Camina sin prisas. Contempla sin prisas. Detente a conversar. El Camino también es su gente, su buena gente, que "no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta". "Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan", como aquellas del poema machadiano. E invitan a soñar y a vivir cuando pasas. Después, al despedirte, te dirán: "Buen Camino". Que suena a bendición porque tal vez lo sea. Si les miras a los ojos, encontrarás en ellos lo sagrado. "Buen Camino, peregrino": la bendición más hermosa de quienes son parte esencial e inseparable del Camino.
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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La gente del Camino
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| (Fotografía.- Elia A. Brito) |
Camina sin prisas.
Contempla sin prisas.
Detente a conversar.
El Camino también es su gente,
su buena gente,
que "no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta".
"Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan",
como aquellas del poema machadiano.
E invitan a soñar
y a vivir
cuando pasas.
Después,
al despedirte,
te dirán: "Buen Camino".
Que suena a bendición
porque tal vez lo sea.
Si les miras a los ojos,
encontrarás en ellos lo sagrado.
"Buen Camino, peregrino":
la bendición más hermosa
de quienes son parte
esencial e inseparable
del Camino.
El templo: la frontera sin guardia
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| (Fotografía.- Claudio Pupi) |
Afuera queda el mundo, con sus ruidos y bullicios,
su gente que pasa, sus tiempos con prisas, sus tristes soledades en tantas
multitudes. Adentro, la quietud y el tiempo detenido, la paz queriendo abrirse
paso en tantas batallas interiores, el silencio profundo restallando en el alma
como un grito de Dios. Para eso está el templo: para ser refugio, albergue del
alma, lugar de acogida para el que precisa escapar del mundo siquiera un
momento. Las puertas abiertas para el creyente y para el descreído, para el que
va de paso y para el que busca quedarse un momento a solas con Dios. O consigo
mismo. El templo, la frontera sin guardia entre lo mundano y la trascendencia,
la invitación al descanso y al cobijo del alma cansada de andar a la
intemperie, del alma peregrina que, a veces, no sabe bien a dónde se dirige. El
templo, metáfora del Templo infinito del Camino y de todos sus sagrados espacios,
sin techos ni cúpulas, donde es posible escapar del mundo y dejar que Dios te
atraviese el alma.
Ir despacio
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| (Fotografía: Macarena Mateo) |
La gente corre tanto
porque no sabe dónde va,
el que sabe dónde va,
va despacio,
para paladear
el "ir llegando".
GLORIA FUERTES
La gente del Camino
Camina sin prisas.
Contempla sin prisas.
Detente a conversar.
El Camino también es su gente,
su buena gente,
que "no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta".
"Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan",
como aquellas del poema machadiano.
E invitan a soñar
y a vivir
cuando pasas.
Después,
al despedirte,
te dirán: "Buen Camino".
Que suena a bendición
porque tal vez lo sea.
Si les miras a los ojos,
encontrarás en ellos lo sagrado.
"Buen Camino, peregrino":
la bendición más hermosa
de quienes son parte
esencial e inseparable
del Camino.
Mi poco de fe
"Mi gente, mi casa, mi poco de fe... Me llaman, me emplazan, me dicen... Vuelve" (Eladia Blazquez)
(Fotografía: Xoán A. Soler.- http://www.lavozdegalicia.es/sc/x/default/2015/06/02/0012_201506S2C4F1jpg/Foto/S2C4F1.jpg)
La gente siempre deja huellas
"La gente siempre deja huellas. Ninguna persona está exenta de una sombra" (Henning Mankell)
(Fotografía: Ana María Lasheras.- https://www.flickr.com/photos/anamlasheras/6984816991)
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