Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Eterna y Secreta Compostela

https://www.instagram.com/p/DN8eT-JjKja/
(Fotografía.- Juan Figueirido)
Eterna Compostela, más eterna que antigua, como la describiera Valle-Inclán. Mágica Compostela de callejones estrechos que te abrazan y donde el tiempo parece detenido. Ruelas que te atrapan, envolviéndote, acariciándote la piel con su piel de piedra. Con sus manos de mujer.

Secreta Compostela, de espacios que descubres con el alma sorprendida, como si fuera un prodigio. Lo escribió Cunqueiro, que uno se acerca a Compostela como quien se acerca al milagro. Y uno se aleja de ella, dejando allí pedazos de su alma. Y por eso hay que volver, a juntarlos de nuevo, a recomponerlos, a recomponerla. Que uno siempre se aleja de ella llevándose en el alma un pedazo de la suya.

Qué ganas tengo de volver a amarte, seductora Compostela, linda muchacha. Sin prisas. Sin pausas.

Como aquella primera vez que te tuve desnuda entre mis brazos...

Respiro

Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado.

Cuando camino

https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/)
Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado. Por cosas como estas me gusta caminar en absoluta soledad. Creo que no sería capaz de hacerlo con alguien al lado, conocido o desconocido. Preciso de un espacio de intimidad absoluta con el Universo. Solos Él y yo. Como si cualquier otra presencia física incomodara e hiciera inviable ese momento. Cuando camino, detengo el tiempo cotidiano y dejo fluir un tiempo que se mide por otros parámetros. Cuando camino, canto, rezo, callo, sufro, pienso, no-pienso, pero todo es absolutamente indeterminado. Todo surge. Todo fluye. Desmedidamente. Sin medida alguna. Como si dentro de mí se desencadenara una explosión inevitable de fuegos de artificio, imprevisibles en sus formas y en sus colores. Suben y explotan, uno tras otro. Hasta que el último sume todo en un profundísimo silencio. Cuando camino, yo Soy el Camino. Sin mí, el Camino no existe. Sin mí, el Camino no tiene Sentido.

Testigo de un prodigio

https://www.instagram.com/p/CjVs6VRNJ3M/?hl=es
(Fotografía.- Bruno Lima)


Tiene el peregrino la fortuna
de ser testigo de un prodigio en Compostela:
si abre el alma, los brazos y los ojos
podrá contemplar ese milagro
de que quepa el infinito entre dos torres...

Testigo de un prodigio

https://www.instagram.com/p/CYBtywBNd95/
(Fotografía.- Cris Simoes Silva)






Tiene el peregrino la fortuna
de ser testigo de un prodigio en Compostela:
si abre el alma, los brazos y los ojos
podrá contemplar ese milagro
de que quepa el infinito entre dos torres...

La cruz arriba

La cruz arriba, desnuda como el alma, atravesando el cielo incendiado de púrpura y naranja con la primera luz del nuevo día, los brazos abiertos como un inmenso abrazo de esperanza a quien perdió la fe hasta en sí mismo, un remanso de paz sin alambradas, un templo sin cúpula ni altares para buscar a Dios en la intemperie, un recuerdo clavándose en la tierra de aquellos peregrinos que llegaron al pórtico infinito de su gloria.

La cruz arriba, dibujando en el mapa de los sueños sus cuatro puntos cardinales: al sur, las huellas milenarias de la tierra; al norte, inmenso y puro, el cielo; al este, el sol que renace con la aurora; y al oeste, siempre el horizonte a donde se dirige el peregrino.

Todo el paisaje en sus brazos

"Su paso era bello: ni corto ni largo. En sus ojos cabían los montes y todo el paisaje en sus brazos" (Carlos Pellicer)

(Fotografía: Manuel Torres Rodríguez-Barbero.- https://www.flickr.com/photos/107799304@N02/14413595715/)