Desciende el Camino, abrupta, casi dolorosamente, como un tobogán donde el alma se dejara caer definitivamente, paso a paso, amortiguando sus pisadas para evitar lesiones y torceduras. Se estrecha la senda, como si el Camino quisiera atraparla entre sus paredes de piedra. Y la atrapa, enredándola en sus enredaderas, haciéndola suya... Suya... Y sucumbe el alma peregrina mientras baja, paso a paso, lentamente, haciéndose Camino en el Camino, al encuentro final de un puente sobre un río...
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Búsqueda y encuentro
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CbqKGT0MD-L/) |
El Camino: esa búsqueda y ese encuentro con uno mismo.
Buscando lo sagrado
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| (Fotografía.- clauditichi) |
El Camino parte del Alma que es tabernáculo del Ser. Peregrinar es ir desde el Alma a la Vida, buscando trascender, que es el Encuentro con el yo más verdadero.
Podrá concebirse el Camino de muchas maneras, tantas como personas lo realizan. Pero si se le despoja de lo espiritual, el Camino se convierte en otra senda como tantas. Cada cual concibe ser peregrino como cree, pero sin búsqueda, sin sacralidad, sin trascendencia, sin mística, el peregrino se convierte tan solo en caminante.
Sin contemplación de la Belleza, sin admiración de Lo Creado, sin descubrimiento del Todo del que forma parte, el peregrino no es más que alguien que camina, sin más meta que una ciudad, una plaza y una iglesia.
Al peregrino, el Camino se le enreda en el Alma, de donde parte, y le transforma la Vida, a la que llega. Cada paso sacraliza su Camino, más allá de creencias o descreencias, de plenitudes o vacíos de fe. Y, al final, es capaz de descubrir lo esencial, de contemplar y admirar todo aquello que es invisible a los ojos.
Algunos le llaman Dios.
Lo de menos es el nombre…
Hasta tanto volvamos a encontrarnos
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C4aR5r5sw0_/) |
Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos,
que el viento sople siempre a tus espaldas,
que el sol brille cálido sobre tu cara,
que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos
y, hasta tanto volvamos a encontrarnos,
que Dios te lleve en la palma de su mano.
(Antigua bendición irlandesa)
Amo el Camino
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| (Fotografía.- Marco Cuda) |
Así que, a cada paso que doy, estoy Amando. Estoy Amando al Camino en sí mismo, estoy Amando mi Armonía con el Todo. Cielo, tierra, aire, río, árbol, piedra, sol, luna, nubes, lluvia,... Huellas de Dios, el Todo Amor. Cada dimensión del Camino es una dimensión del Amor. "Siempre que la belleza mira, el amor está allí", escribió Rumi. Yo, en el Camino, me siento mirado por la Belleza. No solo es que yo la contemple y admire, es que me siento mirado por Ella.
Y, cuando me mira, allí está el Amor. Amándome.
En la Soledad está tu esencia
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cp0heUQMaY4/) |
Soledad-compañera
que contigo camina
abrazándote el alma peregrina,
amante verdadera
que, a solas, te desnuda
para el íntimo Encuentro.
Tú, buscándote. Adentro.
Allí donde se anuda
el Ser al Infinito,
el abismo al espacio.
Contigo, va. Camina despacio.
Rompe tu silencio con su grito
que todo lo silencia
mientras te vuelves Camino.
Todo tú eres Camino, peregrino.
Y en esa Soledad está tu Esencia.
El sentido del encuentro
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| (Fotografía.- Max Maximov) |
"Lo que da verdadero sentido al encuentro es la búsqueda, y es preciso caminar mucho para alcanzar lo que está cerca” (José Saramago)
Te pierdes o te encuentras
Te adentras, poco a poco, en la meseta castellana, ruda, árida, de caminos interminablemente rectos, altos de pendientes pronunciadas, lugares aparecidos como por arte de magia y horizontes tan lejanos que parecen inalcanzables. Pocas cosas se viven tan intensamente en el Camino como los días en la meseta burgalesa y palentina. Desde los desérticos y fantasmagóricos pueblos de adobe, donde puedes oír el eco de tus propias pisadas, a las dos decenas de kilómetros de un único y monótono paisaje, sin curvas, sin subidas ni bajadas, sin casas, sin árboles, sin nadie en las lontananzas de los cuatro puntos cardinales, sin ningún lugar donde detenerse. Solo tú contigo mismo. Y ahí no hay término medio: o te pierdes o te encuentras. Recorrer la meseta castellana a pie y sólo me parece una experiencia vital profundamente enriquecedora.
