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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B7BnLzln05z/) |
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Nada se detiene
Entre la bruma del sueño
Allí regresas, en los sueños repetidos de las noches donde te buscas y te encuentras, allí, allí donde llegaste con los pies heridos y el alma cosida a costurones, rehecha, latiéndote el pulso en las sienes, en la piel, en todos los sentidos que van más allá de los sentidos. Allí vuelves, en ese viaje peregrino que rompe la rutina y los vacíos, los ecos sordos de la ciudad, el camino sin rumbo de lo cotidiano. Y allí estás, entre la bruma del sueño, contemplando una vez más el infinito entre dos torres.
Despiertas. La niebla se disipa. Regresas a la vida.
Al alma peregrina se le suelta una costura.
Venciendo el cansancio
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| (Fotografía.-Javier Yarnoz Sánchez) |
Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el
cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos
que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus
músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa
y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.
No te apresures en seguir andando. Deja que el alma
llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido
hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio
cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu
cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.
Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta
todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste.
Siempre venciste. A pesar del cansancio.
El próximo lo tienes al alcance de la vista.
Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen.
Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena
seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila.
Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.
Como siempre que sigues andando, a la conquista del
próximo horizonte.
Sube, peregrino, sube
Multiplica por cuarenta y siete el esfuerzo, los latidos del corazón desbocado, sube, peregrino, sube, peldaño a peldaño. Deja el río atrás, abajo, deja que fluya en su corriente imparable bajo el puente, mañana volverás a él. Hoy toca alcanzar la cima del espejo de ciudad que sucumbió bajo el agua y contemplar el milagro de la antigua fortaleza levantada, piedra a piedra, como templo. Como tus pasos, levantados uno a uno, peldaño a peldaño, sobre otro puente. Multiplica por cuarenta y siete los pulsos del alma. Y sube, peregrino, sube, como quien sube la escalera de su propia existencia, sabiendo que la gloria siempre se encuentra en lo más alto.
Ser peregrino en Compostela
Quedan atrás las emociones, los pulsos disparados, la plenitud del vacío en la llegada, ese fin del Camino que es principio, el Abrazo, los abrazos... Todo queda atrás menos la propia Compostela, como si fuera un mundo propio, ajeno al mundo, pendiente aún de descubrir.
Aún queda ser peregrino en Compostela, transitar sus estrechos callejones, acariciar su desnuda piel de piedra y enamorarte junto al árbol de los enamorados, en ese balcón de su Alameda desde el que vuelves a ser testigo del milagro de que quepa el infinito entre dos torres...
Venciendo el cansancio
Claman las voces del cuerpo vencido, quejidos que
te afrentan, punzadas hirientes en los pies cansados del largo camino. Te
retan, creyéndose siempre vencedores de un combate desigual contra tus ganas de
alcanzar otro horizonte. Se apoderan de tu mente. Y de tu alma. Los cansancios
del alma son más fuertes que los del cuerpo porque siempre desgastan en
silencio.
Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el
cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos
que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus
músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa
y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.
No te apresures en seguir andando. Deja que el alma
llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido
hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio
cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu
cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.
Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta
todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste.
Siempre venciste. A pesar del cansancio.
El próximo lo tienes al alcance de la vista.
Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen.
Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena
seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila.
Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.
Como siempre que sigues andando, a la conquista del
próximo horizonte.
(Fotografía: Lisa Merlot.- https://www.instagram.com/p/BnQHE6og7p8/)
Tiempo sin tiempo
Es otro tiempo el tiempo del Camino, otro espacio, otro pulso. Cabe la eternidad en un instante y cada instante eterniza nuestro tiempo. Porque el tiempo del mundo quedó atrás, en esa dimensión de lo cotidiano de la que hemos conseguido no escapar sino trascender. Porque el Camino es trascendencia. Del tiempo, de los espacios cercados por fronteras, de los pulsos agitados en esas interminables cuestas de la vida. Es trascendencia de todo lo que somos. O de lo que nos obligan a ser. Porque en ese más allá de las fronteras cotidianas, es posible el Encuentro con nuestro Verdadero Ser. Sin límites.
El tiempo del Camino nos pertenece porque es exclusivamente nuestro y podemos conformarlo a nuestro antojo. Al Camino no le sobra ni un instante porque cada instante es un preludio de lo eterno.
Tiempo sin tiempo. Espacio infinito.
Porque el Camino es un infinito que se enreda en el pulso del Alma peregrina. Y allí se eterniza. Y se va haciendo tuyo. Y te va haciendo suyo.
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