Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Nada se detiene

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B7BnLzln05z/)
No se detiene el tiempo pero es otro tiempo el tiempo del Camino. Se percibe cuando quedan atrás las urbes de asfalto, donde contemplas las prisas de un mundo que te mira retadoramente o que te ignora, tal vez el propio mundo del que vienes y que ahora miras como un extraño que deambula por sus calles, queriendo escapar. Percibes que es otro tiempo el tiempo en los largos senderos entre campos de cultivo, otro pulso, otra dimensión donde el reloj no marca las horas porque no existe más tiempo que medir que el del sol naciendo con la aurora y muriendo en el ocaso. Otro tiempo cuando cruzas las aldeas que quedaron ancladas en otros tiempos, donde huele a estiércol puro y vivo que fertiliza la tierra, donde el agua brota limpia de sus fuentes, donde todo parece detenido pero nada se detiene, solamente avanza poco a poco como la recua de vacas que transita con parsimonia el empedrado de una calle por donde sigue el Camino.

Eterna y Secreta Compostela

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(Fotografía.- Juan Figueirido)
Eterna Compostela, más eterna que antigua, como la describiera Valle-Inclán. Mágica Compostela de callejones estrechos que te abrazan y donde el tiempo parece detenido. Ruelas que te atrapan, envolviéndote, acariciándote la piel con su piel de piedra. Con sus manos de mujer.

Secreta Compostela, de espacios que descubres con el alma sorprendida, como si fuera un prodigio. Lo escribió Cunqueiro, que uno se acerca a Compostela como quien se acerca al milagro. Y uno se aleja de ella, dejando allí pedazos de su alma. Y por eso hay que volver, a juntarlos de nuevo, a recomponerlos, a recomponerla. Que uno siempre se aleja de ella llevándose en el alma un pedazo de la suya.

Qué ganas tengo de volver a amarte, seductora Compostela, linda muchacha. Sin prisas. Sin pausas.

Como aquella primera vez que te tuve desnuda entre mis brazos...

La frontera sin guardia

(Fotografía.- Victoria @clauditichi)

Afuera queda el mundo, con sus ruidos y bullicios, su gente que pasa, sus tiempos con prisas, sus tristes soledades en tantas multitudes. Adentro, la quietud y el tiempo detenido, la paz queriendo abrirse paso en tantas batallas interiores, el silencio profundo restallando en el alma como un grito de Dios. Para eso está el templo: para ser refugio, albergue del alma, lugar de acogida para el que precisa escapar del mundo siquiera un momento. Las puertas abiertas para el creyente y para el descreído, para el que va de paso y para el que busca quedarse un momento a solas con Dios. O consigo mismo. El templo, la frontera sin guardia entre lo mundano y la trascendencia, la invitación al descanso y al cobijo del alma cansada de andar a la intemperie, del alma peregrina que, a veces, no sabe bien a dónde se dirige. El templo, metáfora del Templo infinito del Camino y de todos sus sagrados espacios, sin techos ni cúpulas, donde es posible escapar del mundo y dejar que Dios te atraviese el alma.

Con calma. Con alma

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(Fotografía.- Roberta Ferrario)



Sin prisas, que sabes dónde vas. Descansa. Respira. Tómate tu tiempo en detener el tiempo. El mundo sigue su frenético rumbo. Tú, sin embargo, has encontrado belleza en la lentitud. Despacio. Abraza tu esencia. El Camino hay que andarlo con calma. El Camino hay que andarlo con Alma.

Con los ojos cerrados y el alma despierta

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CE86x4hH1or/)
Ahora que había llegado, echaba la vista atrás y el inicio le parecía muy lejano. Porque el primer paso quedaba muy atrás en el tiempo. El primer paso. Sonrió al recordarlo. La noche casi a punto de ser vencida, el frío inevitable de un amanecer intuyéndose en el cielo violeta, la calle desierta. Y el corazón palpitante, como ahora, retumbando en las fachadas de las casas, en aquel callejón donde iniciaba su aventura. El primer paso. ¿Cuántos habría dado hasta llegar allí? ¿Cuántos miles de pasos habrían conformado su Camino? Su mente divagaba, sin apartar su mirada de la inmensidad arquitectónica de la Catedral. El cuerpo vencido, los pies descalzos, la cabeza apoyada en la mochila. Entonces, se dio cuenta que lloraba. Y cerró los ojos.

