Camina sin prisas. Contempla sin prisas. Detente a conversar. El Camino también es su gente, su buena gente, que "no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta". "Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan", como aquellas del poema machadiano. E invitan a soñar y a vivir cuando pasas. Después, al despedirte, te dirán: "Buen Camino". Que suena a bendición porque tal vez lo sea. Si les miras a los ojos, encontrarás en ellos lo sagrado. "Buen Camino, peregrino": la bendición más hermosa de quienes son parte esencial e inseparable del Camino.
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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La gente del Camino
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| (Fotografía.- Elia A. Brito) |
Camina sin prisas.
Contempla sin prisas.
Detente a conversar.
El Camino también es su gente,
su buena gente,
que "no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta".
"Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan",
como aquellas del poema machadiano.
E invitan a soñar
y a vivir
cuando pasas.
Después,
al despedirte,
te dirán: "Buen Camino".
Que suena a bendición
porque tal vez lo sea.
Si les miras a los ojos,
encontrarás en ellos lo sagrado.
"Buen Camino, peregrino":
la bendición más hermosa
de quienes son parte
esencial e inseparable
del Camino.
Encontrar el camino
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4RMwNkgZMm/) |
“Todo el mundo tiene que encontrar el buen camino. No puedes verlo, pues es difícil de hallar. Nadie puede mostrártelo. Cada persona tiene que encontrar el camino por sí misma” (Charlie Knight)
La gente del Camino
Camina sin prisas.
Contempla sin prisas.
Detente a conversar.
El Camino también es su gente,
su buena gente,
que "no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta".
"Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan",
como aquellas del poema machadiano.
E invitan a soñar
y a vivir
cuando pasas.
Después,
al despedirte,
te dirán: "Buen Camino".
Que suena a bendición
porque tal vez lo sea.
Si les miras a los ojos,
encontrarás en ellos lo sagrado.
"Buen Camino, peregrino":
la bendición más hermosa
de quienes son parte
esencial e inseparable
del Camino.
Encontrar el buen camino
“Todo el mundo tiene que encontrar el buen camino. No puedes verlo, pues es difícil de hallar. Nadie puede mostrártelo. Cada persona tiene que encontrar el camino por sí misma” (Charlie Knight)
(Fotografía: Jonathan Bola.- https://www.instagram.com/p/BPVif7njgEl/)
Páginas de un diario peregrino
Estoy cansado y feliz... Y más feliz que cansado... Mucho más feliz que cansado... Infinitamente más...
Ha sido una experiencia maravillosa, indefinible, única. Me quedan de heridas de guerra seis ampollas repartidas entre los dos pies y un ligero dolor de piernas que se acentúa por las noches. Unas y otro desaparecerán seguro en pocos días. Lo que no creo que cicatrice nunca es el jirón que el Camino ha abierto en mi alma. Un jirón de magia, profundo, intenso, enorme...
Quiero volver... Supe que quería volver desde el primer paso... E incluso antes de dar el primer paso...
Al llegar a Santiago, tres sentimientos se fundieron indisolublemente: la intensa emoción del logro conseguido, las ganas de regresar a casa y el deseo enorme de volver a empezar... Si en ese momento hubiera tenido en mi mano la posibilidad de viajar en el tiempo, me hubiera trasladado nueve días atrás a Ponferrada para dar otra vez el primer paso... Y todos y cada uno de los miles de pasos que he dado...
Dicen que el Camino está lleno de magia... Y es verdad... Pero es solo una verdad a medias... O una verdad no suficientemente matizada... Quienes estamos llenos de magia somos las personas... Lo que ocurre es que el Camino logra que toda esa magia aflore e inunde nuestro ser y nuestro espíritu...
La magia no está en el Camino, está en los caminantes... He visto a gente arrastrando los pies, apoyada en dos bastones, dando pasos a duras penas, con el rostro desencajado por el dolor de unas ampollas o de una tendinitis... Pero al pasar por el lado, la sonrisa y el saludo... "Buen Camino"... La sonrisa y el saludo, recibidos y entregados, por parte y parte... La solidaridad, el apoyo, la mano tendida... El don de lenguas de quienes consiguen hacerse entender con los ojos y con las sonrisas dibujadas en los labios...
He visto paisajes imposibles, nubes bajo mis pies, luna llena aliviando la inmensa oscuridad de un bosque antes de amanecer, toda la gama imaginable de verdes, plomizos grises del cielo encapotado, un río tan azul que no parecía un río... Nubes bajo mis pies, ¿te lo imaginas? Como estar por encima del cielo o en el cielo mismo... El amanecer de O Cebreiro puede ser el espectáculo más bello que jamás hayan visto mis ojos... Es la primera vez en mi vida que he llorado viendo amanecer... Daban ganas de tirarse de cabeza, como para sumergirse en ese mar de nubes...
En fin, vuelta a lo cotidiano, a los lunes de oficina, a eso que llamamos "normalidad"...
Nos lo dijimos, en una calle de Santiago, brindando por nuestras vidas con un vino de la tierra y con los ojos empeñados en lágrimas por la despedida, tres compañeros de Camino (llegué solo pero el Camino te va brindando compañeros a poco que empieces a recorrerlo): "El Camino empieza ahora"...
Y así es... El Camino ha empezado justo al llegar a Santiago...
