Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Ama el Camino, peregrino

https://www.instagram.com/p/CSxHUDdMgzM/
(Fotografía.- Max Maximov)

Ama el Camino, ámalo, como un milagro, como un refugio, como una extensión de tu propio Ser. Ámalo, como un tesoro, como un prodigio, como un espejo limpio de tu alma. Ámalo, peregrino, ama el Camino, incluso antes de que sientas que lo amas verdaderamente, incluso antes de hacerlo tuyo y de sentir que te hace suyo. Ámalo, incluso antes del primer paso, del primer latido, del primer llanto, del primer suspiro, de la primera vez que te sientas peregrino. Ámalo, ámalo sin condiciones, incluso antes de su primera caricia, de su primer abrazo y del primer dolor clavándose en las plantas de tus pies. Ámalo, peregrino, ámalo. Y sabrás, cuando estés lejos, cuando sueñes con volver, cuando se enrede en tu alma la nostalgia, que ser peregrino no es andar y andar y andar sino ser un loco enamorado del Camino, al que vuelves siempre, para recorrerlo con el alma, igual que se recorre la piel desnuda de un amante.

Así te volviste peregrino

https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/)
Dejaste allí tus huellas. Y aunque las borrara el viento y otras huellas de otros caminantes, allí quedaron, volviéndose tierra en la tierra del Camino. Allí quedó tu abrazo al árbol centenario, como un surco invisible e imborrable en el tronco verdecido por el musgo. Allí quedó tu aliento fundiéndose en la niebla como si se besaran dos amantes. Y allí quedó tu piedra, sobre otras piedras, en el humilladero de una cruz desnuda. Y el roce de tus dedos dibujando en el cielo un horizonte.

Lo quieras o no, regresaste al hogar dejando en el Camino pedazos de tu alma. Y te trajiste en la mochila pedazos del alma del Camino. Así te volviste peregrino: desalmándote a pedazos, bendito loco enamorado que sueñas cada día con volver a los brazos de tu amante.

Ama el Camino, peregrino

https://www.instagram.com/p/CYfHCTMMZ0O/
(Fotografía.- Laura Zulian)
Ama el Camino, ámalo, como un milagro, como un refugio, como una extensión de tu propio Ser. Ámalo, como un tesoro, como un prodigio, como un espejo limpio de tu alma. Ámalo, peregrino, ama el Camino, incluso antes de que sientas que lo amas verdaderamente, incluso antes de hacerlo tuyo y de sentir que te hace suyo. Ámalo, incluso antes del primer paso, del primer latido, del primer llanto, del primer suspiro, de la primera vez que te sientas peregrino. Ámalo, ámalo sin condiciones, incluso antes de su primera caricia, de su primer abrazo y del primer dolor clavándose en las plantas de tus pies. Ámalo, peregrino, ámalo. Y sabrás, cuando estés lejos, cuando sueñes con volver, cuando se enrede en tu alma la nostalgia, que ser peregrino no es andar y andar y andar sino ser un loco enamorado del Camino, al que vuelves siempre, para recorrerlo con el alma, igual que se recorre la piel desnuda de un amante.

Ese Abrazo, ese Milagro

https://www.instagram.com/p/B7ytULZHugI/
(Fotografía.- Carlos Puebla)
Y ese Abrazo final, deteniendo el tiempo, estrechando todos los espacios, haciendo nuestros el tiempo y el espacio en ese paréntesis de nuestros cuerpos enlazados para atrapar en él la infinitud de nuestras Almas. Ese Abrazo, ese, tras el último paso, tras la última lágrima. Tras todos los cansancios, el Descanso final, apoyados el uno sobre el otro, el uno junto al otro, apretujando la Vida para Sentirla nuestra, toda nuestra, solo nuestra. Ese Abrazo, ese, ese Milagro, esa conjugación sin palabras del verbo Almar -que es Amar desde el Alma y con el Alma-, ese instante de Eternidad que creamos como si fuéramos dioses, allí, justo allí donde el Camino acaba para empezar de nuevo. Al fin y al cabo, el Camino, como la Vida, qué es sino una Inmensa Historia de Amor que siempre termina en un Abrazo que nos hace Eternos.

