Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Sentimientos

https://www.instagram.com/p/Bo1jROrBsZj/
(Fotografía.- Marcos Boedo)

Llegar. Parar. Llorar. Sentir. Reír. Callar. Rezar. Mirar. Temblar. Suspirar. Abrazar. Vibrar. Gritar. Latir. Vivir.

Besar. También la tierra como una manera de besar el cielo.

Volver. Desear volver.

Sentirte para siempre peregrino.

Vas y vuelves

https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/)
Nunca tengo sensación de volver porque solo continúo caminando. Volver solo vuelvo cuando regreso a casa. Entonces sí que vuelvo, para darle sentido a haber partido. El Camino carece de sentido si no se vuelve a casa. También se vuelve para seguir andando. El camino de mi vida se alimenta de la Vida del Camino. Por eso, cada cierto tiempo, me detengo en los andares cotidianos para retomar los senderos del Alma.

No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.

Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.

Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.

Diez años después

Aquel inolvidable 14 de septiembre, en que llegué por primera vez a Compostela. Grabada a fuego la fecha porque, de alguna manera, también celebro hoy un especial aniversario de Vida. Porque, en mi vida, en mi Ser, en todo lo que soy y lo que siento, hay un antes y un después de aquel 14 de septiembre.

El Camino -aquellos primeros doscientos y pico de kilómetros en el Camino- me había dejado visibles huellas en el cuerpo. Conté hasta seis ampollas en los pies -mi elección de zapatos no había sido desde luego la mejor- y una dolorosísima erupción en ambas piernas, que me trajo por la calle de la amargura desde prácticamente el segundo día. Pero, sobre todo, el Camino me había marcado el alma para siempre. Las ampollas se acaban secando y curando hasta que desaparecen. Pero las marcas del alma jamás se borran.

Al Camino fui con toda mi debilidad exterior e interior. Antes de partir, me preguntaba constantemente si realmente podría. Interiormente, me encontraba bastante desorientado y vacío. Espiritualmente vacío, podríamos decir, más allá de creencias y descreencias. Los miedos interiores eran aún mayores que los miedos exteriores. Solo había algo que conseguía calmarlos: la tremenda, la infinita ilusión que tenía por cumplir ese sueño, madurado desde muchos años atrás, de peregrinar hasta Santiago.

Y allí estaba, aquel 14 de septiembre, en Compostela, en el Obradoiro, delante de la Catedral, a la que llegué sólo como sólo empecé y anduve casi todo el Camino, más allá de los encuentros con gente maravillosísima de las que aún conservo el recuerdo inolvidable.

Porque si algo tuve claro también desde el principio, es que a Santiago iría sólo. No pensaba en la primera vez porque jamás pensé que pudiera haber más veces. Ni por la cabeza se me podía pasar que pudiera haber más veces. Así que la peregrinación, la única posible e imaginable por entonces, tenía que ser necesariamente sólo. Pero el primer pensamiento medianamente claro que tuve al llegar fue ese: "Volveré". Y allá que he vuelto, muchas veces ya, sólo o acompañado. Y siempre, al llegar, a donde fuera, a la propia Compostela o a cada una de las "pequeñas compostelas" que han servido de punto y seguido en mi Camino -porque sigue siendo mi Camino, uno solo, lo que hago siempre es volver para continuarlo, por aquí, por allá, porque es tan infinito que no tiene ni un principio ni un final determinado- he tenido el mismo pensamiento: "Volveré".

Y aquí estoy, en este 14 de septiembre de diez años después, anhelando eso mismo: volver. A reencontrarme con mi Yo más verdadero, capaz de vencer todas las dificultades, aceptándolas primero y afrontándolas después, espiritualmente pleno, más allá de las creencias y las descreencias. Con mi Yo-esencial, donde lo físico, sinceramente, importa poco más allá de saber cuál es la medida de mis posibilidades y no excederme jamás de esa medida que lleva a andar siempre despacio -el Camino, el mío al menos, no está hecho para andar deprisa-, y descansar siempre que sea preciso recobrar el aliento. Lo realmente trascendente es la Esencia, lo que verdaderamente Somos bajo la piel y la apariencia externa. El Camino me dejó el alma completamente desnuda y a la intemperie. Y así fue como empecé a Encontrarme a mí mismo y conmigo mismo y a Sentirme parte de un Todo al que pertenecía y que, a la vez, me pertenecía. Y así fue como descubrí que era posible experimentar la Plenitud de la Magia en comunión con la Naturaleza: mi propio concepto de Dios.

