Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Amo el Camino

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(Fotografía.- Marco Cuda)
Yo Amo el Camino. Lo Amo. Me sobrecoge, me hipnotiza, me estremece, me emociona, me machaca, me tortura, me desnuda, me besa, me posee, me deja sin palabras, me arranca lágrimas de lo más profundo de mis adentros, juega conmigo, me lleva al límite, tan al límite que, a veces, he tenido la sensación de que me deja en las fronteras mismas de odiarlo y es, entonces, cuando más siento que lo Amo. Odiarlo, no porque sí, sino porque, a veces, me hace plantearme si el Camino, realmente, me está regalando Libertad o me la está condicionando, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Libre, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Yo. Si solo en el Camino es posible la Plenitud de mi Ser. Pero en ese límite, en esas fronteras, he Sentido muchas veces que, en realidad, el Camino no existe sin mí, no es posible sin mí, me pertenece como yo le pertenezco. Que el Camino no es lo que aparece en las guías, claro que no. Que el Camino es, sobre todo, el Encuentro con mi propia Armonía. Y, entonces, Siento que lo Amo más que nunca.

Así que, a cada paso que doy, estoy Amando. Estoy Amando al Camino en sí mismo, estoy Amando mi Armonía con el Todo. Cielo, tierra, aire, río, árbol, piedra, sol, luna, nubes, lluvia,... Huellas de Dios, el Todo Amor. Cada dimensión del Camino es una dimensión del Amor. "Siempre que la belleza mira, el amor está allí", escribió Rumi. Yo, en el Camino, me siento mirado por la Belleza. No solo es que yo la contemple y admire, es que me siento mirado por Ella.

Y, cuando me mira, allí está el Amor. Amándome.

Si hablaran

https://www.instagram.com/p/Cz8E7T8Mrkq/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cz8E7T8Mrkq/)
Si hablaran, contarían historias de cielos que se nublan de repente, de largas carreteras que no acaban, de noches sin sueños conciliados y sus reconciliaciones, de vientos que empujan sin descanso, del barro enredándose en las suelas, de un banco de piedra en medio de la nada, de un árbol cuya sombra fue un oasis, de una aldea sin nombre o sin memoria, de una flecha perdida y encontrada, de un llanto de esos que se lloran desde adentro, del sol recién nacido en todos mis puntos cardinales, de la primera vez y la siguiente, de la última vez que fue preludio de otra historia, del dolor impronunciable, del eterno asombro en los ocasos, de la nieve besando mis rodillas y de Compostela desnuda entre mis brazos. Contarían los secretos confesables de millones de pasos peregrinos buscando eternidades que se esconden detrás de un horizonte.

Ay si hablaran...

Así te volviste peregrino

https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/)
Dejaste allí tus huellas. Y aunque las borrara el viento y otras huellas de otros caminantes, allí quedaron, volviéndose tierra en la tierra del Camino. Allí quedó tu abrazo al árbol centenario, como un surco invisible e imborrable en el tronco verdecido por el musgo. Allí quedó tu aliento fundiéndose en la niebla como si se besaran dos amantes. Y allí quedó tu piedra, sobre otras piedras, en el humilladero de una cruz desnuda. Y el roce de tus dedos dibujando en el cielo un horizonte.

Lo quieras o no, regresaste al hogar dejando en el Camino pedazos de tu alma. Y te trajiste en la mochila pedazos del alma del Camino. Así te volviste peregrino: desalmándote a pedazos, bendito loco enamorado que sueñas cada día con volver a los brazos de tu amante.

Dios-Camino

De la primera aurora a la última, la conquista de todos los horizontes. Porque caminar consiste en eso: en ir conquistando horizontes, día a día, paso a paso. Horizontes que se divisan desde la lejanía. Y horizontes que aparecen de improviso, como aparecieron las torres de Santiago, en la conquista del último horizonte. Como aparecieron las celestes aguas del embalse de As Portas. De repente. Como un oasis en mitad de todos los desiertos interiores. "Bendito sea Dios hecho agua, hecho tierra y hecho cielo, para ser contemplado con los ojos", musitó el alma peregrina, tan descreída a veces, al descubrir lo Invisible en lo Visible. Bendito sea el grito de Dios que es la obra sublime de la Naturaleza. Dios hecho agua, hecho tierra y hecho cielo, para ser contemplado con los ojos. Dios-niebla y Dios-nube, en la empinada ladera del monte Requeixada. Dios-valle en el valle del Támega. Dios-lluvia en la cruz sobre el monte Talariño, jalonada de anónimos rosarios -quién sabe las plegarias que se habrán desgranado, cuenta a cuenta, antes de quedar allí, besando la tosca madera de una cruz alzada, "los brazos en abrazo hacia la tierra / el ástil disparándose a los cielos", que cantara el poeta-. Dios-huella en las huellas peregrinas sobre la tierra. Dios-Silencio en la sublime contemplación del Monasterio de Santa María la Real de Oseira. Dios-árbol en la Carballeira de Trasfontao, dispuesto para el abrazo como quien abraza al mundo en un segundo para reconciliarse con la Madre Tierra. Dios-Camino todo el Camino. Dios-Horizonte en la conquista de cada horizonte.