La cruz arriba

La cruz arriba, desnuda como el alma, atravesando el cielo incendiado de púrpura y naranja con la primera luz del nuevo día, los brazos abiertos como un inmenso abrazo de esperanza a quien perdió la fe hasta en sí mismo, un remanso de paz sin alambradas, un templo sin cúpula ni altares para buscar a Dios en la intemperie, un recuerdo clavándose en la tierra de aquellos peregrinos que llegaron al pórtico infinito de su gloria.

La cruz arriba, dibujando en el mapa de los sueños sus cuatro puntos cardinales: al sur, las huellas milenarias de la tierra; al norte, inmenso y puro, el cielo; al este, el sol que renace con la aurora; y al oeste, siempre el horizonte a donde se dirige el peregrino.

Ser peregrino en Compostela

Quedan atrás las emociones, los pulsos disparados, la plenitud del vacío en la llegada, ese fin del Camino que es principio, el Abrazo, los abrazos... Todo queda atrás menos la propia Compostela, como si fuera un mundo propio, ajeno al mundo, pendiente aún de descubrir.

Aún queda ser peregrino en Compostela, transitar sus estrechos callejones, acariciar su desnuda piel de piedra y enamorarte junto al árbol de los enamorados, en ese balcón de su Alameda desde el que vuelves a ser testigo del milagro de que quepa el infinito entre dos torres...

Desalmándote a pedazos

(Fotografía.- Sergio Saavedra)

Dejaste allí tus huellas.
Y aunque las borrara el viento
y otras huellas
de otros caminantes,
allí quedaron,
volviéndose tierra
en la tierra del Camino.
Allí quedó
tu abrazo al árbol centenario,
como un surco
invisible e imborrable
en el tronco verdecido
por el musgo.
Allí quedó tu aliento
fundiéndose en la niebla
como si se besaran
dos amantes.
Y allí quedó tu piedra,
sobre otras piedras,
en el humilladero
de una cruz desnuda.
Y el roce de tus dedos
dibujando en el cielo
un horizonte.
Lo quieras o no,
regresaste al hogar
dejando en el Camino
pedazos de tu alma.
Y te trajiste en la mochila
pedazos del alma del Camino.
Así te volviste peregrino:
desalmándote a pedazos,
bendito loco enamorado
que sueñas cada día
con volver a los brazos
de tu amante.

Tiempo de soñar y de amar el Camino

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B6RZvVIiWpM/)


Ahora es tiempo de soñarlo,
de hacerlo y deshacerlo cada instante,
cerrando los ojos y abriendo el alma.
Ahora es tiempo de amarlo,
de remover los cajones del recuerdo,
de revivir lugares
mirando los sellos que pusimos
en nuestra credencial de peregrino.
Ahora es tiempo de volver a casa,
de andar los caminos interiores
y de abrazar al Apóstol
en ese abrazo sin temores ni distancias
que solo puede dar el alma.
Ahora es tiempo de soñar
y de amar perdidamente ese Camino
que volverá a llevarnos,
cuando la noche pase,
a la eterna y soñada Compostela.
E ultreia, e suseia.
Protégenos, Señor Santiago,
en el difícil camino de estos días.

La nueva Compostela del principio


Tantas veces llegué,
por todas las sendas
que desembocan
en la Gloria del Apóstol,
finales del Camino en Compostela,
con la mirada perdida
en la inmensidad de dos torres
y el Alma latiendo
todos los sueños
que se hicieron realidad.
Y el Alma
siempre esperando el Abrazo
con el que todo termina
para empezar de nuevo.

Y ahora,
el final se ha vuelto principio,
kilómetro cero de los siguientes pasos
al Encuentro del Todo
donde me hago Todo
sin dejar de ser Nadie.
La misma plaza,
las mismas torres,
el mismo cielo azul de todos los veranos.
El mismo Abrazo
con el que todo empieza de nuevo.

Está preciosa
esta nueva Compostela
del principio.
Más desnuda que nunca
y seductora.

Voy a perderme en ella
antes de que el amanecer
me la arrebate.

Porque, entonces,
cuando amanezca,
ya solo seré parte del Camino...