Y por eso vuelvo: para seguir Buscando. Para seguir Encontrando. Para llenar vacíos. Para vaciarme de todo aquello que me pesa en el camino de la Vida. Porque el Camino es un bálsamo. Y un aprendizaje. Y una Necesidad de Ser y de Estar.

Porque el gran reto del peregrino, mi gran reto de cada día, no es descubrir que el Camino es una metáfora de la vida, sino empezar a concebir la vida como una metáfora del Camino...

Volver al Camino

(Fotografía.- Wild Camino)







A menudo vuelves al Camino, no tanto para descubrir algo nuevo como para buscar lo que allí dejaste...

Tiempo de volver

(Fotografía.- https://twitter.com/FJacobea/status/1281132597951815681)
Ultreia
et Suseia.

Más Allá
y más Arriba
de todos los sueños
está Santiago.

Tiempo de volver.
De volver a soñar.
De soñar con volver.

Hay que seguir andando…

Uno vuelve siempre

(Fotografía.- Alberto Mato)



Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida.

ARMANDO TEJADA GÓMEZ

Las nostalgias del Camino son eternas

Nostalgias del Camino:
aparecen con el último paso,
conquistan el alma peregrina
y alientan el deseo de volver.

Día a día.
Sueño a sueño.

No es posible vencerlas.
Solo el propio Camino,
otra vez andado,
las disipa y aletarga.
Hasta que el último paso
las despierta de nuevo
y las vuelve más intensas
y profundas.

Las nostalgias del Camino
son eternas...

(Fotografía: Maciej Chomik.- https://www.instagram.com/p/Bl75d8pFqN6/)

Uno vuelve siempre

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bm2fGtxH129/)





"Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida"...

Cuánta verdad encerraban aquellos versos que escribiera Armando Tejeda...

Porque uno vuelve siempre
a aquellos lugares
donde fue feliz...

Un trayecto de ida y vuelta

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/BmOoVGSH-OX/)
Nunca tengo sensación de volver porque solo continúo caminando. Volver solo vuelvo cuando regreso a casa. Entonces sí que vuelvo, para darle sentido a haber partido. El Camino carece de sentido si no se vuelve a casa. También se vuelve para seguir andando. El camino de mi vida se alimenta de la Vida del Camino. Por eso, cada cierto tiempo, me detengo en los andares cotidianos para retomar los senderos del Alma.

No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.

Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.

Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.

Tu Camino

A través del recuerdo, de los sueños disfrazados de nostalgia, de las fotografías, propias y ajenas, que te sitúan de nuevo en un instante y en un lugar, vuelves a ese Camino que solo a ti te pertenece porque lo fuiste creando a cada paso.

Antes que tú lo anduvieras, solo existía el Camino de los otros, el Camino de las guías, el Camino milenario de la Historia y de las innumerables historias de tantos peregrinos que lo hicieron. Cuando tú lo hiciste, sin embargo, descubriste que el Camino no era algo que existiera de antemano. Que existían senderos, sí, y lugares y mapas y flechas que te indicaron direcciones inequívocas. Pero no existía tu Camino.

No existían de antemano los amaneceres que tú viste. Ni fue el mismo amanecer el que tú viste que el que otro contempló, por más que pareciera que ambos admirásteis el mismo milagro y al mismo tiempo. No existían previamente tus latidos ni tu cansancio ni aquel dolor que se te clavó en la piel del alma más que en el alma de la piel. No existía aquel silencio que te cogió desprevenido. Ni aquel instante en que reíste como nunca jamás lo habías hecho en tu vida. Ni aquel momento en que lloraste sin motivo aparente para hacerlo. Ni aquella soledad que fue tan tuya que te sentiste acompañado por toda la infinitud del Universo.

Te hiciste Camino haciendo tu Camino. Moldeándolo. Construyéndolo. Para que no se pareciera en nada al Camino de los otros ni al de las guías ni al de la Historia ni al de las pequeñas grandes historias de tantos peregrinos. Y por eso regresas cuando puedes. Desde el recuerdo o los sueños disfrazados de nostalgia. Desde las fotografías, propias o ajenas. O desde la realidad, si te es posible, de crear un paréntesis en el camino de la vida para volver a la Vida del Camino.

De tu Camino.

Besar la tierra

(Fotografía: Xoan A. Soler)
Llegar. Parar. Llorar. Sentir. Reír. Callar. Rezar. Mirar. Temblar. Suspirar. Abrazar. Vibrar. Gritar. Latir. Vivir.

Besar. También la tierra como una manera de besar el cielo.

Volver. Desear volver. 

Llorar.

