Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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En la Soledad está tu esencia

https://www.instagram.com/p/Cp0heUQMaY4/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cp0heUQMaY4/)

Soledad-compañera
que contigo camina
abrazándote el alma peregrina,
amante verdadera
que, a solas, te desnuda
para el íntimo Encuentro.
Tú, buscándote. Adentro.
Allí donde se anuda
el Ser al Infinito,
el abismo al espacio.
Contigo, va. Camina despacio.
Rompe tu silencio con su grito
que todo lo silencia
mientras te vuelves Camino.
Todo tú eres Camino, peregrino.
Y en esa Soledad está tu Esencia.

Soy caminante de todos los senderos


Voy caminando a pie, tranquilamente.
Soy caminante de todos los senderos, de todas las veredas ignoradas.
No tengo meta fija, voy simplemente andando
mientras mis pies resistan,
mientras mi cuerpo aguante lo que lleva.


La quietud es mi sola compañera;
camina junto a mí, de todos mis secretos participa.
Nuestro silencio nos envuelve a los dos.
Camino sin parar en ningún pueblo.
Me detengo un momento a beber agua,
a recoger matojos,
a dormir a la sombra de algún árbol,
y prosigo después tranquilamente por todos los senderos de este mundo,
por los quietos caminos polvorientos.


Así voy avanzando hacia no sé qué fin,
sin dudar un momento,
sin que la lluvia apague mis pisadas
o las eternas nubes me den sombra.
No me molesta el viento ni la escarcha
y tan sólo la muerte dará nombre a la meta final,
que voy buscando mientras los pies resistan
y escuche las canciones sin palabras
de la tierra serena que me abraza
y siente mis pisadas por las noches.


PABLO DEL ÁGUILA

Todo tú eres Camino

Soledad-compañera,
que contigo camina
abrazándote el alma peregrina,
amante verdadera
que, a solas, te desnuda
para el íntimo Encuentro.
Tú, buscándote. Adentro.
Allí donde se anuda
el Ser al Infinito,
el abismo al espacio.
Contigo, va. Camina despacio.
Rompe tu silencio con su grito
que todo lo silencia
mientras te vuelves Camino.
Todo tú eres Camino, peregrino.
Y en esa Soledad está tu Esencia.

(Fotografía: Juan J. Aguilera)

Sin esta locura

Podría pensarse que coger vacaciones para caminar doscientos kilómetros con una mochila en la espalda es algo que está muy cercano a la locura.

"¿Otra vez?", es la pregunta que inevitablemente se repite.

"No, no es otra vez. Es la continuación de la primera vez", respondo yo, creyendo firmemente en lo que digo.

No es otro Camino. Es el mismo Camino que iniciara hace ya una eternidad de instantes y al que se han ido sumando etapas y kilómetros, paisajes renovados, incluso vueltos a ver, en esa aparente repetición de senderos donde no es posible dejar la misma huella por mucho que los transites.

Hago recuento en años y me salen cinco. Hago recuento en etapas y suman cincuenta y cinco. Hago recuento en kilómetros y van más allá de los mil doscientos. Hago recuento en latidos... y pierdo la cuenta.

Es el mismo Camino. El que siempre acaba en Compostela aunque a veces no acabe en Compostela. El que ando en invierno y en verano, por los cuatro puntos cardinales y todos los rumbos posibles de la rosa de los vientos, sin nadie y con todos, desde la soledad profunda o en compañía de almas compañeras del camino de la Vida.

El Camino de quien no deja de buscar para encontrarse. De quien no deja de Encontrar aunque no busque.

El Camino... Uno solo... Infinito... Que existirá mientras queden horizontes que alcanzar...

"¿Otra vez? Estás loco", me repiten.

"¿Otra vez? ¡Pero si apenas lo acabo de empezar!", les respondo.

Porque sin esta locura, creo que me volvería loco...

(Nueve etapas más, desde A Gudiña a Santiago. Doscientos kilómetros. Dos Almas peregrinas, confiando en llegar hasta un Abrazo).