(Cádiz, 19 de septiembre de 2011.- Cinco días antes, había llegado, por primera vez, a Santiago de Compostela)
Señales en el Camino
Señales en el Camino.
Una flecha amarilla
para marcar la dirección.
Un número
para señalar la distancia.
Y un deseo escrito
sobre azulejos.
BOM CAMINHO.
BUEN CAMINO.
(Tui. Camino Portugués)
La eterna navidad del Camino de Santiago
Como si fuera siempre Navidad, el Camino nos hace ser y sentirnos mejores, acrecienta en nosotros el espíritu de solidaridad y fraternidad con los otros, nos dibuja la sonrisa permanente y nos hace aflorar los buenos deseos. Buen Camino. Renacemos, nos reencontramos con nosotros mismos, miramos al interior del corazón y descubrimos que es posible albergar en él la paz y la esperanza.
La eterna navidad del Camino de Santiago. Llenando siempre de paz y de esperanza a los hombres y mujeres de buena voluntad que peregrinan.
Soñando el Camino
Recuerdos difusos de un Camino tan solo soñado. Veinte años atrás, tal vez alguno más. Veinte años diciéndome "algún día, algún día", con la esperanza mantenida por quien se sabe llamado. Llamado. ¿Qué me impulsó a ponerme en marcha? ¿Y qué me impidió, hasta entonces, ponerme en marcha?
Diez años atrás. Roncesvalles. Agosto. Una marabunta de peregrinos en los alrededores de la Colegiata. Allí se inicia. O allí lo inician muchos. El inicio. "Algún día, algún día". Ese, solo puedo ser lo que soy: un turista más visitando Roncesvalles. Me late fuerte el corazón. Contemplo, absorto, a los que llegan, a los que se van, a los que entran y salen del "Centro de Atención al Peregrino".
Vuelta a Pamplona en el coche, por la misma carretera que otros transitan andando, en la misma dirección. 790 kilómetros a Santiago de Compostela. La Cruz de los Peregrinos a la izquierda. Una señal indica que el Camino continúa a la derecha. Mi camino de ese día sigue al frente. Se intuye que el Camino de los peregrinos se adentrará en un bosque. "Algún día, algún día". Los peregrinos. ¿Cuándo se convierte uno en peregrino? ¿Puedes serlo, incluso, sin haberte puesto en marcha?
Señales en las carreteras de Navarra, de León, de Asturias, de Aragón, del País Vasco. Camino de Santiago. El símbolo de la concha peregrina. Siempre algunos peregrinos caminando por las secundarias del norte, en cada uno de mis descansos veraniegos allí pasados. La silueta de un peregrino dibujada. Bajo él, una flecha amarilla apuntando a la derecha. Mi camino era el Camino hasta que dejaba de serlo. Ahora el Camino sí es ya mi camino por completo.
Tras el cristal de la ventana de un autobús descubro y contemplo la primera flecha amarilla. Astorga. Las ocho y media de la mañana de un cinco de septiembre. En poco más de una hora, desciendo de ese mismo autobús. Estación de Ponferrada. Comienzo a andar con una mochila colgada a la espalda. Cruzando el puente sobre el río Sil, un anciano me mira fijamente y levantando su mano derecha en señal de saludo, me dice: "Buen Camino, peregrino".
Era el día. Había llegado el día.
Pero el Camino yo ya lo soñaba desde antes. Desde mucho tiempo antes...
El alma ya no sabe ser distinta
Dos veces llegué a Santiago. Tras doscientos diez kilómetros, la primera vez. Tras ciento veinte, la segunda. Lo de menos fueron los kilómetros andados porque, al llegar, sientes que es justo ahí donde empieza el Camino. Al llegar. El número de kilómetros tan solo es una cifra dependiente de un tiempo que dispones para detener el tiempo. Cuando acaba ese tiempo disponible, el tiempo detenido inexorablemente continúa su andadura de rutinas cotidianas. Pero allí, en ese kilómetro cero del Obradoiro, es cuando todo empieza sin final posible.
Allí comienza el sueño de volver a elegir el punto de salida, inconsciente de que lo están marcando, en ese justo instante, tus pies ardientes y la mirada perdida en ese horizonte infinito de la piedra catedralicia. El primer paso del nuevo Camino te acerca a Dios. Uno más. Y otro más. La escalera que asciende hasta el mismo pórtico de una gloria sentida en lo más profundo del alma. Y otro más. Y otro más. Más allá y más arriba, está Santiago. Ultreia et Suseia, Santiago.
Pasos que suben reclamando un abrazo. Y que bajan reclamando la oración arrodillada ante un sepulcro. Y sigue el Camino, paso a paso, al cotidiano instante en que queda guardada la mochila y uno vuelve a la camisa y los zapatos de vestir, al hogar, al trabajo, al día a día, al trayecto sin sonrisas y sin nadie que te desee "Buen Camino, peregrino".
Pero el alma ya no sabe ser distinta. Es decir, que una vez que el alma se supo distinta, ya no sabe volver a ser como siempre.
(Fotografía: Miguel Cabezas.- http://galeria.blipoint.es/miguelcabezasfotografias/arquitectura-architecture_4464/)
(Fotografía: Miguel Cabezas.- http://galeria.blipoint.es/miguelcabezasfotografias/arquitectura-architecture_4464/)
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