La búsqueda y el encuentro
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| (Fotografía.- Salvo Illigge) |
Caminante, viajero, ¿te has perdido?
Nadie que busque bien
puede encontrarse nunca.
¿No será la intemperie
una forma de abrir todas las puertas?
LORENZO OLIVÁN
La búsqueda de lo sagrado
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El Camino parte del Alma que es tabernáculo del Ser. Peregrinar es ir desde el Alma a la Vida, buscando trascender, que es el Encuentro con el yo más verdadero.
Podrá concebirse el Camino de muchas maneras, tantas como personas lo realizan. Pero si se le despoja de lo espiritual, el Camino se convierte en otra senda como tantas. Cada cual concibe ser peregrino como cree, pero sin búsqueda, sin sacralidad, sin trascendencia, sin mística, el peregrino se convierte tan solo en caminante.
Sin contemplación de la Belleza, sin admiración de Lo Creado, sin descubrimiento del Todo del que forma parte, el peregrino no es más que alguien que camina, sin más meta que una ciudad, una plaza y una iglesia.
Al peregrino, el Camino se le enreda en el Alma, de donde parte, y le transforma la Vida, a la que llega. Cada paso sacraliza su Camino, más allá de creencias o descreencias, de plenitudes o vacíos de fe. Y, al final, es capaz de descubrir lo esencial, de contemplar y admirar todo aquello que es invisible a los ojos.
Algunos le llaman Dios.
Lo de menos es el nombre…
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Ce6D9VBMJki/)
Diez años después
Aquel inolvidable 14 de septiembre, en que llegué por primera vez a Compostela. Grabada a fuego la fecha porque, de alguna manera, también celebro hoy un especial aniversario de Vida. Porque, en mi vida, en mi Ser, en todo lo que soy y lo que siento, hay un antes y un después de aquel 14 de septiembre.
El Camino -aquellos primeros doscientos y pico de kilómetros en el Camino- me había dejado visibles huellas en el cuerpo. Conté hasta seis ampollas en los pies -mi elección de zapatos no había sido desde luego la mejor- y una dolorosísima erupción en ambas piernas, que me trajo por la calle de la amargura desde prácticamente el segundo día. Pero, sobre todo, el Camino me había marcado el alma para siempre. Las ampollas se acaban secando y curando hasta que desaparecen. Pero las marcas del alma jamás se borran.
Al Camino fui con toda mi debilidad exterior e interior. Antes de partir, me preguntaba constantemente si realmente podría. Interiormente, me encontraba bastante desorientado y vacío. Espiritualmente vacío, podríamos decir, más allá de creencias y descreencias. Los miedos interiores eran aún mayores que los miedos exteriores. Solo había algo que conseguía calmarlos: la tremenda, la infinita ilusión que tenía por cumplir ese sueño, madurado desde muchos años atrás, de peregrinar hasta Santiago.
Y allí estaba, aquel 14 de septiembre, en Compostela, en el Obradoiro, delante de la Catedral, a la que llegué sólo como sólo empecé y anduve casi todo el Camino, más allá de los encuentros con gente maravillosísima de las que aún conservo el recuerdo inolvidable.
Porque si algo tuve claro también desde el principio, es que a Santiago iría sólo. No pensaba en la primera vez porque jamás pensé que pudiera haber más veces. Ni por la cabeza se me podía pasar que pudiera haber más veces. Así que la peregrinación, la única posible e imaginable por entonces, tenía que ser necesariamente sólo. Pero el primer pensamiento medianamente claro que tuve al llegar fue ese: "Volveré". Y allá que he vuelto, muchas veces ya, sólo o acompañado. Y siempre, al llegar, a donde fuera, a la propia Compostela o a cada una de las "pequeñas compostelas" que han servido de punto y seguido en mi Camino -porque sigue siendo mi Camino, uno solo, lo que hago siempre es volver para continuarlo, por aquí, por allá, porque es tan infinito que no tiene ni un principio ni un final determinado- he tenido el mismo pensamiento: "Volveré".
