Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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El regreso al punto de partida

https://www.instagram.com/p/Cwyd58SquGf/
(Fotografía.- Roberta Ferrario)

Hay un instante en que se pierde la mirada en el vacío, como si fuera necesario el reencuentro con uno mismo antes de volver al mundo. Te hiciste camino en el Camino pero el Camino acaba y ya sientes el suave arañazo de la nostalgia. Después asumirás que el Camino empieza allí donde pusiste fin a tus pasos peregrinos. Pero eso será después. Ahora solo sientes que el final ha llegado, que te duele el cuerpo -y el alma-, que cuando te levantes y vuelvas a colgarte la mochila, solo habrá calles de ciudad que te conducirán tal vez al último refugio de la noche, tal vez a una estación de tren o de autobuses, tal vez a un aeropuerto. El regreso al punto de partida. ¿Cómo se vuelve a ser lo que uno era antes de que el Camino te hiciera peregrino para siempre?

El reflejo del alma peregrina

https://www.instagram.com/p/CcijJHsLLwj/
(Fotografía.- Tommaso Ferrari)






Y en ese instante
habitado de silencio y soledad,
vio el reflejo de su alma peregrina
y supo al fin quién era...

El cielo será tuyo

https://www.instagram.com/p/CTSzFHgNr7S/
(Fotografía.- Juanra González)







El cielo será tuyo, peregrino,
si detienes tus pasos un instante
y alzas la mirada...

Un horizonte por alcanzar

https://www.instagram.com/p/CFsdF51qGw6/
(Fotografía.- Monika Pietrasik)







"Prefería sentirse por un instante pájaro libre cruzando la vida, sin dolores pendientes. Con el verde a sus pies, el azul sobre sus hombros y un horizonte infinito por alcanzar" (Ángela Becerra)

El alma boceta sus paisajes

(Fotografía.- Xosé Castro)
El alma boceta sus paisajes, recrea sus espacios, encuentra sus paraísos perdidos. Y los hace suyos para vagar por ellos un instante. O una eternidad de ese tiempo sin tiempo que tan solo es medible por latidos.

Yo ya he estado allí (¡y el alma ha regresado tantas veces!). Y he sentido el frío de sus amaneceres del verano tardío erizándome la piel. Y he llegado exhausto. Sólo, en mi profunda soledad. Y también con esa compañía donde la soledad no se quebranta. Y he vuelto sin mochila, a comprobar que existe simplemente.

Y allí, por vez primera, supe que Dios se baña en un océano de nubes.

Ahora, tal vez, allí estará nevando. Como aquí, en este alma que boceta ese paisaje, que recrea ese mágico espacio y que encuentra en él, una vez más, su paraíso perdido. Y lo hace suyo, suyo, suyo, para vagar por él en esa eternidad de un breve instante.

Ese Abrazo posible

¡Siempre abrazo a tantos en ese Abrazo!

En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis manos.

Santiago mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara por sorpresa. Allí arriba es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso. Y es un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante.

El mundo está peor desde aquel Abrazo en que abracé a tantos y que quedó eternizado en una fotografía. Hoy ya no es posible subir hasta allí con una mochila en las espaldas, después de que tantas mochilas hayan golpeado a traición, por las espaldas.

Pero allí volveré, a mirar desde abajo el rostro de Santiago para descubrir que, en el rostro del Apóstol, está el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Allí, como siempre, esperándome.

Y volveré a subir, allí arriba, donde ya no hay rostro que me mire, para ese Abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.

Tiempo sin tiempo

Es otro tiempo el tiempo del Camino, otro espacio, otro pulso. Cabe la eternidad en un instante y cada instante eterniza nuestro tiempo. Porque el tiempo del mundo quedó atrás, en esa dimensión de lo cotidiano de la que hemos conseguido no escapar sino trascender. Porque el Camino es trascendencia. Del tiempo, de los espacios cercados por fronteras, de los pulsos agitados en esas interminables cuestas de la vida. Es trascendencia de todo lo que somos. O de lo que nos obligan a ser. Porque en ese más allá de las fronteras cotidianas, es posible el Encuentro con nuestro Verdadero Ser. Sin límites.

El tiempo del Camino nos pertenece porque es exclusivamente nuestro y podemos conformarlo a nuestro antojo. Al Camino no le sobra ni un instante porque cada instante es un preludio de lo eterno. 

Tiempo sin tiempo. Espacio infinito.

Porque el Camino es un infinito que se enreda en el pulso del Alma peregrina. Y allí se eterniza. Y se va haciendo tuyo. Y te va haciendo suyo.

Qué le falta a la vida

"Me pregunto qué le falta a la vida cuando la belleza la cruza durante un instante. Tal vez nada" (Christian Bobin)

(Fotografía: Kevin O Neill.- https://goo.gl/3bgd7T)

Dos vidas, un instante

"Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad..." (Vladimír Holan)

(Fotografía: Anastasia Sukhanova)

Siempre el Camino

Siempre el Camino.
Siempre un comienzo
sin final posible.
Da igual donde empieces.
Da igual donde termines.

El Camino no deja de ser un infinito
enredándose en el alma.
Y allí se eterniza.
Y allí se vuelve tuyo.
Y allí te vuelves suyo.

Uno cree regresar
cada vez que ahonda
en sus recuerdos peregrinos.
Y realmente regresa.
A un momento.
A un instante.
A un paso tras otro paso.
A un cansancio.
A un paisaje.
A un punto exacto de la vida.

A este punto exacto de la vida...

(Fotografía: Miguel Muñiz.- http://miguelmuniz.blogspot.com.es/)

Supo al fin quién era

(Fotografía: Cristina Ortega)









Y en ese instante habitado de silencio y soledad, vio el reflejo de su alma peregrina y supo al fin quién era...