Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Buscando lo sagrado

https://www.instagram.com/p/DFLbyCMOAumeXGMLom71XWAh5mEEbLa8-wggDE0/
(Fotografía.- clauditichi)
El peregrino busca lo sagrado. No es una catedral a donde llega sino al templo infinito de su Vida. No es un lugar cualquiera del que parte sino del sacrosanto espacio de su Alma. Con Dios o sin dios, pero sagrada.

El Camino parte del Alma que es tabernáculo del Ser. Peregrinar es ir desde el Alma a la Vida, buscando trascender, que es el Encuentro con el yo más verdadero.

Podrá concebirse el Camino de muchas maneras, tantas como personas lo realizan. Pero si se le despoja de lo espiritual, el Camino se convierte en otra senda como tantas. Cada cual concibe ser peregrino como cree, pero sin búsqueda, sin sacralidad, sin trascendencia, sin mística, el peregrino se convierte tan solo en caminante.

Sin contemplación de la Belleza, sin admiración de Lo Creado, sin descubrimiento del Todo del que forma parte, el peregrino no es más que alguien que camina, sin más meta que una ciudad, una plaza y una iglesia.

Al peregrino, el Camino se le enreda en el Alma, de donde parte, y le transforma la Vida, a la que llega. Cada paso sacraliza su Camino, más allá de creencias o descreencias, de plenitudes o vacíos de fe. Y, al final, es capaz de descubrir lo esencial, de contemplar y admirar todo aquello que es invisible a los ojos.

Algunos le llaman Dios.

Lo de menos es el nombre…

La búsqueda de lo sagrado

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Ce6D9VBMJki/)

El peregrino busca lo sagrado. No es una catedral a donde llega sino al templo infinito de su Vida. No es un lugar cualquiera del que parte sino del sacrosanto espacio de su Alma. Con Dios o sin dios, pero sagrada.

El Camino parte del Alma que es tabernáculo del Ser. Peregrinar es ir desde el Alma a la Vida, buscando trascender, que es el Encuentro con el yo más verdadero.

Podrá concebirse el Camino de muchas maneras, tantas como personas lo realizan. Pero si se le despoja de lo espiritual, el Camino se convierte en otra senda como tantas. Cada cual concibe ser peregrino como cree, pero sin búsqueda, sin sacralidad, sin trascendencia, sin mística, el peregrino se convierte tan solo en caminante.

Sin contemplación de la Belleza, sin admiración de Lo Creado, sin descubrimiento del Todo del que forma parte, el peregrino no es más que alguien que camina, sin más meta que una ciudad, una plaza y una iglesia.

Al peregrino, el Camino se le enreda en el Alma, de donde parte, y le transforma la Vida, a la que llega. Cada paso sacraliza su Camino, más allá de creencias o descreencias, de plenitudes o vacíos de fe. Y, al final, es capaz de descubrir lo esencial, de contemplar y admirar todo aquello que es invisible a los ojos.

Algunos le llaman Dios.

Lo de menos es el nombre…

La cruz arriba

La cruz arriba, desnuda como el alma, atravesando el cielo incendiado de púrpura y naranja con la primera luz del nuevo día, los brazos abiertos como un inmenso abrazo de esperanza a quien perdió la fe hasta en sí mismo, un remanso de paz sin alambradas, un templo sin cúpula ni altares para buscar a Dios en la intemperie, un recuerdo clavándose en la tierra de aquellos peregrinos que llegaron al pórtico infinito de su gloria.

La cruz arriba, dibujando en el mapa de los sueños sus cuatro puntos cardinales: al sur, las huellas milenarias de la tierra; al norte, inmenso y puro, el cielo; al este, el sol que renace con la aurora; y al oeste, siempre el horizonte a donde se dirige el peregrino.

La cruz arriba


Arriba, la cruz arriba.
Peregrino que sube sin aliento
la senda escarpada y pedregosa,
el camino a la cumbre de la sierra
-Atapuerca abajo,
la cruz arriba-,
el corazón rodando en cada piedra
que rueda monte abajo
cuando pisa,
el corazón clavado en cada piedra
donde la cruz se alza
cuando llega.
La cruz arriba,
desnuda como el alma,
atravesando el cielo
incendiado de púrpura y naranja
con la primera luz del nuevo día,
los brazos abiertos
como un inmenso abrazo de esperanza
a quien perdió la fe hasta en sí mismo,
un remanso de paz sin alambradas,
un templo sin cúpula ni altares
para buscar a dios en la intemperie,
un recuerdo clavándose en la tierra
de aquellos peregrinos que llegaron
al pórtico infinito de su gloria.
La cruz arriba,
dibujando en el mapa de los sueños
sus cuatro puntos cardinales:
al sur, las huellas milenarias de la tierra;
al norte, inmenso y puro, el cielo;
al este, el sol que renace con la aurora;
y al oeste, siempre el horizonte
a donde se dirige el peregrino.