Y aquí estoy, en este 14 de septiembre de diez años después, anhelando eso mismo: volver. A reencontrarme con mi Yo más verdadero, capaz de vencer todas las dificultades, aceptándolas primero y afrontándolas después, espiritualmente pleno, más allá de las creencias y las descreencias. Con mi Yo-esencial, donde lo físico, sinceramente, importa poco más allá de saber cuál es la medida de mis posibilidades y no excederme jamás de esa medida que lleva a andar siempre despacio -el Camino, el mío al menos, no está hecho para andar deprisa-, y descansar siempre que sea preciso recobrar el aliento. Lo realmente trascendente es la Esencia, lo que verdaderamente Somos bajo la piel y la apariencia externa. El Camino me dejó el alma completamente desnuda y a la intemperie. Y así fue como empecé a Encontrarme a mí mismo y conmigo mismo y a Sentirme parte de un Todo al que pertenecía y que, a la vez, me pertenecía. Y así fue como descubrí que era posible experimentar la Plenitud de la Magia en comunión con la Naturaleza: mi propio concepto de Dios.
Y por eso vuelvo: para seguir Buscando. Para seguir Encontrando. Para llenar vacíos. Para vaciarme de todo aquello que me pesa en el camino de la Vida. Porque el Camino es un bálsamo. Y un aprendizaje. Y una Necesidad de Ser y de Estar.
Porque el gran reto del peregrino, mi gran reto de cada día, no es descubrir que el Camino es una metáfora de la vida, sino empezar a concebir la vida como una metáfora del Camino...
Encontrarse fuera del tiempo y del mundo
“El Camino es una forma de encontrarse fuera del tiempo y del mundo, en un hermoso equilibrio entre el exterior e interior. Después de llegar a Santiago de Compostela, se puede descubrir con asombro que, aunque el destino es importante, lo más provechoso fue el propio camino”.
Búsqueda y encuentro
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| (Fotografía.- UltreiaLM) |
El Camino: esa búsqueda y ese encuentro con uno mismo.
Amo el Camino
Yo Amo el Camino. Lo Amo. Me sobrecoge, me hipnotiza, me estremece, me emociona, me machaca, me tortura, me desnuda, me besa, me posee, me deja sin palabras, me arranca lágrimas de lo más profundo de mis adentros, juega conmigo, me lleva al límite, tan al límite que, a veces, he tenido la sensación de que me deja en las fronteras mismas de odiarlo y es, entonces, cuando más siento que lo Amo. Odiarlo, no porque sí, sino porque, a veces, me hace plantearme si el Camino, realmente, me está regalando Libertad o me la está condicionando, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Libre, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Yo. Si solo en el Camino es posible la Plenitud de mi Ser. Pero en ese límite, en esas fronteras, he Sentido muchas veces que, en realidad, el Camino no existe sin mí, no es posible sin mí, me pertenece como yo le pertenezco. Que el Camino no es lo que aparece en las guías, claro que no. Que el Camino es, sobre todo, el Encuentro con mi propia Armonía. Y, entonces, Siento que lo Amo más que nunca.
Así que, a cada paso que doy, estoy Amando. Estoy Amando al Camino en sí mismo, estoy Amando mi Armonía con el Todo. Cielo, tierra, aire, río, árbol, piedra, sol, luna, nubes, lluvia,... Huellas de Dios, el Todo Amor. Cada dimensión del Camino es una dimensión del Amor. "Siempre que la belleza mira, el amor está allí", escribió Rumi. Yo, en el Camino, me siento mirado por la Belleza. No solo es que yo la contemple y admire, es que me siento mirado por Ella.
Y, cuando me mira, allí está el Amor. Amándome.
Y eso lo cambia todo
El cultivo de la auténtica espiritualidad no es una huida del mundo real; no es tampoco la adhesión a una confesión religiosa, a unas creencias o dogmas. Es la práctica que conduce nada menos que a experimentar y vivir lo que realmente somos. Por eso, sólo esta experiencia nos garantiza encontrar “nuestra casa”, hallarnos a nosotros mismos en aquel “lugar”, donde hacemos la experiencia de Unidad con todos y con todo, donde “todo está bien”. Únicamente ahí nos encontramos -más allá de nuestro "pequeño yo"- con nuestro verdadero Ser. Y eso lo cambia todo...
ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO
Buscando el encuentro
"El encuentro, solamente busco el encuentro con todo lo que me rodea. El encuentro con la belleza, y con la luz que emana del silencio" (Juan Ramón LLavorí Romatet)
Encontrar el camino
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4RMwNkgZMm/) |
“Todo el mundo tiene que encontrar el buen camino. No puedes verlo, pues es difícil de hallar. Nadie puede mostrártelo. Cada persona tiene que encontrar el camino por sí misma” (Charlie Knight)
Siempre nuevo, puente antiguo
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| (Fotografía.- Quinton Wall) |
eternizado, sin embargo,
en la historia de los siglos,
siempre nuevo a los ojos caminantes
que por primera vez te cruzan,
asombrados de tus piedras milenarias,
raídas por el tiempo
y siempre nuevas, sin embargo,
siempre nuevas.
en la historia de los siglos,
siempre nuevo a los ojos caminantes
que por primera vez te cruzan,
asombrados de tus piedras milenarias,
raídas por el tiempo
y siempre nuevas, sin embargo,
siempre nuevas.
Siempre nuevo, puente antiguo,
arqueado sobre un río
que atraviesa tu silencio por debajo
mientras calla el peregrino
que atraviesa tu silencio por arriba,
intuyendo, puente viejo,
que, al otro lado,
cuando haya acabado de cruzarte,
tendrá un nuevo encuentro
con la magia del Camino…
arqueado sobre un río
que atraviesa tu silencio por debajo
mientras calla el peregrino
que atraviesa tu silencio por arriba,
intuyendo, puente viejo,
que, al otro lado,
cuando haya acabado de cruzarte,
tendrá un nuevo encuentro
con la magia del Camino…
Buscando lo sagrado
El peregrino busca lo sagrado. No es
una catedral a donde llega sino al templo infinito de su Vida. No es un lugar
cualquiera del que parte sino del sacrosanto espacio de su Alma. Con Dios o sin
dios, pero sagrada.
El Camino parte del Alma que es tabernáculo del
Ser. Peregrinar es ir desde el Alma a la Vida, buscando trascender, que es el
Encuentro con el yo más verdadero.
Podrá concebirse el Camino de muchas maneras,
tantas como personas lo realizan. Pero si se le despoja de lo espiritual, el
Camino se convierte en otra senda como tantas. Cada cual concibe ser peregrino
como cree, pero sin búsqueda, sin sacralidad, sin trascendencia, sin mística,
el peregrino se convierte tan solo en caminante.
Sin contemplación de la Belleza, sin admiración de
Lo Creado, sin descubrimiento del Todo del que forma parte, el peregrino no es
más que alguien que camina, sin más meta que una ciudad, una plaza y una
iglesia.
Al peregrino, el Camino se le enreda en el Alma, de
donde parte, y le transforma la Vida, a la que llega. Cada paso sacraliza su
Camino, más allá de creencias o descreencias, de plenitudes o vacíos de fe. Y,
al final, es capaz de descubrir lo esencial, de contemplar y admirar todo
aquello que es invisible a los ojos.
Algunos le llaman Dios.
La nueva Compostela del principio
Tantas veces llegué,
por todas las sendas
que desembocan
en la Gloria del Apóstol,
finales del Camino en Compostela,
con la mirada perdida
en la inmensidad de dos torres
y el Alma latiendo
todos los sueños
que se hicieron realidad.
Y el Alma
siempre esperando el Abrazo
con el que todo termina
para empezar de nuevo.
Y ahora,
el final se ha vuelto principio,
kilómetro cero de los siguientes pasos
al Encuentro del Todo
donde me hago Todo
sin dejar de ser Nadie.
La misma plaza,
las mismas torres,
el mismo cielo azul de todos los veranos.
El mismo Abrazo
con el que todo empieza de nuevo.
Está preciosa
esta nueva Compostela
del principio.
Más desnuda que nunca
y seductora.
Voy a perderme en ella
antes de que el amanecer
me la arrebate.
Porque, entonces,
cuando amanezca,
ya solo seré parte del Camino...
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