Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Andaré este largo camino

https://www.instagram.com/p/C24Xy86siPq/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C24Xy86siPq/)

Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final,
hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...
Se estreche o no la tierra para nosotros, andaremos este largo camino
hasta el final del arco. Que nuestros pasos se tensen cual flechas.
¿Estamos aquí desde hace poco
y dentro de poco alcanzaremos la flecha del comienzo? El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices?
Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final.

MAHMUD DARWISH

Los almaneceres del Camino

https://www.instagram.com/p/CbLLxCONBlU/
(Fotografía.- Miguel Zaballa)
Despiertas, para seguir soñando con ojos abiertos. Protesta el cuerpo aún cansado, en ese quejido unánime de huesos que crujen y músculos que se tensan. Revisas las ampollas. También las del alma, sin hilos que la crucen, a veces descarnadas y profundamente dolorosas.

Todo otra vez en la mochila, todo contigo, nada queda atrás. Si algo se olvida, es preciso que quede olvidado para que otro lo encuentre. Si algo precisas, ya te lo dará el Camino.

En el último sorbo de café, piensas que el Camino de allí afuera en realidad comienza en tus adentros. Que no serán tus pies los que caminen sino el alma desnuda y descalzada. ¿Cómo será la etapa de hoy? ¿Adónde me llevará? Revisas, por última vez, el mapa dibujado. Lo doblas y lo guardas en el bolsillo, seguro de que no volverás a utilizarlo. Bastará con seguir las flechas. Y, cuando no haya flechas, el sol será tu guía y compañero.

Amanece, como un milagro repetido y regalado al peregrino. Los amaneceres del Camino son tan del alma, que debieran llamarse almaneceres.

Paso a paso, vas dejando atrás el horizonte de ayer y vas acercándote al de hoy.

Callas. O rezas. O cantas. O lloras.

El sol camina contigo.

Mi sombra en el Camino

https://www.instagram.com/p/CoX2ZmcLI9B/
(Fotografía.- Mario De Pinho Queiroz)
Se alargan las sombras en los amaneceres del Camino. Sobre la tierra se dibuja la figura del peregrino que se eleva sobre ella. Le precede y alcanza primero los espacios del sendero que después pisarán sus pies.

La sombra va delante, siempre inalcanzable, bocetando la silueta de otro-yo que soy yo mismo. Se convierte en guía para los pasos certeros y para los equivocados. Punta de flecha que no se pinta y que solo marca el camino a quien la sombra pertenece.

La sombra sobre el Camino. En el Camino. Fundida con el Camino. Formando parte de él. El Camino es asfalto, arena, piedra, fango... Y sombra.

Se alarga mi sombra en los amaneceres del Camino. Y en mi sombra, el Camino y yo nos hacemos uno. Inseparables. Indisolubles.

Las flechas que indican mi camino

https://www.instagram.com/p/B7TXgS3HtEN/
(Fotografía.- Wild Camino)



Madre tierra, dame el poder
para hoy quedarme contigo.
Mañana te cantaré temprano
y esperaré al padre sol,
que hará brillar tus rincones,
para poder ver las flechas
que indican hoy mi camino,
que me invitan hoy a escucharte;
que siempre me llevan a algún lugar
en el que tu calma parece ser
el mundo en el que vivo.

AGUSTÍN BRINDISI (De "Caminante")

Tu Camino

https://www.instagram.com/p/CeJrchbBsZW/
(Fotografía.- Brian John Skillen)
A través del recuerdo, de los sueños disfrazados de nostalgia, de las fotografías, propias y ajenas, que te sitúan de nuevo en un instante y en un lugar, vuelves a ese Camino que solo a ti te pertenece porque lo fuiste creando a cada paso.

Antes que tú lo anduvieras, solo existía el Camino de los otros, el Camino de las guías, el Camino milenario de la Historia y de las innumerables historias de tantos peregrinos que lo hicieron. Cuando tú lo hiciste, sin embargo, descubriste que el Camino no era algo que existiera de antemano. Que existían senderos, sí, y lugares y mapas y flechas que te indicaron direcciones inequívocas. Pero no existía tu Camino.

