Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Con los ojos cerrados y el alma despierta

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CE86x4hH1or/)
Ahora que había llegado, echaba la vista atrás y el inicio le parecía muy lejano. Porque el primer paso quedaba muy atrás en el tiempo. El primer paso. Sonrió al recordarlo. La noche casi a punto de ser vencida, el frío inevitable de un amanecer intuyéndose en el cielo violeta, la calle desierta. Y el corazón palpitante, como ahora, retumbando en las fachadas de las casas, en aquel callejón donde iniciaba su aventura. El primer paso. ¿Cuántos habría dado hasta llegar allí? ¿Cuántos miles de pasos habrían conformado su Camino? Su mente divagaba, sin apartar su mirada de la inmensidad arquitectónica de la Catedral. El cuerpo vencido, los pies descalzos, la cabeza apoyada en la mochila. Entonces, se dio cuenta que lloraba. Y cerró los ojos.

Con los ojos cerrados y el alma despierta, dibujó en su mente la película completa de un Camino inacabable. Porque aquella meta del Obradoiro no era más que el principio de un Camino con comienzo pero sin fin. Pensó en lo infinito, en lo eterno, en lo inabarcable de lo inacabable. Y se sintió pequeña en aquella inmensidad de un tiempo sin tiempo.

Respiro

Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado.

Cuando camino

https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/)
Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado. Por cosas como estas me gusta caminar en absoluta soledad. Creo que no sería capaz de hacerlo con alguien al lado, conocido o desconocido. Preciso de un espacio de intimidad absoluta con el Universo. Solos Él y yo. Como si cualquier otra presencia física incomodara e hiciera inviable ese momento. Cuando camino, detengo el tiempo cotidiano y dejo fluir un tiempo que se mide por otros parámetros. Cuando camino, canto, rezo, callo, sufro, pienso, no-pienso, pero todo es absolutamente indeterminado. Todo surge. Todo fluye. Desmedidamente. Sin medida alguna. Como si dentro de mí se desencadenara una explosión inevitable de fuegos de artificio, imprevisibles en sus formas y en sus colores. Suben y explotan, uno tras otro. Hasta que el último sume todo en un profundísimo silencio. Cuando camino, yo Soy el Camino. Sin mí, el Camino no existe. Sin mí, el Camino no tiene Sentido.

El alma se arrodilla

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(Fotografía.- Lucía Balestrieri)



Detenidos los pasos, el alma se arrodilla. Ante Dios, quien tenga a Dios por fuerza y por cobijo. Ante la inmensidad del Universo, que es verdad innegable para todos. Tal vez el cuerpo se venza de cansancio. O baste la emoción de la llegada. O la necesidad de una plegaria. O el silencio que acompaña la profundidad con la que todo se contempla desde abajo. Detenidos los pasos, alcanzada la meta, el alma se arrodilla. Como una ofrenda. Como un tributo. Como un prodigio: el de dejarse acariciar por Dios, quien tenga a Dios por fuerza y por cobijo. O el de agradecer a la Vida ser parte del Camino y de la inmensidad de ese Universo, que es verdad innegable para todos.

Sentirte infinito

https://www.instagram.com/p/CW_T_VOKLdx/
(Fotografía.- Roberta Danesin)





Y en ese momento,
en esa inmensidad,
en esa soledad
y en ese silencio,
te juro que me sentí
infinito...

Cosas que quiero que el viento me borre


En su "Primavera con una esquina rota", Benedetti escribió:

"No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir, cosas que quiero borrar".

Y ahí voy, dejando que el viento me borre cosas que quiero borrar...

Borro la estupidez
de mis estúpidos momentos,
la ira de mis noches
sin estrellas,
la soledad pretendida
como amante,
la inútil añoranza de lo inútil.

Borro la inmensidad
de mis tristezas,
el estruendo brutal
de mis ruidos,
el oscuro arrebato
sin destino
y los pasos que me alejan
del próximo horizonte.

Borro el ser
que no quiero ser.

Y borro de un plumazo
todo aquello que no soy.

