Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Compostela diciéndome adiós

https://www.instagram.com/p/CdP7eeZMXmC/
(Fotografía.- Noel Feáns)
Así me topé con el regalo de esa Compostela que creí definitivamente arrebatada por el amanecer y que volvía a aparecer ante mis ojos como nunca antes la había visto, casi en tinieblas porque el propio sol cegaba mi mirada. Una Compostela de la que me alejaba en vez de acercarme y que me decía adiós a cuatro voces, una por cada torre de su Catedral.

En ese momento, la sentí como madre que dice adiós desde el balcón y le pide a su niño que no tarde en volver, bendiciendo, en su sonrisa, el que el niño se vaya de paseo con su novia. Sentí que Compostela me Entregaba al Camino, como si diera el visto bueno a aquella relación que la relegaba a otro plano del Amor, sin perder el suyo. Tanto que el Camino me había llevado hasta Compostela, aquel día Compostela me llevaba hasta el Camino.

A pesar de recorrer sus calles esa misma mañana, a pesar de haberme detenido en el Obradoiro, a pesar de haberme topado en el carballal de San Lorenzo con el primer mojón jacobeo que indicaba los kilómetros que quedaban a Fisterra y a Muxía, hasta que no vi a Compostela en la distancia, cegado por el sol, diciéndome adiós, diciéndole adiós, no entendí que era justo allí donde el Camino y yo nos cogíamos por vez primera de la mano, como dos locos enamorados.

Y justo allí, el Camino empezó a hacer conmigo lo que quiso. Se desnudó, me desnudó, me dejó sin aliento... Y me llevó hasta el Mar...

Una cruz en cada fin del mundo


Siempre hay una cruz
en cada fin del mundo,
que separa el más allá
del más acá.

En el mar
acaba la tierra.
Allí donde las huellas
se convierten en estelas.

"Caminante,
no hay camino,
sino estelas en la mar".

Peregrino,
es hora de volver
al Camino de la Vida.

En la cruz
de cada fin del mundo
comienza
el Verdadero Camino.

Junto al mar,
siempre junto al mar.

Por supuesto, hubo una cruz en mi fin del mundo, junto al mar. Me senté, a los pies de la cruz, a contemplarlo. Dejé que el viento, que golpeaba fuerte, me secara las lágrimas. Llamé a casa, para decir que habíamos llegado. Sentí que el Camino-Mujer me besaba en la boca y se bebía mi Alma y que después me la devolvía junto a la Suya propia. Y que se iba, que se iba, diciéndome adiós... Evaporándose con las nubes y con el mar... Se iba... Nunca antes había Sentido tanto que se acababa el Camino, que esa era la meta de esta vez, que el siguiente paso ya no iba a ser un paso peregrino...

(Muxía. 2/3/2017)

Todo mi Camino se volvió Mar

Y en este justo instante, Todo mi Camino se volvió Mar...

Apareció de repente, con toda la rabiosa rebeldía del Atlántico. El mismo Océano que abraza a la trimilenaria ciudad de mis sueños, en la otra vertiente, en su otra orilla, en el otro lugar donde la tierra se acaba: el fin de la tierra. Finisterre. Fisterra.

Así fue mi primer Encuentro con el Mar. Tan gris como el cielo, ambos fundidos, hasta hacer imposible saber dónde acababa uno y empezaba el otro. Tan estrechamente enlazados que parecía que el propio Mar levitaba hasta alcanzar una altura imposible.

Lola me preguntó: "¿Como huele? ¿Es distinto a nuestro mar?". Y yo le respondí: "Es el otro lado de nuestro mismo Atlántico". No le dije que olía a Libertad. No le dije que su "otro lado", el que yo estaba viendo, era bravío, luchador, varonil. Que en el "nuestro", sin embargo, era dulce, sutil, sensual, femenino. No le dije que en nuestro lado, este Mar, guerrero y valiente, se convierte en La Mar y tiene aroma de Mujer. De Mujer Libre.

(Fisterra. Camino a Fisterra y Muxía. 28/2/2017)

Aún queda Camino

Lluvia y viento, compañeros de soledades peregrinas. Pasos que no suenan sobre asfalto. Cielo plomizo. Cuerpo cansado. Alma despierta. Mirada baja para evitar que las lentes se empañen. Pensamientos grises como el día recién amanecido. Siempre por delante marchan los dos peregrinos con los que compartí cena y albergue. No me apetece compartir Camino, sin embargo. Un refresco en Olveiroa y ralentizo mis pasos para irme alejando nuevamente. En Logoso, ellos continúan. Yo me quedo, alimentando la esperanza de encontrar cama. Y la encuentro. También mesa y mantel. Y la amabilidad de una mujer desvivida con el peregrino. Las cosas del Camino. La gente del Camino.

Protesta el cuerpo que aún no se acostumbró al esfuerzo. Protesta la razón, siempre rebelde. El alma calla, sabedora de que siempre acabarán triunfando sus latidos.

Tres días para ser Mar junto al Mar. Aún queda Camino...