No existían de antemano los amaneceres que tú viste. Ni fue el mismo amanecer el que tú viste que el que otro contempló, por más que pareciera que ambos admirásteis el mismo milagro y al mismo tiempo. No existían previamente tus latidos ni tu cansancio ni aquel dolor que se te clavó en la piel del alma más que en el alma de la piel. No existía aquel silencio que te cogió desprevenido. Ni aquel instante en que reíste como nunca jamás lo habías hecho en tu vida. Ni aquel momento en que lloraste sin motivo aparente para hacerlo. Ni aquella soledad que fue tan tuya que te sentiste acompañado por toda la infinitud del Universo.

Te hiciste Camino haciendo tu Camino. Moldeándolo. Construyéndolo. Para que no se pareciera en nada al Camino de los otros ni al de las guías ni al de la Historia ni al de las pequeñas grandes historias de tantos peregrinos. Y por eso regresas cuando puedes. Desde el recuerdo o los sueños disfrazados de nostalgia. Desde las fotografías, propias o ajenas. O desde la realidad, si te es posible, de crear un paréntesis en el camino de la vida para volver a la Vida del Camino.

De tu Camino.

Un inmenso ¡Ultreia!

https://www.instagram.com/p/CVQqsxwocgI/
(Fotografía.- Lorenzo Ujević)
Sobre el muro de piedra, la señal precisa. Allí donde falta la señal, unas manos peregrinas la pintaron para guiar los pasos de otros peregrinos. Dejaron una marca inconfundible, un signo inequívoco, una brújula sin más puntos cardinales que aquel que marca el rumbo a Compostela.

Cada flecha amarilla del Camino es un inmenso ¡Ultreia! gritado por las voces anónimas de tantos peregrinos que siguieron su estela. ¡Adelante! ¡Ánimo! Que más allá está Santiago.

¡Et Suseia!... Y más arriba, peregrino, y más arriba...

¡Hasta las mismas puertas de la Gloria del Apóstol!

Guiando al peregrino

(Fotografía.- Carla De Sena)


No están ahí por arte de magia ni por obra divina. Fueron manos peregrinas quienes las pintaron para guiar a otros. Manos que se encargaron de que otros pudiéramos descubrir el camino correcto, la senda precisa. Manos que resolvieron las incógnitas de cada encrucijada.

Por muchas guías que se escriban, la mejor guía está pintada sobre el suelo, sobre un árbol, sobre una farola, sobre un peregrino de piedra en la esquina de una ciudad...

Símbolos del Camino, las flechas amarillas guían al peregrino...

Flechas amarillas

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bs0qRvbl8iE/)
Un solo camino, una sola experiencia, toda una vida.

Aquel lugar que te enseña la realidad de este mundo a la vez que estás envuelto en la mayor de las fantasías.

Personas que están siempre, personas pasajeras, personas que pasan de largo y personas que se van dejándote huella en el alma.

Lugares hermosos, pájaros cantando y muchos sueños por cumplir. Crees que llegar es el más importante, pero cuando llegas descubres que erais tú y los demás, significar algo para ellos.

Escuchar brotes de sonrisas y llantos, dar la mano al que lo necesita. Ofrecer tu agua aunque estés sediento y esperar al que va más despacio.

Todas esas cosas me las enseñaste tú, Santiago. No esperar a verte para ser feliz sino ser feliz mientras te esperaba. Serlo todo para los demás y para mí misma. A seguir las flechas amarillas y hacer de mi vida tu Camino.

CARMEN CANSECO SEPÚLVEDA

Cada flecha amarilla

Cada flecha amarilla
es una invitación
a seguir adelante.
No hay flechas
que te hagan parar
y dar la vuelta,
desandar lo andado,
desvivir lo vivido.
Cada flecha guía
hacia una nueva ruta,
hacia un nuevo paisaje,
hacia un nuevo territorio
aún pendiente
de ser transitado.
El hombre viejo
va quedando
en el Camino.
Cada flecha
marca el rumbo
al hombre nuevo.

