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| (Fotografía.- Laura Zulian) |
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Tu Camino
Alguien que busca
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| (Fotografía.- Michael Pitt) |
El peregrino es alguien que busca.
Se pone en camino detrás de una esperanza.
Cree que hay para él un lugar en el mundo.
Y lo busca, aún sin saber bien
qué es lo que lo empuja. O lo atrae...
Es un hombre que ama la vida
y quiere vivirla con un para qué.
Al ponerse en camino se expone
a que el Dios de la vida le cambie
el para qué de su existencia.
MAMERTO MENAPACE
Búsqueda y encuentro
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CbqKGT0MD-L/) |
El Camino: esa búsqueda y ese encuentro con uno mismo.
No temas a caminos y senderos
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B5GZZ8iCEeK/) |
No temas
a caminos y senderos,
porque siempre
te llevarán a ti.
ANTONI NEGRE COLMILLO
No cuentan las palabras
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B3oeuernmh3/) |
Sabe que las palabras en realidad no cuentan,
sólo lo que quieren decir muy dentro,
como un secreto, como una plegaria;
ésta es la única plegaria que cuenta.
JEAN-MARIE GUSTAVE LE CLÉZIO
Aguarda
Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieto, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.
SUSANNA TAMARO
Te pierdes o te encuentras
Te adentras, poco a poco, en la meseta castellana, ruda, árida, de caminos interminablemente rectos, altos de pendientes pronunciadas, lugares aparecidos como por arte de magia y horizontes tan lejanos que parecen inalcanzables. Pocas cosas se viven tan intensamente en el Camino como los días en la meseta burgalesa y palentina. Desde los desérticos y fantasmagóricos pueblos de adobe, donde puedes oír el eco de tus propias pisadas, a las dos decenas de kilómetros de un único y monótono paisaje, sin curvas, sin subidas ni bajadas, sin casas, sin árboles, sin nadie en las lontananzas de los cuatro puntos cardinales, sin ningún lugar donde detenerse. Solo tú contigo mismo. Y ahí no hay término medio: o te pierdes o te encuentras. Recorrer la meseta castellana a pie y sólo me parece una experiencia vital profundamente enriquecedora.
La clave es caminar
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cd6BlfZjQPi/) |
LUIS FERNANDO REDONDO
Cuando camino
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/) |
Lágrimas interiores
El amanecer de aquel día me sorprendió en medio de una nada absoluta. Una nada física, parcelada en cuatro franjas: las dos exteriores, un doble páramo extendiéndose en los cuatro horizontes que conforman los cuatro puntos cardinales; la segunda a la derecha, una carretera, el doble de ancha que el sendero de su izquierda, por el que yo caminaba. Ambos, carretera y sendero, perdiéndose también en las dos lontananzas de delante y de detrás. Mirara donde mirara, nada más. Páramos, carretera y sendero extendiéndose hasta un infinito inalcanzable, a norte, sur, este y oeste. Nada más. Y nadie más. Ni un alma. Ni nada que lo pareciera, aún en la lejanía, aunque solo fuera una simple imaginación, un espejismo. Como mucho, una desangelada hilera de árboles deshojados, casi esqueléticos.
Tanta nada me hizo sentir un jirón en el alma, no sabría explicar exactamente de qué: si un jirón de tristeza, de vacío, de soledad... o de todo a la vez. Recuerdo mirar al cielo, pensar que era domingo, que ese cielo estaba extrañamente azul (no estaba tan claro que no fuera a llover ese día) y lo surcaban hermosísimas nubes blancas, verdaderamente como si fueran de algodón. Recuerdo ponerme a rezar, no sé exactamente qué, no una oración al uso y estereotipada como el padrenuestro o similar. No era un rezo para pedir ni para dar las gracias. Era como un "ajuste de cuentas" con Dios, como una necesidad de cantarle y que me cantara las cuarenta. De repente, mi cabeza recreó la imagen de mi padre muriéndose... Y recuerdo, en ese justo instante, darme cuenta de que todo el paisaje se me había nublado porque tenía las pupilas empañadas. Había seguido andando sin mirar nada. Al fin y al cabo, no iba a haber ni una maldita curva a la que prestar atención. Me detuve en seco, me sequé los ojos... Y, entonces, me di cuenta de que aquella nada era más inmensamente hermosa de lo que hasta entonces podía haber apreciado, posiblemente porque la había estado mirando con el alma empañada...