Mi poco de fe

"Mi gente, mi casa, mi poco de fe... Me llaman, me emplazan, me dicen... Vuelve" (Eladia Blazquez)

Soñar con ser Camino

(Fotografía: Stefano Pasquali)
Donde hay un sueño, hay un camino…

Soñar con volver. Soñar con ir. Soñar junto a aquellos que un día decidieron andar el Camino que antes habían soñado. Soñar con estar. Pero, sobre todo, soñar con ser. El peregrino siempre sueña con ser Camino. Con hacerse Camino. Con dejar que el Camino le haga.

El Camino es de todos aquellos que desean ser Camino. De todos aquellos que lo sueñan, antes de andarlo. De todos aquellos que, al andarlo, cumplen su sueño.

Volver al centro de mí mismo

Momentos antes de partir. Todo está preparado. No es la primera vez y por eso me sorprenden estos nervios principiantes y esta ilusión desmedida que ni siquiera tuve la primera vez. Intento explicármelo a mí mismo pero no encuentro las palabras, si es que existen. Hoy me han dicho que lo mío con el Camino es una preciosa Historia de Amor, de las que solo pueden escribirse con mayúsculas y de las que nunca tienen final porque se van eternizando con el tiempo. Por eso volver es un anhelo permanente. Volver es mucho más que colgarme la mochila y cubrir la distancia que separa el punto de partida de la meta. Es regresar a mi yo más profundo e íntimo, al reencuentro con todo lo que soy, a mi esencia más verdadera en comunión con la Inmensa Creación de la que formo parte. Es regresar a la búsqueda incesante de un dios que no precisa de mayúsculas pero que se hace mayúsculo en mi propio ser cuando lo encuentro. Es regresar a mi niñez para volver a contemplarlo todo con ojos de niño.

Atesoro en el alma los anhelos de muchos, secretas confesiones de quienes desean abrazar al Apóstol a través de mi Abrazo y pedirle al Apóstol a través de mis labios. Conmigo vienen todos aquellos que me quieren y a los que quiero. Peregrinos del alma en mi alma peregrina.

Vuelve a ser un Camino de dos y ello me ilusiona y me emociona. Sé que mi compañera de Camino jamás interferirá mi propia soledad querida y requerida. Pero me apetece compartir con ella amaneceres y brumas, los mágicos senderos que se adentran en lo desconocido, el cansancio y la duda, el abrazo después de cada etapa, un puñado de hermosos atardeceres y todos los silencios de un tiempo detenido. Porque un Camino de dos no impide que yo vuelva a reencontrarme, íntimamente, profundamente, con mi propio Camino. 

Vuelvo por unos días al centro de mí mismo y de mi mundo. Sé que cuando regrese a casa, me sentiré más pleno y más auténtico. Pero también sé que otro trozo de mi alma lo habré dejado en el Camino. Por eso, nada más descolgarme la mochila, ya estaré soñando en volver. En volver. En volver.

¡ULTREIA ET SUSEIA! Más Allá y más Arriba, nos espera Santiago.

Hay que volver a Compostela

"Hay que volver a Compostela, porque cuando se llega a Compostela como peregrino, Compostela forma parte de uno mismo, y uno mismo forma parte de Compostela" (Alberto Solana de Quesada)

(Fotografía: Marcin Janik.- http://marcinjanik.tumblr.com/image/45581757202)

Infinitivos


Llegar. Parar. Llorar. Sentir. Reír. Callar. Rezar. Mirar. Temblar. Suspirar. Abrazar. Vibrar. Gritar. Latir. Vivir.

Besar. También la tierra como una manera de besar el cielo.

Volver. Desear volver.

Llorar.



Volver

Como un objetivo, como un sueño repetido, como un anhelo alimentado desde el primer paso hasta el último que, en realidad, tan solo fue la antesala de otro primer paso: aquel con el que daba inicio el camino después del Camino.

Volver... Que no es volver a empezar porque no hay marcha atrás posible y el Camino vuelve a quedar ahí, delante, para ser andado por vez primera. Es volver a despojarme del yo-cotidiano, desvestirme del día a día, de la ciudad y de sus gentes, de la rutina dibujada entre las nubes. Volver a llenar la mochila de sueños y de ilusiones, de plegarias y de deseos, de peticiones propias y ajenas, de besos, de abrazos, de intenciones, de pequeños y grandes secretos, de miradas, de mensajes, de silencios, de palabras... De fe... Y que nada pese salvo la ropa y los zapatos...

Volver para dejar mis huellas sobre otras huellas... Mis huellas sobre mis huellas...

(Fotografía: http://siguelashuellas.wordpress.com/2013/02/09/la-mochila-torcida-7o/)