(Fotografía: Jordon Ozero.- https://www.instagram.com/p/Be2_PSEnkaL/)

Si hablaran

Si hablaran,
contarían historias
de cielos que se nublan de repente,
de largas carreteras que no acaban,
de noches sin sueños conciliados
y sus reconciliaciones,
de vientos que empujan sin descanso,
del barro enredándose en las suelas,
de un banco de piedra
en medio de la nada,
de un árbol
cuya sombra fue un oasis,
de una aldea sin nombre o sin memoria,
de una flecha perdida y encontrada,
de un llanto
de esos que se lloran
desde adentro,
del sol recién nacido
en todos mis puntos cardinales,
de la primera vez y la siguiente,
de la última vez
que fue preludio de otra historia,
del dolor impronunciable,
del eterno asombro en los ocasos,
de la nieve besando mis rodillas
y de Compostela desnuda entre mis brazos.
Contarían los secretos confesables
de millones de pasos peregrinos
buscando eternidades que se esconden
detrás de un horizonte.

Los almaneceres del Camino

Despiertas, para seguir soñando con ojos abiertos. Protesta el cuerpo aún cansado, en ese quejido unánime de huesos que crujen y músculos que se tensan. Revisas las ampollas. También las del alma, sin hilos que la crucen, a veces descarnadas y profundamente dolorosas.

Todo otra vez en la mochila, todo contigo, nada queda atrás. Si algo se olvida, es preciso que quede olvidado para que otro lo encuentre. Si algo precisas, ya te lo dará el Camino.

En el último sorbo de café, piensas que el Camino de allí afuera en realidad comienza en tus adentros. Que no serán tus pies los que caminen sino el alma desnuda y descalzada. ¿Cómo será la etapa de hoy? ¿Adónde me llevará? Revisas, por última vez, el mapa dibujado. Lo doblas y lo guardas en el bolsillo, seguro de que no volverás a utilizarlo. Bastará con seguir las flechas. Y, cuando no haya flechas, el sol será tu guía y compañero.

Amanece, como un milagro repetido y regalado al peregrino. Los amaneceres del Camino son tan del alma, que debieran llamarse almaneceres.

Paso a paso, vas dejando atrás el horizonte de ayer y vas acercándote al de hoy.

Callas. O rezas. O cantas. O lloras.

El sol camina contigo.

Hasta el final del corazón


Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final,
hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...
Se estreche o no la tierra para nosotros, andaremos este largo camino
hasta el final del arco. Que nuestros pasos se tensen cual flechas.
¿Estamos aquí desde hace poco
y dentro de poco alcanzaremos la flecha del comienzo? El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices?
Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final. 

MAHMUD DARWISH


(Fotografía: Jorge Sanz Martín.- https://500px.com/photo/81594139/winding-path-by-jorge-sanz-martin)

Un rumbo al hombre nuevo






Cada flecha amarilla es una invitación a seguir adelante. No hay flechas que te hagan parar y dar la vuelta, desandar lo andado, desvivir lo vivido. Cada flecha guía hacia una nueva ruta, hacia un nuevo paisaje, hacia un nuevo territorio aún pendiente de ser transitado. El hombre viejo va quedando en el Camino. Cada flecha marca el rumbo al hombre nuevo.



Un alto en el Camino

La soledad buscada y requerida, los pies descalzos, liberados del ardor de la larga travesía, la espalda sin mochila compañera, el cuerpo detenido, el alma recobrando pulsaciones. La mirada, tal vez, absorta en una guía que anticipa lugares y distancias. Aunque sabe el peregrino que, después, sus pasos serán guiados por la magia, por las huellas de otros peregrinos, por el sol que acompaña y que calienta, por el faro de las flechas amarillas.

Un alto en el Camino. Siempre necesario para seguir andando. Con las botas cobijando los pies reconfortados. Con la mochila compañera en la espalda. Con el alma desbocándose a cada paso.

La mejor guía

Símbolos del Camino, las flechas amarillas guían al peregrino... Por muchas guías que se escriban, la mejor guía está pintada sobre el suelo, sobre un árbol, sobre una farola, sobre un peregrino de piedra en la esquina de una ciudad...

Flechas de papel


Flechas de papel,
latidos íntimos y anónimos,
mensajes de creyentes y descreídos.
"Yo soy el Camino".
Peregrinos que buscan su verdad
en el camino de su vida,
entran y escriben su mensaje
en una flecha de papel.
Y junto a Él lo dejan.
Tal vez queriendo creer.
Tal vez necesitando sentirse oídos
en el silencio de su propia soledad.
Tal vez alimentando una fe dormida.
¿Quién lo sabe?