Había sido necesaria aquella nada para limpiarme el alma. Aquel día sentí en mi fuero interno la certeza de que iba a llegar. Me di cuenta de que había llorado sin lágrimas. Que todo lo había llorado por dentro. Solo al final, las lágrimas interiores rebosaron y me empañaron los ojos. Como si fuera preciso velar el paisaje y volver a descubrirlo con ojos nuevos y limpios. Desde aquel momento, el Camino se convirtió en una auténtica explosión de los sentidos. Y no dejó de serlo hasta el final. No hubo más lágrimas, ni interiores ni exteriores, en todo el resto de los días. Así, que el día que llegué, lo lloré todo. Tal vez fueran todas las lágrimas interiores de aquella mañana, casi recién amanecida, que permanecieron allí, limpiándome por dentro, hasta que el Camino ya estuviera cumplido y hubiera llegado a la meta.
(Invierno de 2015. En algún lugar del páramo leonés, antes de llegar a Reliegos. Camino Francés)
La auténtica meta
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| (Fotografía.- Marcelo Argañaraz) |
Se llega a Compostela.
Se llega al Obradoiro.
Se llega a la Gloria del Apóstol, sí.
Pero la auténtica meta
está en llegar al fondo de uno mismo.
Y, entonces, comprender
que ya eres para siempre
un peregrino...
La búsqueda y el encuentro
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| (Fotografía.- Salvo Illigge) |
Caminante, viajero, ¿te has perdido?
Nadie que busque bien
puede encontrarse nunca.
¿No será la intemperie
una forma de abrir todas las puertas?
LORENZO OLIVÁN
Cuando el Camino llanea
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B8j2RJcnTMg/) |
La monotonía del paisaje invita a la mirada interior. Las largas llanuras, el páramo rudo y despojado de sombras, las interminables rectas donde se aleja el horizonte a cada paso, te hacen regresar a ti, a lo más profundo de tus adentros y de tus silencios. Cuando el Camino llanea, no todo se vuelve más sencillo. La soledad aprieta. Y duelen las ausencias inevitables. Y no existen refugios para el alma en los áridos páramos de uno mismo. Tal vez allí, en la monotonía hiriente de un paisaje que deja al peregrino al descubierto y enfrentado a sí mismo como ser y como esencia, uno plantea todas las preguntas, confiando en que el Camino le brinde todas las respuestas. Y responderá el Camino. Después, cuando vuelvan las sombras y se acerque el horizonte a cada paso...
Un tipo de nostalgia
| (Fotografía.- Tita Sorte) |
"Siempre hay un tipo de nostalgia por los lugares donde te reconoces a ti mismo" (Sam Shepard)
Un infinito de distancias infinitas
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CUTJpmSM8bg/) |
El Camino:
un partir de ti,
un infinito
de distancias infinitas
y un llegar a ti...
Diez años después
Aquel inolvidable 14 de septiembre, en que llegué por primera vez a Compostela. Grabada a fuego la fecha porque, de alguna manera, también celebro hoy un especial aniversario de Vida. Porque, en mi vida, en mi Ser, en todo lo que soy y lo que siento, hay un antes y un después de aquel 14 de septiembre.
El Camino -aquellos primeros doscientos y pico de kilómetros en el Camino- me había dejado visibles huellas en el cuerpo. Conté hasta seis ampollas en los pies -mi elección de zapatos no había sido desde luego la mejor- y una dolorosísima erupción en ambas piernas, que me trajo por la calle de la amargura desde prácticamente el segundo día. Pero, sobre todo, el Camino me había marcado el alma para siempre. Las ampollas se acaban secando y curando hasta que desaparecen. Pero las marcas del alma jamás se borran.