(Nájera, 9/2/2016)

El Camino regala

(Fotografía.- Simon Chan)




El Camino da y quita,
nos prueba y nos aprueba
si aprendemos a amarlo,
nos impregna de él
y nos hace ser inmensos
al volvernos parte
de su misma inmensidad.
El Camino regala,
sin pedir nada a cambio.
Simplemente regala,
cuando se le antoja...

Todo es horizonte

(Fotografía.- Karim Martínez Gión)


Castilla más que ancha es inmensa. Y está hecha para regalar su inmensidad a quien la contempla. En tanta inmensidad uno se siente pequeño. Pero a la vez te envuelve tanto que uno se siente parte de todo un infinito que se extiende más allá del horizonte. Mires donde mires, todo es horizonte. Alcanzas uno y aparece otro. Y otro detrás. Entonces, te das cuenta que la vida es un camino donde vas conquistando horizonte tras horizonte, hasta hacerte tan infinito como el paisaje...

La emoción de la llegada

(Fotografía: Tiago Pinto)


La emoción de la llegada...

Indefinible, indescriptible, expresada de mil millones de maneras distintas...

Unos ríen, otros lloran, otros se abrazan, hay quienes solo son capaces de cerrar los ojos para volver a abrirlos y comprobar que no es un sueño, otros miran a un infinito dibujado en la inmensidad de dos torres... 

Y hay quienes, simplemente, se arrodillan y callan...

El Camino nos vuelve mágicos


En realidad, la magia está dentro de nosotros. Lo que logra el Camino es que aflore al exterior. Tal vez esa sea la auténtica magia del Camino: que deja al descubierto nuestra magia. Al desnudo. A la intemperie.

Creemos que descubrimos la magia en el paisaje que nos abruma y nos envuelve, en el bosque profundo, en la inmensidad inabarcable de un amanecer, en la propia soledad de andar solos y de estarlo verdaderamente. Y es cierto que existe ese halo invisible, ese hilo conductor que nos une el alma a la tierra, indisolublemente.

Pero la magia que no esperamos descubrir es la de la sonrisa haciendo frente al cansancio propio y ajeno, la de la mano tendida cuando las piernas flojean, la del deseo inacabable de que el Camino nos sea realmente bueno.

Y esa magia nos atrapa para siempre.

El Camino nos vuelve mágicos. O nos hace descubrir que lo somos.

No es posible sentir la plenitud de ser peregrino si no se cree en la magia...

La inmensidad de un tiempo sin tiempo

Pensé en lo infinito, en lo eterno, en lo inabarcable de lo inacabable. Y me sentí pequeño en aquella inmensidad de un tiempo sin tiempo.

Encontrarte con el alma

(Fotografía: Maria Anna Rocco)
Arriba del todo, en Cruz de Ferro, cumplí con el rito peregrino de arrojar mi piedra sobre el montículo en el que se clava la cruz más sencilla y desnuda que jamás haya visto en mi vida. Una cruz como la de aquellos versos de León Felipe: sin añadidos ni ornamentos, el astil disparándose a los cielos, rematado en aquella cruz pequeña, diminuta, tan sencilla y desnuda que costaba trabajo entender su relevancia. Hasta que fui capaz de contemplarla con el alma. Y, entonces, fui capaz de encontrarte con el alma.

Porque a aquella pequeña Compostela de otro tiempo de Vida en el Camino yo había subido para encontrarme contigo, en la Inmensa Soledad de lo Infinito. Y allí estábamos los dos. Como si no existiera nadie más en este mundo. Tú y yo. Solos. Junto a la Cruz. En el punto más alto del Camino. En el sitio exacto donde el Camino estaba más cerca de tu Cielo...

Vida confundida con el universo

"Es inevitable que confunda mi vida con la del universo. La vida es una mirilla, un mero agujerito que da a una inmensidad" (Yann Martel)

(Fotografía: Villar López.- http://www.iway.com.es/)

Y me sentí pequeño

Pensé en lo infinito, en lo eterno, en lo inabarcable de lo inacabable. Y me sentí pequeño en aquella inmensidad de un tiempo sin tiempo...