(Camino Sanabrés. 2016)

Un rincón a la sombra

https://www.instagram.com/p/B4RUuYqKNrR/
(Fotografía.- Eva María González)


Descubrir
al borde del camino
un rincón
a la sombra de un gran árbol.
Detener
la marcha brevemente,
olvidar
los pasos incontables,
y el pesar
por lo que ha quedado atrás
y soñar
nuevos caminos y paisajes.

RAÚL FINLANDÉS

Desalmándote a pedazos

(Fotografía.- Sergio Saavedra)

Dejaste allí tus huellas.
Y aunque las borrara el viento
y otras huellas
de otros caminantes,
allí quedaron,
volviéndose tierra
en la tierra del Camino.
Allí quedó
tu abrazo al árbol centenario,
como un surco
invisible e imborrable
en el tronco verdecido
por el musgo.
Allí quedó tu aliento
fundiéndose en la niebla
como si se besaran
dos amantes.
Y allí quedó tu piedra,
sobre otras piedras,
en el humilladero
de una cruz desnuda.
Y el roce de tus dedos
dibujando en el cielo
un horizonte.
Lo quieras o no,
regresaste al hogar
dejando en el Camino
pedazos de tu alma.
Y te trajiste en la mochila
pedazos del alma del Camino.
Así te volviste peregrino:
desalmándote a pedazos,
bendito loco enamorado
que sueñas cada día
con volver a los brazos
de tu amante.

Qué limpia exactitud la de esta niebla

Qué limpia exactitud la de esta niebla,
el carruaje etéreo que en la aurora recorre
estos campos de luz recién llegada,
(...)
ficción de claridad sin concluir,
plata que será oro al mediodía.

Qué limpia exactitud, y qué inconstante,
qué fugaz esta niebla,
ala huidiza del sol, y tan sin rumbo:
ilusionista frágil que se esfuma,
qué disipada alquimia:
ya no está.

Y con qué precisión recobra el árbol
la arcadia de su sombra,
y con qué majestad
se disuelve en los montes el vacío.
(...)

Y qué claro el camino, 
y el agua en su fluir qué transparente.

Por el instante breve de una lágrima,
qué limpia exactitud tuvo esa niebla,
quimera en la mañana sin jinete;
qué limpio amanecer fue su venero;
metáfora de nada,
verdad y sinrazón del devenir,
desbocada quimera,
(...)
como un amanecer extenuado
de ser eternamente amanecer.

FELIPE BENÍTEZ REYES

(Fotografía: Nadia Gera.- https://www.instagram.com/p/BX8d7imgXDz/)

Si hablaran

Si hablaran,
contarían historias
de cielos que se nublan de repente,
de largas carreteras que no acaban,
de noches sin sueños conciliados
y sus reconciliaciones,
de vientos que empujan sin descanso,
del barro enredándose en las suelas,
de un banco de piedra
en medio de la nada,
de un árbol
cuya sombra fue un oasis,
de una aldea sin nombre o sin memoria,
de una flecha perdida y encontrada,
de un llanto
de esos que se lloran
desde adentro,
del sol recién nacido
en todos mis puntos cardinales,
de la primera vez y la siguiente,
de la última vez
que fue preludio de otra historia,
del dolor impronunciable,
del eterno asombro en los ocasos,
de la nieve besando mis rodillas
y de Compostela desnuda entre mis brazos.
Contarían los secretos confesables
de millones de pasos peregrinos
buscando eternidades que se esconden
detrás de un horizonte.

Abrazar un árbol


Abrazar un árbol es abrazar al mundo en un segundo.
Abrazas la vida de lo eterno y la sabiduría del silencio.

Abrazar un árbol, es entrar en la armonía
de sus profundas raíces
y sentir que tus pies están sembrados en la tierra
y que eres parte de ella.

Es descubrir los códigos secretos de nuestra esencia,
que están ocultos dentro de sus membranas,
y al igual que las notas en un pentagrama,
ella, la tierra, lleva toda la historia de la sinfonía de nuestra vida.

Abrazar un árbol, es entrar en contacto con el gran director de orquesta,
suaviza los sonidos agudos y mejora aquellos graves,
para armonizar cada nota con la vibración justa,
equilibrando todos tus mundos disonantes transformándolos en música.

Al Abrazar a un árbol, te reconcilias con la madre tierra,
ella te reconecta, sin palabras, abrazándote con su alma,
y devolverte la esencia divina a la que perteneces.

MARÍA EUGENIA PINAUD

(Fotografía.- http://elpaisquenuncaseacaba.blogspot.com.es/2012/05/camino-de-santiago-cuarta-etapa-sarria.html)

Hoy o mañana llegarás a Ítaca


Aún sin moverte,como estos árboles
hoy o mañana llegarás a Ítaca.

Está escrito en la palma de tu mano
como una raya que se ahonda,
día tras día.

Aunque te duermas, despertarás en Ítaca;
la lluvia de este valle, todo lo arrastra
despacio, hasta sus puertas.

EUGENIO MONTEJO

(Fotografía: Ana Morán.- https://www.flickr.com/photos/51434063@N08/9465832870)