Al Camino fui con toda mi debilidad exterior e interior. Antes de partir, me preguntaba constantemente si realmente podría. Interiormente, me encontraba bastante desorientado y vacío. Espiritualmente vacío, podríamos decir, más allá de creencias y descreencias. Los miedos interiores eran aún mayores que los miedos exteriores. Solo había algo que conseguía calmarlos: la tremenda, la infinita ilusión que tenía por cumplir ese sueño, madurado desde muchos años atrás, de peregrinar hasta Santiago.
Y allí estaba, aquel 14 de septiembre, en Compostela, en el Obradoiro, delante de la Catedral, a la que llegué sólo como sólo empecé y anduve casi todo el Camino, más allá de los encuentros con gente maravillosísima de las que aún conservo el recuerdo inolvidable.
Porque si algo tuve claro también desde el principio, es que a Santiago iría sólo. No pensaba en la primera vez porque jamás pensé que pudiera haber más veces. Ni por la cabeza se me podía pasar que pudiera haber más veces. Así que la peregrinación, la única posible e imaginable por entonces, tenía que ser necesariamente sólo. Pero el primer pensamiento medianamente claro que tuve al llegar fue ese: "Volveré". Y allá que he vuelto, muchas veces ya, sólo o acompañado. Y siempre, al llegar, a donde fuera, a la propia Compostela o a cada una de las "pequeñas compostelas" que han servido de punto y seguido en mi Camino -porque sigue siendo mi Camino, uno solo, lo que hago siempre es volver para continuarlo, por aquí, por allá, porque es tan infinito que no tiene ni un principio ni un final determinado- he tenido el mismo pensamiento: "Volveré".
Y aquí estoy, en este 14 de septiembre de diez años después, anhelando eso mismo: volver. A reencontrarme con mi Yo más verdadero, capaz de vencer todas las dificultades, aceptándolas primero y afrontándolas después, espiritualmente pleno, más allá de las creencias y las descreencias. Con mi Yo-esencial, donde lo físico, sinceramente, importa poco más allá de saber cuál es la medida de mis posibilidades y no excederme jamás de esa medida que lleva a andar siempre despacio -el Camino, el mío al menos, no está hecho para andar deprisa-, y descansar siempre que sea preciso recobrar el aliento. Lo realmente trascendente es la Esencia, lo que verdaderamente Somos bajo la piel y la apariencia externa. El Camino me dejó el alma completamente desnuda y a la intemperie. Y así fue como empecé a Encontrarme a mí mismo y conmigo mismo y a Sentirme parte de un Todo al que pertenecía y que, a la vez, me pertenecía. Y así fue como descubrí que era posible experimentar la Plenitud de la Magia en comunión con la Naturaleza: mi propio concepto de Dios.
Y por eso vuelvo: para seguir Buscando. Para seguir Encontrando. Para llenar vacíos. Para vaciarme de todo aquello que me pesa en el camino de la Vida. Porque el Camino es un bálsamo. Y un aprendizaje. Y una Necesidad de Ser y de Estar.
Porque el gran reto del peregrino, mi gran reto de cada día, no es descubrir que el Camino es una metáfora de la vida, sino empezar a concebir la vida como una metáfora del Camino...
Encontrarse fuera del tiempo y del mundo
“El Camino es una forma de encontrarse fuera del tiempo y del mundo, en un hermoso equilibrio entre el exterior e interior. Después de llegar a Santiago de Compostela, se puede descubrir con asombro que, aunque el destino es importante, lo más provechoso fue el propio camino”.
El espíritu del peregrino
"El espíritu del peregrino consiste en profundizar en nuestra búsqueda interior mientras caminamos, aprender a valorar las pequeñas cosas que nos rodean y a convivir en armonía con el resto de peregrinos, prestando nuestra ayuda, comprensión y generosidad siempre que se necesite" (Fernando Borjas)
Búsqueda y encuentro
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| (Fotografía.- UltreiaLM) |
El Camino: esa búsqueda y ese encuentro con uno mismo.
El Camino está en ti mismo
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| (Fotografía.- Brittany Lancaster Kemp) |
El Camino no está en la tierra.
El Camino no está en el cielo.
El Camino está en ti mismo.
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