Cristo Crucificado (s. XVIII). Iglesia de San Esteban. Zabaldika (Navarra). Camino Francés.

(Fotografía.- https://www.flickr.com/photos/unalei/7810240286/)

Siempre hacia delante

Resuelven las incógnitas en cada encrucijada. En el suelo, en una piedra, en el tronco de un árbol, sobre un muro, en una señal a pie de carretera, en un mojón de distancias o en otro que no marca la distancia, en el poste de luz, en la verja, en la farola, en el asfalto... Resolviendo incógnitas, marcando caminos, guiando pasos, deshaciendo dudas...

Alivia encontrarlas cuando crees haberte extraviado. Inquieta no verlas después de muchos pasos, síntoma casi inequívoco de haber equivocado la ruta, de andar perdido por caminos que no son el tuyo. Cuando ello ocurre, es preciso retroceder sobre los propios pasos. Hasta que vuelves a encontrar la flecha que no viste y que indica siempre un camino hacia delante.

Cada flecha amarilla es una invitación a seguir adelante. No hay flechas que te hagan parar y dar la vuelta, desandar lo andado, desvivir lo vivido. Cada flecha guía hacia una nueva ruta, hacia un nuevo paisaje, hacia un nuevo territorio aún pendiente de ser transitado. El hombre viejo va quedando en el Camino. Cada flecha marca el rumbo al hombre nuevo.

No están ahí por arte de magia ni por obra divina. Fueron manos peregrinas quienes las pintaron para guiar a otros. Manos que se encargaron de que otros pudiéramos descubrir el camino correcto, la senda precisa. Manos que resolvieron las incógnitas de cada encrucijada.

El Camino interior no tiene flechas amarillas dibujadas. De repente, te descubres perdido o andando sin rumbo o en la encrucijada irresoluble de escoger un sendero sin saber dónde te lleva. Fuera, sí que existen. Las puso alguien para guiar los pasos por un camino de todos.

El propio también precisa de sus flechas. Yo las voy dibujando poco a poco. En el suelo, en una piedra, en el tronco de un árbol, sobre un muro, en una señal a pie de carretera, en un mojón de distancias o en otro que no marca la distancia, en el poste de luz, en la verja, en la farola, en el asfalto... del alma... Resolviendo incógnitas, marcando caminos, guiando pasos, deshaciendo dudas... No para ir donde quiero sino para llegar donde necesito...

Y tal vez, algún día, mis flechas amarillas inviten a otros a seguir hacia delante, a elegir el camino correcto que les lleve a encontrar su propio Camino y a pintar sus propias flechas.

Siempre hacia delante...

(Fotografía: La Compostela-Community.- http://www.lacompostela.com/)

Inventario de recuerdos propios y ajenos

Inventario mis propios recuerdos y ahondo en los recuerdos de otros, escritos y fotografiados, compartidos a través de diarios virtuales y páginas repletas de huellas invisibles sobre el mismo Camino. Contemplo con asombro que, en cada etapa, me quedaron cientos de cosas pendientes de ver y visitar, rincones ocultos que otros descubrieron, lugares transitados con la cabeza baja, con la vista en el suelo para no pisar en falso, para no elevar la intensidad del dolor en las plantas de los pies. Flechas que no seguí pero que ahí estaban, dibujadas sobre una piedra, sobre un árbol, sobre un muro que me pasaron desapercibidos.

Descubro en otros estampas de mi Camino que no logré disfrutar, enfoques distintos de un mismo paisaje, sitios por los que anduve que no consigo recordar, tal vez porque el Camino te brinda momentos inexcusables para el encuentro con uno mismo, para la soledad del yo que mira hacia adelante pero no hacia los lados.

Repetir no es posible, aunque volviera a andar los mismos kilómetros, a transitar las mismas aldeas, a pernoctar en los mismos lugares. Son cientos, miles, tal vez millones de detalles que me han pasado inadvertido y que descubro, con asombro, en el inventario de recuerdos de otros.

Algún día formarán también parte de mis propios inventarios.