Como si fuera la primera vez

Y otra vez preparada... Creo que nunca deja realmente de estarlo. La vacío cuando regreso y ahí queda, durmiendo sus sueños peregrinos, hasta que un buen día la despierto para volver a llenarla de mis sueños peregrinos. Es mi compañera de siempre, la de la primera vez y la de todas las veces que han seguido a la primera, para andar los dos, de la mano, un único Camino interminable, por eterno. Sobre ella, la concha peregrina, la misma de siempre, la que esperó durante largos años que mis manos la descolgaran de la pared para colgarla en la mochila. Y ahí permanecerá, hasta que se pierda o se rompa en alguna etapa del Camino.

Otra vez preparada. Llena, como si fuera una extensión de mi propia alma. No la llenan las botas ni la ropa sino el alma de todos los que quiero. Alma a alma, todas caben dentro. Una a una. Y solo pesan las botas y la ropa.

Volver al Camino es hacer un paréntesis en el peregrinar del camino cotidiano. El Camino, el que escribo con mayúsculas porque solo puede nombrarse con mayúsculas, me ha ido arrancando, poco a poco, trozos de mi ser para hacerlos suyos. Seductor y posesivo, me ha ido enamorando hasta apropiarse de un "yo" que solo se completa cuando vuelve a encontrarse en la inmensa plenitud de las sendas que conducen a Santiago. Por eso regreso. A encontrarme. A completarme. En dirección a una Compostela que se multiplica infinitamente para bocetarse en cada punto de inicio y de llegada de cada día. Mis particulares Compostela sin Obradoiros.

No voy buscando nada. Tal vez encuentre Todo. Regreso allí vacío, como mi mochila cuando duerme sus sueños peregrinos. Solo desde el vacío puede uno llenarse. Mañana, cuando despierte, estaré en el Camino que se nombra con mayúsculas. Será el propio Camino el que me despierte para volver a llenarme de sus sueños peregrinos. Empezaré a andar. Y, a cada paso, un trozo de mi ser se irá quedando allí. Enamorado. Enamorándose.

A cada paso... Otra vez solos tú y yo, compañera de siempre. Paso a paso. Hasta donde lleguemos. Tú, otra vez llena de mis sueños y de todas las almas que conforman el camino de mi vida. Yo, otra vez vacío. Para mirarlo todo, para descubrirlo todo, para sorprenderme con todo, como si fuera la primera vez...

Compañera de Camino

Compañera de Camino...

Durante cada paso de los miles de pasos que hemos dado, al compás y al descompás de nuestros pasos, tú delante, yo detrás, tú detrás, yo delante, uno junto al otro, codo con codo, palmo a palmo, centímetro a centímetro... "¿Vas bien? Sí, voy bien"... "¿Y tú vas bien? Sí, sí, voy bien"...

Durante cada instante de descanso y de cansancio, durante cada instante de doce días multiplicados por todos sus segundos, uno a uno, compañera de Camino, compañera de una realidad que empezamos a soñar mucho tiempo atrás...

No solo has sido. También has estado. A las duras y a las maduras. Para la risa y para el llanto. Y para saber que hay llantos que precisan un poquito de espacio íntimo, de soledad querida y requerida, llantos que solo es posible llorarlos solos. Otros, sin embargo, precisan del abrazo hondo, profundo, inmenso... Ha sido precioso llorar contigo... Y reír contigo...

Un Camino de dos... Y cada cual, un Camino...

No podíamos entrar en el Obradoiro de otra forma que cogidos de la mano... Como si fuéramos uno... En ese momento, solo podíamos ser uno, compañera... Solo uno... Un abrazo hondo, profundo, inmenso... Unitivo... Y en él, el abrazo de todos aquellos que nos quieren y a quienes queremos...

Ni te puedes imaginar cuánto me has enseñado, cuánto me has ayudado... "¿Vas bien? Sí, sí, voy bien"...

Solo puedo decirte gracias y que te quiero.

Tú ya sabes cuánto y cómo te quiero, compañera de Camino...