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| (Fotografía.- Alessio Tomasella) |
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Baja siempre despacio, peregrino
Otoño a pinceladas
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLM44kmD9eM/) |
Esa explosión de colores
del otoño dibujándose
en los árboles,
alfombrando el sendero,
como haciendo florecer
una segunda primavera,
ofrenda de hojas
a los pies del peregrino.
Otoño a pinceladas
de ocres y rojos,
como un incendio sin llamas,
abrasándolo todo.
Abrazándolo todo.
Asomado al otoño
El Camino otoñea en sus hojas caídas como ofrenda amorosa a los pies del peregrino, alfombrando el sendero, haciendo florecer una segunda primavera. El paisaje sobrevive en el amable verde asomado al otoño.
Entre la bruma del sueño
Allí regresas, en los sueños repetidos de las noches donde te buscas y te encuentras, allí, allí donde llegaste con los pies heridos y el alma cosida a costurones, rehecha, latiéndote el pulso en las sienes, en la piel, en todos los sentidos que van más allá de los sentidos. Allí vuelves, en ese viaje peregrino que rompe la rutina y los vacíos, los ecos sordos de la ciudad, el camino sin rumbo de lo cotidiano. Y allí estás, entre la bruma del sueño, contemplando una vez más el infinito entre dos torres.
Despiertas. La niebla se disipa. Regresas a la vida.
Al alma peregrina se le suelta una costura.
Cae la lluvia
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| (Fotografía.- Eduardo Abad) |
Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.
Serenamente
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| (Fotografía.- Gloria Vázquez Ferrón) |
Preciso respirar y llenar los pulmones de aire nuevo, recobrar el aliento tras el desaliento de la cuesta, descalzarme y dejar a la intemperie los pies hinchados y doloridos, cerrar los ojos, vaciar la mente, llenar el alma... De paz... De silencios...
Silencio.
Para escuchar cómo mis latidos se acompasan.
Serenamente.
Serena mente.
Abrazándolo todo
Esa explosión de colores del otoño dibujándose en los árboles, alfombrando el sendero, como haciendo florecer una segunda primavera, ofrenda de hojas a los pies del peregrino. Otoño a pinceladas de ocres y rojos, como un incendio sin llamas, abrasándolo todo. Abrazándolo todo.
Ese paréntesis de tiempo detenido
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| (Fotografía.- Xoan A. Soler) |
Ya los ojos lo miraron todo, los pies lo anduvieron todo, el corazón –ay, el corazón- lo palpitó todo. El Camino que fue se convirtió en recuerdo. El Camino que será ni siquiera empezó a soñarse. En ese presente, sin pasado ni futuro, la mirada se pierde, los pies se descalzan, el corazón –ay, el corazón- recobra sus pulsos.
Ese paréntesis del tiempo detenido. Esa pequeña y dulce muerte antes de regresar al camino de la Vida. Esa plenitud del vacío. Ese infinito entre dos torres. Ese sueño acabado. Ese sueño que empieza. Esos puntos suspensivos del alma. Esa locura de saberte para siempre peregrino.
Venciendo el cansancio
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| (Fotografía.-Javier Yarnoz Sánchez) |
Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el
cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos
que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus
músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa
y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.
No te apresures en seguir andando. Deja que el alma
llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido
hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio
cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu
cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.
Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta
todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste.
Siempre venciste. A pesar del cansancio.
El próximo lo tienes al alcance de la vista.
Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen.
Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena
seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila.
Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.
Como siempre que sigues andando, a la conquista del
próximo horizonte.
Un alto en el Camino
buscada y requerida,
los pies descalzos,
liberados del ardor
de la larga travesía,
la espalda
sin mochila compañera,
el cuerpo detenido,
el alma
recobrando pulsaciones.
La mirada
tal vez absorta en un recuerdo
o en un presagio
que anticipa lugares y
distancias.
Aunque sabe el peregrino
que, después, sus pasos
serán guiados por la magia,
por las huellas de otros
peregrinos,
por el sol que acompaña y que
calienta,
por el faro de las flechas
amarillas.
Un alto en el Camino.
Siempre necesario
para seguir andando.
Con las botas cobijando
los pies reconfortados.
Con la mochila compañera
en la espalda.
Con el alma
desbocándose a cada paso.
Mi sombra en el Camino
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| (Fotografía.- Mario De Pinho Queiroz) |
La sombra va delante, siempre inalcanzable, bocetando la silueta de otro-yo que soy yo mismo. Se convierte en guía para los pasos certeros y para los equivocados. Punta de flecha que no se pinta y que solo marca el camino a quien la sombra pertenece.
La sombra sobre el Camino. En el Camino. Fundida con el Camino. Formando parte de él. El Camino es asfalto, arena, piedra, fango... Y sombra.
Se alarga mi sombra en los amaneceres del Camino.
