Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

Con palabras y latidos

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(Fotografía.- Boglárka Barna)
Trata de explicarme con palabras qué es el Camino, en ese vano intento de definir lo indefinible. A tu mente acudirán palabras sueltas: peregrino, magia, amanecer, etapa, compañía, soledad, albergue, cansancio, alma, dolor, mochila, vieira, bordón, espiritualidad, flecha, bosque, montaña, carretera, tormenta, viento, misterio, dios… Y también nombres propios: Compostela, Catedral, Obradoiro, los miles de lugares por los que transita el Camino en sus innumerables sendas y variantes, los propios nombres de tantos peregrinos que dejaron una huella que no es definible con palabras. Y todo es Camino, sí, y todo lo define sin llegar a definirlo por completo.

Ahora trata de explicarme con latidos qué es el Camino. Muéstrame la emoción profunda, el silencio hiriente, la plenitud del alma, también el desaliento. Enséñame los pies maltrechos, la sonrisa abierta, el pulso desbocado, las lágrimas calientes, el abrazo final, el primer paso.

Y dime, con palabras y con latidos, si el Camino te hizo peregrino para siempre.

Porque la vida que transitas cada día es el Camino que iniciaste en cualquier parte y creíste terminar en Compostela. Pero el Camino no acaba cuando uno se vuelve peregrino para siempre. Y, por más que lo intentes, no existe forma humana de explicar ni de abarcar el infinito.

Sigo tu rastro

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(Fotografía.- Itziar Agirre)

Sigo otros pasos -tus pasos- por el sendero nevado. Busco otras huellas -tus huellas- para seguir el camino. Están ahí, puedo verlas, puedo hundir mis botas dentro de tus huellas. Estamos solos. Mire donde mire, no hay nadie. Tú tampoco estás pero estás, sin embargo. Sigo tu rastro, te siento en cada paso sobre tus pasos, huella sobre huella. Hasta que el viento las borre. O los copos de nieve venideros. O tal vez las botas peregrinas de alguien que va siguiendo el rastro de mis huellas por el sendero nevado.

Detenerte

(Fotografía.- Bianca Illari Lui)
Detenerte a contemplar el milagro del nuevo día, el incendio del sol tras aquella montaña de magia, tras aquel horizonte al que te diriges como si fuera tu propio destino.

Detenerte a descubrir la belleza cruzando por delante de tu vida, un instante convertido en prodigio, haciéndose eterno ante tus ojos.

Detenerte como parte de la esencia del Camino, que no es solo andar, no es solo ir de un sitio a otro, etapa tras etapa. El Camino es también detenerte a contemplarlo todo con la mirada limpia del alma y sentir el portento de la Vida, la caricia de Dios, el suspiro caliente de la Naturaleza regalándose, regalándote un espacio infinito donde sentirte una parte de ese Todo que vas encontrando en tu Camino.