La cruz arriba


Arriba, la cruz arriba.
Peregrino que sube sin aliento
la senda escarpada y pedregosa,
el camino a la cumbre de la sierra
-Atapuerca abajo,
la cruz arriba-,
el corazón rodando en cada piedra
que rueda monte abajo
cuando pisa,
el corazón clavado en cada piedra
donde la cruz se alza
cuando llega.
La cruz arriba,
desnuda como el alma,
atravesando el cielo
incendiado de púrpura y naranja
con la primera luz del nuevo día,
los brazos abiertos
como un inmenso abrazo de esperanza
a quien perdió la fe hasta en sí mismo,
un remanso de paz sin alambradas,
un templo sin cúpula ni altares
para buscar a dios en la intemperie,
un recuerdo clavándose en la tierra
de aquellos peregrinos que llegaron
al pórtico infinito de su gloria.
La cruz arriba,
dibujando en el mapa de los sueños
sus cuatro puntos cardinales:
al sur, las huellas milenarias de la tierra;
al norte, inmenso y puro, el cielo;
al este, el sol que renace con la aurora;
y al oeste, siempre el horizonte
a donde se dirige el peregrino.

(Fotografía: Kathy Smith.- https://www.instagram.com/p/BzY35Q2hiA2/)

Ese Abrazo final

Y ese Abrazo final,
deteniendo el tiempo,
estrechando todos los espacios,
haciendo nuestros
el tiempo y el espacio
en ese paréntesis
de nuestros cuerpos enlazados
para atrapar en él
la infinitud de nuestras Almas.
Ese Abrazo, ese,
tras el último paso,
tras la última lágrima.
Tras todos los cansancios,
el Descanso final,
apoyados el uno sobre el otro,
el uno junto al otro,
apretujando la Vida
para Sentirla nuestra,
toda nuestra,
solo nuestra.
Ese Abrazo, ese,
ese Milagro,
esa conjugación sin palabras
del verbo Almar
-que es Amar desde el Alma
y con el Alma-,
ese instante de Eternidad
que creamos
como si fuéramos dioses,
allí, justo allí
donde el Camino acaba
para empezar de nuevo.
Al fin y al cabo,
el Camino, como la Vida,
qué es
sino una Inmensa Historia de Amor
que siempre termina en un Abrazo
que nos hace Eternos.

(Fotografía: Xoan A. Soler)

Ese Abrazo posible

¡Siempre abrazo a tantos en ese Abrazo!

En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis manos.

Santiago mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara por sorpresa. Allí arriba es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso. Y es un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante.

El mundo está peor desde aquel Abrazo en que abracé a tantos y que quedó eternizado en una fotografía. Hoy ya no es posible subir hasta allí con una mochila en las espaldas, después de que tantas mochilas hayan golpeado a traición, por las espaldas.

Pero allí volveré, a mirar desde abajo el rostro de Santiago para descubrir que, en el rostro del Apóstol, está el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Allí, como siempre, esperándome.

Y volveré a subir, allí arriba, donde ya no hay rostro que me mire, para ese Abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.

Ese Abrazo, ese

Y ese Abrazo final,
deteniendo el tiempo,
estrechando todos los espacios,
haciendo nuestros
el tiempo y el espacio
en ese paréntesis de nuestros cuerpos enlazados
para atrapar en él
la infinitud de nuestras Almas.
Ese Abrazo, ese,
tras el último paso,
tras la última lágrima.
Tras todos los cansancios,
el Descanso final,
apoyados el uno sobre el otro,
el uno junto al otro,
apretujando la Vida
para Sentirla nuestra,
toda nuestra,
solo nuestra.
Ese Abrazo, ese,
ese Milagro,
esa conjugación sin palabras
del verbo Almar
-que es Amar desde el Alma
y con el Alma-,
ese instante de Eternidad
que creamos
como si fuéramos dioses,
allí, justo allí
donde el Camino acaba
para empezar de nuevo.
Al fin y al cabo,
el Camino, como la Vida,
qué es
sino una Inmensa Historia de Amor
que siempre termina en un Abrazo
que nos hace Eternos.

El final se ha vuelto principio

Finales que son un principio...

Tantas veces llegué, por todas las sendas que desembocan en la Gloria del Apóstol, finales del Camino en Compostela, con la mirada perdida en la inmensidad de dos torres y el Alma latiendo todos los sueños que se hicieron realidad. Y el Alma siempre esperando el Abrazo con el que todo termina para empezar de nuevo.