Y en mi sombra, el Camino y yo nos hacemos uno. Inseparables. Indisolubles.
Y cae y cae la lluvia
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| (Fotografía.- Michael Pitt) |
Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.
Descalzo
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| (Fotografía.- Manuel Brágimo) |
Caminas descalza
como si supieras de qué está hecho el mundo
y quisieras darle forma con la curva de tus pies,
bailándolo a tu antojo
como bailas mis días,
haciendo que al resto
se nos claven tus huellas...
ELVIRA SASTRE
Preludio de invierno
La primera nevada del otoño deja sobre el Camino aroma a invierno, huellas pasajeras que borrará el viento, la siguiente nevada o el sol renacido. Mientras tanto, caminamos dejando huellas sobre la nieve nueva, preludio de invierno. Y todo es crujido bajo los pies. Y en el alma peregrina que tirita los primeros fríos del otoño.
Esos puntos suspensivos del alma
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bwbj1b-AV0a/) |
Esos puntos suspensivos del alma,
ese paréntesis del tiempo detenido,
ese cuerpo vencido
sobre el suelo y bajo el cielo
del Obradoiro,
ese estar,
ese Ser,
ese epílogo con vocación de prólogo,
ese final preludiando otro principio…
Ya los ojos lo miraron todo,
los pies lo anduvieron todo,
el corazón –ay, el corazón-
lo palpitó todo.
El Camino que fue
se convirtió en recuerdo.
El Camino que será
ni siquiera empezó a soñarse.
En ese presente,
sin pasado ni futuro,
la mirada se pierde,
los pies se descalzan,
el corazón –ay, el corazón-
recobra sus pulsos.
Ese paréntesis del tiempo detenido.
Esa pequeña y dulce muerte
antes de regresar al camino de la Vida.
Esa plenitud del vacío.
Ese infinito entre dos torres.
Ese sueño acabado.
Ese sueño que empieza.
Esos puntos suspensivos del alma.
Esa locura de saberte
para siempre peregrino.
El crujir del blanco
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJ6moOaDXYH/) |
apenas si podías inclinarte
para tocar la nieve
desconocías el secreto
de tanta luz agolpada
no sentías el frío
bajo tus pies sólo el crujir del blanco
su transparencia
eras feliz
ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO
Un horizonte por alcanzar
"Prefería sentirse por un instante pájaro libre cruzando la vida, sin dolores pendientes. Con el verde a sus pies, el azul sobre sus hombros y un horizonte infinito por alcanzar" (Ángela Becerra)
Serenamente
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| (Fotografía.- Fer Robledo) |
Una parada,
un descanso necesario...
Preciso respirar
y llenar los pulmones
de aire nuevo,
recobrar el aliento
tras el desaliento
de la cuesta,
descalzarme
y dejar a la intemperie
los pies hinchados
y doloridos,
cerrar los ojos,
vaciar la mente,
llenar el alma...
De paz...
De silencios...
Silencio.
Para escuchar
cómo mis latidos
se acompasan.
Serenamente.
Serena
mente.
Con los ojos cerrados y el alma despierta
Ahora que había llegado,
echaba la vista atrás
y el inicio le parecía
muy lejano.
Porque el primer paso
quedaba muy atrás
en el tiempo.
El primer paso.
Sonrió al recordarlo.
La noche casi a punto de ser vencida,
el frío inevitable de un amanecer
intuyéndose en el cielo violeta,
la calle desierta.
Y el corazón palpitante,
como ahora,
retumbando en las fachadas de las casas,
en aquel callejón donde iniciaba su aventura.
El primer paso.
¿Cuántos habría dado hasta llegar allí?
¿Cuántos miles de pasos
habrían conformado su Camino?
Su mente divagaba,
sin apartar su mirada
de la inmensidad arquitectónica
de la Catedral.
El cuerpo vencido,
los pies descalzos,
la cabeza apoyada en la mochila.
Entonces,
se dio cuenta que lloraba.
Y cerró los ojos.
Con los ojos cerrados
y el alma despierta,
dibujó en su mente
la película completa
de un Camino inacabable.
Porque aquella meta del Obradoiro
no era más que el principio de un Camino
con comienzo pero sin fin.
Pensó en lo infinito,
en lo eterno,
en lo inabarcable de lo inacabable.
Y se sintió pequeño
en aquella inmensidad
de un tiempo sin tiempo.
Para siempre peregrinos
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| (Fotografía.- Anna Mauri) |
Cada paso que dimos por los mismos senderos, por el mismo Camino que nos fue haciendo uno, sin dejar cada uno de hacer su Camino, nos hizo llegar al mismo destino, a ese punto y aparte de un final que es principio, a ese punto y seguido que preludia otra historia de pies caminantes por nuevos senderos.
Hasta que el Camino nos vuelva a juntar, moved, moved los pies por la ruta inacabada de la vida. Que el Camino nos ha hecho para siempre peregrinos...
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