(En O Logoso. Camino a Fisterra y Muxía. 27/2/2017)

Todo en medio de nada


Lluvia fina, persistente, suave. Parece que no moja pero empapa el Alma. Bruma, cielo gris que atrapa la tierra, la besa, la posee. Mil tonos de verdes en prados y bosques. Arena y asfalto. Subidas y bajadas. Corazón desbocado. Camino que serpea, caprichosamente, a izquierda y derecha, monte arriba, monte abajo. Dos cruceiros, dos ermitas, dos hórreos. Y el punto y aparte en Santa Mariña. Albergue e iglesia. Todo en medio de nada.

Dejó de llover por la tarde. Todo al revés. Erróneos augurios. Cierro los ojos y me dejo abrigar por el calor de la leña ardiendo en la chimenea...

(Santa Mariña de Maroñas. Camino a Fisterra y Muxía. 26/2/2017)

Compostela me llevó hasta el Camino

Así me topé con el regalo de esa Compostela que creí definitivamente arrebatada por el amanecer y que volvía a aparecer ante mis ojos como nunca antes la había visto, casi en tinieblas porque el propio sol cegaba mi mirada. Una Compostela de la que me alejaba en vez de acercarme y que me decía adiós a cuatro voces, una por cada torre de su Catedral. En ese momento, la Sentí como Madre que dice adiós desde el balcón y le pide a su niño que no tarde en volver, bendiciendo, en su sonrisa, el que el niño se vaya de paseo con su novia. Sentí que Compostela me Entregaba al Camino, como si diera el visto bueno a aquella relación que la relegaba a otro plano del Amor, sin perder el suyo. Tanto que el Camino me había llevado hasta Compostela, aquel día Compostela me llevaba hasta el Camino. A pesar de recorrer sus calles esa misma mañana, a pesar de haberme detenido en el Obradoiro, a pesar de haberle hecho una foto a mis botas sobre la placa en el suelo que reconoce al Camino de Santiago como Itinerario Cultural Europeo, a pesar de haberme topado en el carballal de San Lorenzo con el primer mojón que indicaba que quedaban 88,139 km. a Fisterra y 86,337 Km. a Muxía, por aquello de la bifurcación de caminos en la aldea de Hospital, hasta que no vi a Compostela cegado por el sol, diciéndome adiós, diciéndole adiós, no entendí que era justo allí donde el Camino y yo nos cogíamos por vez primera de la mano, como dos locos enamorados. Y justo allí, el Camino empezó a hacer conmigo lo que quiso. Se desnudó, me desnudó, me dejó sin aliento, me llevó hasta el Mar, me alejó de él...

(Sarela da Baixo. Camino a Fisterra y Muxía. 25/2/2017)

De repente el mar

"Y de repente el mar: la rabiosa rebeldía del Atlántico henchía sus oídos" (Clarice Lispector)

(Fotografía.- Sergi Hernández)

Allá es aquí dentro de un tiempo

(Fotografía: https://www.instagram.com/p/BaccAHvAqho/)






"No he llegado al extremo del mundo. Ahora debería andar sobre las aguas, surfear sin fin, siempre al oeste, hasta alcanzar de nuevo Roncesvalles. Y aprender que allá es aquí dentro de un tiempo" (Emilio Pedro Gómez)

El final se ha vuelto principio

Finales que son un principio...

Tantas veces llegué, por todas las sendas que desembocan en la Gloria del Apóstol, finales del Camino en Compostela, con la mirada perdida en la inmensidad de dos torres y el Alma latiendo todos los sueños que se hicieron realidad. Y el Alma siempre esperando el Abrazo con el que todo termina para empezar de nuevo.

Y ahora, el final se ha vuelto principio, kilómetro cero de los siguientes pasos al Encuentro del Todo donde me hago Todo sin dejar de ser Nadie. La misma plaza, las mismas torres, el mismo cielo azul de todos los veranos hechos invierno. El mismo Abrazo con el que todo empieza de nuevo.

Voy al Mar desde el Mar. Desde mi Atlántico a mi Atlántico. Desde la "Finis Terrae" del Sur -y allí se puso el "Non Plus Ultra"- a la "Finis Terrae" del Norte. Más allá del Mar, solo habrá Horizonte. Más acá del Mar, mi Yo más Verdadero. Y otro Abrazo. Y otras dos torres que besan el cielo junto al mar. "Mar de Muxia / que en su barca de piedra / me llevaría".

Está preciosa esta nueva Compostela del principio. Más desnuda que nunca y seductora.

Voy a perderme en ella antes de que el amanecer me la arrebate.

Porque, entonces, cuando amanezca, ya solo seré parte del Camino...

(Santiago de Compostela, 24/2/2017)

Mar de Muxía

(Fotografía: T. Muriel)



Quién pudiera andar
sobre las aguas verdes
de este mar.

Y por el aire gris
quién pudiera, mar grande,
dejarse ir.

Mar de Muxía
que en su barca de piedra
me llevaría.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE