Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Sigo tu rastro

https://www.instagram.com/aitzi_agirre_/
(Fotografía.- Itziar Agirre)

Sigo otros pasos -tus pasos- por el sendero nevado. Busco otras huellas -tus huellas- para seguir el camino. Están ahí, puedo verlas, puedo hundir mis botas dentro de tus huellas. Estamos solos. Mire donde mire, no hay nadie. Tú tampoco estás pero estás, sin embargo. Sigo tu rastro, te siento en cada paso sobre tus pasos, huella sobre huella. Hasta que el viento las borre. O los copos de nieve venideros. O tal vez las botas peregrinas de alguien que va siguiendo el rastro de mis huellas por el sendero nevado.

Mirar atrás

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CDo0zZ-gZYZ/)
De vez en cuando, mirar atrás resulta necesario para no olvidar de dónde venimos, para hacer recuento de aquellos horizontes conquistados e inventariar las sendas que pisamos porque, en todas ellas, quedaron marcadas las huellas propias de nuestros propios pasos.

De vez en cuando, mirar atrás resulta necesario para ver el paisaje que quedó a nuestra espalda, invisible a los ojos cuando andamos, tal vez la tormenta en lontananza, la niebla atravesada, el espasmo del bosque desde fuera, el viejo campanario haciéndose pequeño, el monte que bajamos que vuelve a parecer inmenso desde abajo.

De vez en cuando, conviene detenernos y sentir que todo el Camino recorrido nos pertenece porque nos fue haciendo suyos a cada paso.

Y entonces, mirar atrás siempre acaba resultando imprescindible.

Las huellas de sus suelas

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B5HnEutJejS/)

Se amontonan sin caos, ordenadamente, una montaña de historias en silencio, tan distintas, tan iguales, las mismas sendas peregrinas recorridas y, sin embargo, cada una realiza un camino diferente. Para el peregrino es el tiempo del descanso, de reponer fuerzas, de soñar la etapa de mañana, de compartir experiencias y de dormir, cuando es posible. Ellas quedan afuera, en su caos de colores y de formas, dispuestas para el día siguiente cuando vuelvan a dejar las huellas de sus suelas en la tierra del Camino.

Tus huellas

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(Fotografía: Javier Perti)





Peregrino,
nuca olvides que tus huellas
formarán parte para siempre
de la historia secreta del Camino.

Porque no existe Camino
sin tus huellas.

Cae la lluvia

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(Fotografía.- Eduardo Abad)

Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.

Ciudad dormida

(Fotografía.- Joe Priola)



Silencio de ciudad dormida, desnudas las calles que amplifican el eco de los pasos peregrinos, pasos sin huellas visibles, sobre el asfalto de la ciudad solo quedan huellas invisibles, retumban los pasos sin embargo contra las paredes y fachadas, contra el vacío de la noche que se resiste a morir. Tenue luz de las farolas que iluminan la senda porque también es Camino la ciudad atravesada en la quietud de las horas tempranas, también es Camino la ciudad vacía y sin horizonte, la ciudad dormida que bostezará su primer desvelo cuando el peregrino camine por senderos donde los pasos no suenan pero siempre dejan huellas que pueden verse hasta que el viento las borre.

Un alto en el Camino

https://www.instagram.com/p/CQdhuYPD-4U/
(Fotografía.- Max Maximov)

La soledad
buscada y requerida,
los pies descalzos,
liberados del ardor
de la larga travesía,
la espalda
sin mochila compañera,
el cuerpo detenido,
el alma
recobrando pulsaciones.

La mirada
tal vez absorta en un recuerdo
o en un presagio
que anticipa lugares y distancias.

Aunque sabe el peregrino
que, después, sus pasos
serán guiados por la magia,
por las huellas de otros peregrinos,
por el sol que acompaña y que calienta,
por el faro de las flechas amarillas.

Un alto en el Camino.
Siempre necesario
para seguir andando.
Con las botas cobijando
los pies reconfortados.
Con la mochila compañera
en la espalda.
Con el alma
desbocándose a cada paso.

¿Qué vas a hacer, peregrino?

https://www.instagram.com/p/B35WwitisYj/
(Fotografía.- Andre Lux)






Y ahora que has llegado, peregrino, ¿qué vas a hacer con todo el sol de tu Camino, con todas las huellas que has dejado, con todo el caudal de días y de nostalgias?

La cruz arriba

https://www.caminographer.com/camino-de-santiago?pgid=lgap8w50-67b76bb1-1ccb-4167-ace4-4f1a822f2d33
(Fotografía.- Max Maximov)
Arriba, la cruz arriba.

Peregrino que sube sin aliento la senda escarpada y pedregosa, el camino a la cumbre de la sierra -Atapuerca abajo, la cruz arriba-, el corazón rodando en cada piedra que rueda monte abajo cuando pisa, el corazón clavado en cada piedra donde la cruz se alza cuando llega.

La cruz arriba, desnuda como el alma, atravesando el cielo incendiado de púrpura y naranja con la primera luz del nuevo día, los brazos abiertos como un inmenso abrazo de esperanza a quien perdió la fe hasta en sí mismo, un remanso de paz sin alambradas, un templo sin cúpula ni altares para buscar a dios en la intemperie, un recuerdo clavándose en la tierra de aquellos peregrinos que llegaron al pórtico infinito de su gloria.

La cruz arriba, dibujando en el mapa de los sueños sus cuatro puntos cardinales: al sur, las huellas milenarias de la tierra; al norte, inmenso y puro, el cielo; al este, el sol que renace con la aurora; y al oeste, siempre el horizonte a donde se dirige el peregrino.

Todo fluye

Y todo fluye, contigo y en ti, como el agua que brota de la tierra y empapa las suelas de tus botas y enfanga las huellas de tus pasos y te hace barro, para moldearte, como un invisible alfarero con manos de dios, que te va haciendo a imagen y semejanza del propio Camino. Entonces, peregrino, te vuelves piedra y cielo, abrazo de bosque y calor de aldea, viento enamorado y eterno horizonte, manantial de estrellas que se desparraman en el último suspiro de la noche… Y todo fluye, todo es universo y todo es armonía con el Todo, silencio de luna, estruendo del alma, milagro de vida, Camino infinito contigo y en ti, peregrino, contigo y en ti…

Amo el Camino

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(Fotografía.- Marco Cuda)
Yo Amo el Camino. Lo Amo. Me sobrecoge, me hipnotiza, me estremece, me emociona, me machaca, me tortura, me desnuda, me besa, me posee, me deja sin palabras, me arranca lágrimas de lo más profundo de mis adentros, juega conmigo, me lleva al límite, tan al límite que, a veces, he tenido la sensación de que me deja en las fronteras mismas de odiarlo y es, entonces, cuando más siento que lo Amo. Odiarlo, no porque sí, sino porque, a veces, me hace plantearme si el Camino, realmente, me está regalando Libertad o me la está condicionando, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Libre, si solo a través de Él puedo Sentirme realmente Yo. Si solo en el Camino es posible la Plenitud de mi Ser. Pero en ese límite, en esas fronteras, he Sentido muchas veces que, en realidad, el Camino no existe sin mí, no es posible sin mí, me pertenece como yo le pertenezco. Que el Camino no es lo que aparece en las guías, claro que no. Que el Camino es, sobre todo, el Encuentro con mi propia Armonía. Y, entonces, Siento que lo Amo más que nunca.

Así que, a cada paso que doy, estoy Amando. Estoy Amando al Camino en sí mismo, estoy Amando mi Armonía con el Todo. Cielo, tierra, aire, río, árbol, piedra, sol, luna, nubes, lluvia,... Huellas de Dios, el Todo Amor. Cada dimensión del Camino es una dimensión del Amor. "Siempre que la belleza mira, el amor está allí", escribió Rumi. Yo, en el Camino, me siento mirado por la Belleza. No solo es que yo la contemple y admire, es que me siento mirado por Ella.

Y, cuando me mira, allí está el Amor. Amándome.

Así te volviste peregrino

https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/)
Dejaste allí tus huellas. Y aunque las borrara el viento y otras huellas de otros caminantes, allí quedaron, volviéndose tierra en la tierra del Camino. Allí quedó tu abrazo al árbol centenario, como un surco invisible e imborrable en el tronco verdecido por el musgo. Allí quedó tu aliento fundiéndose en la niebla como si se besaran dos amantes. Y allí quedó tu piedra, sobre otras piedras, en el humilladero de una cruz desnuda. Y el roce de tus dedos dibujando en el cielo un horizonte.

Lo quieras o no, regresaste al hogar dejando en el Camino pedazos de tu alma. Y te trajiste en la mochila pedazos del alma del Camino. Así te volviste peregrino: desalmándote a pedazos, bendito loco enamorado que sueñas cada día con volver a los brazos de tu amante.

Y cae y cae la lluvia

https://www.instagram.com/p/BvPW2z3ngPk/
(Fotografía.- Michael Pitt)

Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.

Descalzo

https://www.diariodeburgos.es/noticia/zf3bb20a0-d0fc-164f-dfb84f65f01755f4/201408/los-peregrinos-gastan-unos-220-millones-
(Fotografía.- Manuel Brágimo)




Caminas descalza
como si supieras de qué está hecho el mundo
y quisieras darle forma con la curva de tus pies,
bailándolo a tu antojo
como bailas mis días,
haciendo que al resto
se nos claven tus huellas...

ELVIRA SASTRE

Y allí quedas

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CiQafyeDOsv/)
Solo es una cruz pequeña rematando un mástil de madera disparándose a los cielos sobre el humilladero de un montículo de piedras, un morcuero de huellas peregrinas, de pesos despojados del bolsillo del alma, de guijarros encontrados en alguna senda de la vida. Subes a la cruz pisando vacíos de quienes encontraron su propia plenitud en el Camino. Y allí arrojas tu piedra, anónima y desnuda, tal vez garabateada con una fecha o con un nombre que nada desvela sino un alma que llegó hasta allí para desprenderse de vacíos y pesos y noches sin luz y días sin noches.

Y allí quedas...

Que en Cruz de Ferro siempre queda un pedazo del alma peregrina, inevitablemente, hecho piedra bajo la cruz, sencilla y pequeña, que señala cuatro puntos cardinales en sus brazos abiertos, acariciando un cielo que allí parece más cercano. Bajo la cruz, cuyo mástil acaricias mirando hacia arriba, mientras hablas con Dios o con el Universo en la profundidad de tu Silencio.

Caminostalgias


Añoro el Camino...

Los amaneceres del Camino.
Los inmensos ocasos del Camino.
Las lunas llenas del Camino.
Las noches sin luna del Camino.
Los días sin días del Camino.
El tiempo sin tiempo del Camino.
La soledad del Camino.
La compañía en el Camino.
Los peregrinos del Camino.
Las almas que caminan el Camino.
Las sonrisas regaladas del Camino.
Los llantos porque sí y porque no en el Camino.
Las flechas amarillas del Camino.
Buscarme, perderme y encontrarme en el Camino.
El fango en el Camino.
Las tormentas en el Camino.
El sol aplastante en el Camino.
La niebla que acaricia al peregrino.
La nieve volviendo cielo la tierra del Camino.
Los inviernos y veranos del Camino.
Todos los puntos cardinales del Camino.
La Magia del Camino.
La Magia en el Camino.
Los horizontes del Camino.
Los cansancios y descansos en el Camino.

Llegar.
Y abrazar.
Y llorarlo todo.
Y reírlo todo.
Y volver del Camino.
Y volver al Camino.

Caminostalgias...

Esas huellas que el Camino
ha marcado profundamente en el Alma...

Una cruz en cada fin del mundo

https://www.instagram.com/p/CZ_l_fSAymS/
(Fotografía.- Rolf Magener)
Siempre hay una cruz
en cada fin del mundo,
que separa el más allá
del más acá.

En el mar acaba la tierra.
Allí donde las huellas
se convierten en estelas.
"Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar".

Peregrino, es hora de volver
al Camino de la Vida.

En la cruz de cada fin del mundo,
comienza el verdadero Camino.

Junto al mar,
siempre junto al mar.

Preludio de invierno

https://twitter.com/JubileoLeb/status/1455876242146795522/photo/1
(Fotografía.- Camino Lebaniego)



La primera nevada del otoño deja sobre el Camino aroma a invierno, huellas pasajeras que borrará el viento, la siguiente nevada o el sol renacido. Mientras tanto, caminamos dejando huellas sobre la nieve nueva, preludio de invierno. Y todo es crujido bajo los pies. Y en el alma peregrina que tirita los primeros fríos del otoño.

Sabe el peregrino

https://www.instagram.com/p/CRloSISMhPm/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CRloSISMhPm/)
Sabe el peregrino que no camina solo, aunque el horizonte se presente desierto, pese a que las huellas se desvanezcan con la lluvia, a pesar de que el eco sea la única respuesta a sus plegarias. Sabe que cuando lo necesite, cuando crea desfallecer, una mano le ayudará a levantarse, una piedra se le ofrecerá para su descanso, un susurro le empujará a seguir. Sabe que en cualquier momento él puede ser esa mano, la fuente, la sombra, el refugio, el faro, la estela de otro peregrino.

Sabe que nunca debe infravalorar el camino, sino adaptarse a él, disfrutar de lo que le ofrece, de lo bueno y de lo malo. Sabe que le obsequiará con paisajes sublimes, colores impensables, texturas inimaginadas, sabores, olores, emociones, vivencias, compañía, sentimientos que lo harán sentirse invencible, único, inigualable, inmortal. Pero también sabe que se presentarán dificultades que pueden retrasar su paso o detenerlo para siempre.

Sabe que las prisas no son buenas, que las agujas del reloj se convierten en lanzas que nos empujan a la desesperación, a la angustia, a la locura. Sabe que a veces conviene esperar a que pase la tormenta, a que florezcan las margaritas, a la salida del sol, a la mirada constante, a la palabra precisa, a la sonrisa perfecta. Sabe que no siempre gana el que llega primero, sino el que llega en el instante adecuado.

Sabe que lo más importante no es el destino, sino llegar...

MOISÉS PALMERO ARANDA

Todo fluye

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(Fotografía.- Alejandro A. Millán Carcedo)




Y todo fluye,
contigo y en ti,
como el agua que brota de la tierra
y empapa las suelas de tus botas
y enfanga las huellas de tus pasos
y te hace barro,
para moldearte,
como un invisible alfarero
con manos de dios,
que te va haciendo
a imagen y semejanza
del propio Camino.