Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Ese paréntesis de tiempo detenido

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2023/02/07/perfil-peregrinos-camino-santiago-90-catolicos-48-motivos-espirituales-mayoria-gasta-80-euros-dia/00031675773137403319865.htm
(Fotografía.- Xoan A. Soler)
Esos puntos suspensivos del alma, ese paréntesis del tiempo detenido, ese cuerpo vencido sobre el suelo y bajo el cielo del Obradoiro, ese estar, ese Ser, ese epílogo con vocación de prólogo, ese final preludiando otro principio…

Ya los ojos lo miraron todo, los pies lo anduvieron todo, el corazón –ay, el corazón- lo palpitó todo. El Camino que fue se convirtió en recuerdo. El Camino que será ni siquiera empezó a soñarse. En ese presente, sin pasado ni futuro, la mirada se pierde, los pies se descalzan, el corazón –ay, el corazón- recobra sus pulsos.

Ese paréntesis del tiempo detenido. Esa pequeña y dulce muerte antes de regresar al camino de la Vida. Esa plenitud del vacío. Ese infinito entre dos torres. Ese sueño acabado. Ese sueño que empieza. Esos puntos suspensivos del alma. Esa locura de saberte para siempre peregrino.

Venciendo el cansancio

https://www.amigosdelcamino.com/informacion/hemeroteca/noticias/35-ganadores-del-concurso-fotografico-2016
(Fotografía.-Javier Yarnoz Sánchez)
Claman las voces del cuerpo vencido, quejidos que te afrentan, punzadas hirientes en los pies cansados del largo camino. Te retan, creyéndose siempre vencedores de un combate desigual contra tus ganas de alcanzar otro horizonte. Se apoderan de tu mente. Y de tu alma. Los cansancios del alma son más fuertes que los del cuerpo porque siempre desgastan en silencio.

Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.

No te apresures en seguir andando. Deja que el alma llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.

Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste. Siempre venciste. A pesar del cansancio.

El próximo lo tienes al alcance de la vista. Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen. Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila. Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.

Como siempre que sigues andando, a la conquista del próximo horizonte.

El vínculo con un paisaje




El vínculo más importante entre una persona y un paisaje no es que se haya estado en él, sino que él haya estado en ti.

KAORI O'CONNOR

Esos puntos suspensivos del alma

https://www.instagram.com/p/Bwbj1b-AV0a/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bwbj1b-AV0a/)

Esos puntos suspensivos del alma,
ese paréntesis del tiempo detenido,
ese cuerpo vencido
sobre el suelo y bajo el cielo
del Obradoiro,
ese estar,
ese Ser,
ese epílogo con vocación de prólogo,
ese final preludiando otro principio…

Ya los ojos lo miraron todo,
los pies lo anduvieron todo,
el corazón –ay, el corazón-
lo palpitó todo.

El Camino que fue
se convirtió en recuerdo.
El Camino que será
ni siquiera empezó a soñarse.
En ese presente,
sin pasado ni futuro,
la mirada se pierde,
los pies se descalzan,
el corazón –ay, el corazón-
recobra sus pulsos.

Ese paréntesis del tiempo detenido.
Esa pequeña y dulce muerte
antes de regresar al camino de la Vida.
Esa plenitud del vacío.
Ese infinito entre dos torres.
Ese sueño acabado.
Ese sueño que empieza.

Esos puntos suspensivos del alma.

Esa locura de saberte
para siempre peregrino.

Venciendo el cansancio


Claman las voces del cuerpo vencido, quejidos que te afrentan, punzadas hirientes en los pies cansados del largo camino. Te retan, creyéndose siempre vencedores de un combate desigual contra tus ganas de alcanzar otro horizonte. Se apoderan de tu mente. Y de tu alma. Los cansancios del alma son más fuertes que los del cuerpo porque siempre desgastan en silencio.

Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.

No te apresures en seguir andando. Deja que el alma llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.

Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste. Siempre venciste. A pesar del cansancio.

El próximo lo tienes al alcance de la vista. Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen. Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila. Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.

Como siempre que sigues andando, a la conquista del próximo horizonte.

(Fotografía: Lisa Merlot.- https://www.instagram.com/p/BnQHE6og7p8/)