Y ahora, el final se ha vuelto principio, kilómetro cero de los siguientes pasos al Encuentro del Todo donde me hago Todo sin dejar de ser Nadie. La misma plaza, las mismas torres, el mismo cielo azul de todos los veranos hechos invierno. El mismo Abrazo con el que todo empieza de nuevo.

Voy al Mar desde el Mar. Desde mi Atlántico a mi Atlántico. Desde la "Finis Terrae" del Sur -y allí se puso el "Non Plus Ultra"- a la "Finis Terrae" del Norte. Más allá del Mar, solo habrá Horizonte. Más acá del Mar, mi Yo más Verdadero. Y otro Abrazo. Y otras dos torres que besan el cielo junto al mar. "Mar de Muxia / que en su barca de piedra / me llevaría".

Está preciosa esta nueva Compostela del principio. Más desnuda que nunca y seductora.

Voy a perderme en ella antes de que el amanecer me la arrebate.

Porque, entonces, cuando amanezca, ya solo seré parte del Camino...

(Santiago de Compostela, 24/2/2017)

Sin esta locura

Podría pensarse que coger vacaciones para caminar doscientos kilómetros con una mochila en la espalda es algo que está muy cercano a la locura.

"¿Otra vez?", es la pregunta que inevitablemente se repite.

"No, no es otra vez. Es la continuación de la primera vez", respondo yo, creyendo firmemente en lo que digo.

No es otro Camino. Es el mismo Camino que iniciara hace ya una eternidad de instantes y al que se han ido sumando etapas y kilómetros, paisajes renovados, incluso vueltos a ver, en esa aparente repetición de senderos donde no es posible dejar la misma huella por mucho que los transites.

Hago recuento en años y me salen cinco. Hago recuento en etapas y suman cincuenta y cinco. Hago recuento en kilómetros y van más allá de los mil doscientos. Hago recuento en latidos... y pierdo la cuenta.

Es el mismo Camino. El que siempre acaba en Compostela aunque a veces no acabe en Compostela. El que ando en invierno y en verano, por los cuatro puntos cardinales y todos los rumbos posibles de la rosa de los vientos, sin nadie y con todos, desde la soledad profunda o en compañía de almas compañeras del camino de la Vida.

El Camino de quien no deja de buscar para encontrarse. De quien no deja de Encontrar aunque no busque.

El Camino... Uno solo... Infinito... Que existirá mientras queden horizontes que alcanzar...

"¿Otra vez? Estás loco", me repiten.

"¿Otra vez? ¡Pero si apenas lo acabo de empezar!", les respondo.

Porque sin esta locura, creo que me volvería loco...

(Nueve etapas más, desde A Gudiña a Santiago. Doscientos kilómetros. Dos Almas peregrinas, confiando en llegar hasta un Abrazo).

Un abrazo inacabable

"No quiero que se acabe este abrazo, no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso" (Marwan Abu-Tahoun)

Después seguimos caminando juntos

"Nos besamos. Nos quedamos abrazados un buen rato. Y después seguimos caminando juntos" (Jorge Luis Zárate)

Abrazar un árbol


Abrazar un árbol es abrazar al mundo en un segundo.
Abrazas la vida de lo eterno y la sabiduría del silencio.

Abrazar un árbol, es entrar en la armonía
de sus profundas raíces
y sentir que tus pies están sembrados en la tierra
y que eres parte de ella.

Es descubrir los códigos secretos de nuestra esencia,
que están ocultos dentro de sus membranas,
y al igual que las notas en un pentagrama,
ella, la tierra, lleva toda la historia de la sinfonía de nuestra vida.

Abrazar un árbol, es entrar en contacto con el gran director de orquesta,
suaviza los sonidos agudos y mejora aquellos graves,
para armonizar cada nota con la vibración justa,
equilibrando todos tus mundos disonantes transformándolos en música.

Al Abrazar a un árbol, te reconcilias con la madre tierra,
ella te reconecta, sin palabras, abrazándote con su alma,
y devolverte la esencia divina a la que perteneces.

MARÍA EUGENIA PINAUD

(Fotografía.- http://elpaisquenuncaseacaba.blogspot.com.es/2012/05/camino-de-santiago-cuarta-etapa-sarria.html)