTREIA ET SUSEIA! Más Allá y más Arriba, nos espera Santiago.

Siempre llegamos hasta un abrazo

La vida es, en sí misma, un Camino continuo de salidas y llegadas. Y siempre hay un abrazo esperándonos al final de cada etapa. De alguien. De algo. De un ser querido. De un alma. De Dios. Siempre llegamos hasta un abrazo.

El abrazo

Y en el momento justo del abrazo, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina y el acto repetido y consumado que señala un teórico final para el Camino. En el breve instante de un abrazo, el tiempo del alma se eterniza. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis brazos.

La carne de tantos que me abrazan en el justo momento del abrazo. Ahí están, latiendo conmigo, temblando conmigo, sintiendo conmigo. Comenzando otra vez el Camino que prosigue al Camino que termina en un abrazo.

Tienen nombres y apellidos. Y rostros definidos que se funden en el rostro del Apóstol. Por eso, al llegar y al entrar y al mirar desde abajo el rostro de Santiago, les vi a ellos. Ahí estaban. Esperándome. Para el abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.

Arriba, no hay rostro que me mire. El Santo mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara de sorpresa. Arriba, es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso.

Un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante. El tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo también. Los vuestros. Los infinitos abrazos de todos los que sois peregrinos en el Camino de mi vida.

En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y me siento feliz de haber llegado, de haber sido, de ser, de estar.

De vivir.

De querer.

De ser querido.

Descontando días

Ya no cuento los días. Los descuento, en una cuenta atrás que acabará en el justo instante en que se inicie la cuenta hacia delante. Las últimas tachaduras en el calendario del alma, día a día, un día menos cada vez. Y un día más alimentando un sueño.

El tercer Camino… En realidad, está mal expresado porque el Camino es uno solo. Mejor, el tercer año de Camino, la tercera vez de un único Camino que se inicia sin un final determinado.

No vuelvo al Camino. Lo reanudo. Lo prosigo. Desde el mismo punto de partida de todas las veces anteriores: yo mismo. Porque es en mí donde empieza y donde acaba cada vez. Para continuarlo desde mí y hasta mí.

Ya no cuento los días. Los descuento. Tachando cifras en el calendario del alma que se quedó sin hojas que arrancar. En esta última, está marcado con un círculo rojo el día en que se inicia una cuenta hacia delante que acabará ante las plantas del Apóstol.

Nueve etapas más por el camino de la vida. Solo faltan nueve para volver a inundar el alma de la vida del Camino.

(Fotografía: Ramón Nómada.- https://www.facebook.com/ramon.nomada/photos_albums)