(Fotografía: Kathy Smith.- https://www.instagram.com/p/BzY35Q2hiA2/)

Las raíces del alma

(Fotografía: Alberto López)
"El Camino de Santiago es la búsqueda de Dios, la búsqueda del hombre, de sí mismo, la búsqueda de este reencuentro con todas las cosas sencillas y simples de la vida. El Camino de Santiago es un camino de amor, de mucho amor que das y mucho amor que recibes gratuitamente. Es un Camino de fe porque hay muchas veces que uno piensa: ´creo que no voy a llegar´. Es un Camino de esperanza que nos acomuna a todos. Y, sobre todo, es una gran escuela, una gran universidad sin muros… Que la fuerza no consiste en la resistencia física sino en el amor que uno tiene en el corazón. Al final lo que te trae a Santiago no son las raíces musculares sino las raíces del alma" (Federico Claure, Peregrino argentino)

Algunos lugares tienen magia

(Fotografía: Fernando Gómez)
"Estoy en pie allí y miro, pero no son mis ojos los que ven, son los de otros, anteriores. Es su mirada, su panorámica que ha sido ganada con el caminar, con peligros, con fe; habían arriesgado sus vidas y renunciado a todo para estar una única vez cerca del santo, de sus reliquias, ahora veían la ciudad, las torres de la catedral, ese mismo día aun entrarían por la Puerta Francígena, subirían las escaleras de la catedral, pondrían su mano en ese lugar vacío en forma de mano, en la columna central del Pórtico de la Gloria, de la que tanto habían oído hablar, rezarían en la tumba del apóstol y obtendrían su indulgencia plenaria. Eran otros hombres, con los mismos cerebros pensaban otro pensamiento. Algunos lugares tienen eso, una magia a través de la cual participas de los pensamientos de otros hombres desconocidos que existieron en un mundo que ya nunca más será el tuyo" (Cees Nootebomm)

Las raíces del alma

"El Camino de Santiago es la búsqueda de Dios, la búsqueda del hombre, de sí mismo, la búsqueda de este reencuentro con todas las cosas sencillas y simples de la vida. El Camino de Santiago es un camino de amor, de mucho amor que das y mucho amor que recibes gratuitamente. Es un Camino de fe porque hay muchas veces que uno piensa: ´creo que no voy a llegar´. Es un Camino de esperanza que nos acomuna a todos. Y, sobre todo, es una gran escuela, una gran universidad sin muros… Que la fuerza no consiste en la resistencia física sino en el amor que uno tiene en el corazón. Al final lo que te trae a Santiago no son las raíces musculares sino las raíces del alma" (Federico Claure, Peregrino argentino)

Mi poco de fe

"Mi gente, mi casa, mi poco de fe... Me llaman, me emplazan, me dicen... Vuelve" (Eladia Blazquez)

Flechas de papel


Flechas de papel,
latidos íntimos y anónimos,
mensajes de creyentes y descreídos.
"Yo soy el Camino".
Peregrinos que buscan su verdad
en el camino de su vida,
entran y escriben su mensaje
en una flecha de papel.
Y junto a Él lo dejan.
Tal vez queriendo creer.
Tal vez necesitando sentirse oídos
en el silencio de su propia soledad.
Tal vez alimentando una fe dormida.
¿Quién lo sabe?

Cristo Crucificado (s. XVIII). Iglesia de San Esteban. Zabaldika (Navarra). Camino Francés.

(Fotografía.- https://www.flickr.com/photos/unalei/7810240286/)

Volver

Como un objetivo, como un sueño repetido, como un anhelo alimentado desde el primer paso hasta el último que, en realidad, tan solo fue la antesala de otro primer paso: aquel con el que daba inicio el camino después del Camino.

Volver... Que no es volver a empezar porque no hay marcha atrás posible y el Camino vuelve a quedar ahí, delante, para ser andado por vez primera. Es volver a despojarme del yo-cotidiano, desvestirme del día a día, de la ciudad y de sus gentes, de la rutina dibujada entre las nubes. Volver a llenar la mochila de sueños y de ilusiones, de plegarias y de deseos, de peticiones propias y ajenas, de besos, de abrazos, de intenciones, de pequeños y grandes secretos, de miradas, de mensajes, de silencios, de palabras... De fe... Y que nada pese salvo la ropa y los zapatos...

Volver para dejar mis huellas sobre otras huellas... Mis huellas sobre mis huellas...

(Fotografía: http://siguelashuellas.wordpress.com/2013/02/09/la-mochila-torcida-7o/)