Con los ojos cerrados y el alma despierta, dibujó en su mente la película completa de un Camino inacabable. Porque aquella meta del Obradoiro no era más que el principio de un Camino con comienzo pero sin fin. Pensó en lo infinito, en lo eterno, en lo inabarcable de lo inacabable. Y se sintió pequeña en aquella inmensidad de un tiempo sin tiempo.

Ese paréntesis de tiempo detenido

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2023/02/07/perfil-peregrinos-camino-santiago-90-catolicos-48-motivos-espirituales-mayoria-gasta-80-euros-dia/00031675773137403319865.htm
(Fotografía.- Xoan A. Soler)
Esos puntos suspensivos del alma, ese paréntesis del tiempo detenido, ese cuerpo vencido sobre el suelo y bajo el cielo del Obradoiro, ese estar, ese Ser, ese epílogo con vocación de prólogo, ese final preludiando otro principio…

Ya los ojos lo miraron todo, los pies lo anduvieron todo, el corazón –ay, el corazón- lo palpitó todo. El Camino que fue se convirtió en recuerdo. El Camino que será ni siquiera empezó a soñarse. En ese presente, sin pasado ni futuro, la mirada se pierde, los pies se descalzan, el corazón –ay, el corazón- recobra sus pulsos.

Ese paréntesis del tiempo detenido. Esa pequeña y dulce muerte antes de regresar al camino de la Vida. Esa plenitud del vacío. Ese infinito entre dos torres. Ese sueño acabado. Ese sueño que empieza. Esos puntos suspensivos del alma. Esa locura de saberte para siempre peregrino.

Los pálpitos del alma

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(Fotografía.- Juan Carlos Navarro)
Le encorva el peso de la vida, el paso del tiempo que pasa y pesa sobre el ajado cuerpo. Firme la mirada, sin embargo, descubridora de la belleza que eterniza el alma. Detiene sus pasos y siente que el tiempo se detiene. Respira hondo y contempla la vida que sigue pasando pero ya no pesa. Siente los pálpitos del alma sin arrugas. Camina y el Camino es él mismo en todas sus edades. Porque sabe que ser peregrino no es una cuestión de años sino de latidos. Y los siente, uno a uno, en su alma sin tiempo.

Cuando no sucede nada

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(Fotografía.- Alejandro Caravaca Hurtado)
En el Camino hay etapas donde parece que no sucede nada. Como aquellas que atraviesan el páramo leonés: árido, rudo, castigado por fríos vientos en invierno y por el sol abrasador en verano. Sin apenas sombra, llanea y llanea durante kilómetros, atravesando pueblos de nombres evocadores: Trobajo del Camino, La Virgen del Camino, Valverde de la Virgen, San Miguel del Camino, Villadangos del Páramo, San Martín del Camino... Todo evoca el origen de esta sirga jacobea. Pero, en el páramo, a uno se le antoja una utopía alcanzar el próximo horizonte.

Aquella jornada, el páramo me brindó la mayor de las soledades. En mi cuaderno escribí: "Sin día, sin fecha, sin tiempo... La infinitud solo se alcanza sin mirar el reloj". Y así anduve toda la jornada: sin saber qué día era, sin saber qué hora era...

Pero en esos instantes de silencio y soledad, busqué en el interior de mi alma peregrina.

Y supe, al fin, quién era...

Porque pueden pasar cosas transcendentes en esas etapas donde parece que no sucede nada.

Caminostalgias

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CO71dSbsY1r/)
Añoro el Camino...

Los amaneceres del Camino. Los inmensos ocasos del Camino. Las lunas llenas del Camino. Las noches sin luna del Camino. Los días sin días del Camino. El tiempo sin tiempo del Camino. La soledad del Camino. La compañía en el Camino. Los peregrinos del Camino. Las almas que caminan el Camino. Las sonrisas regaladas del Camino. Los llantos porque sí y porque no en el Camino. Las flechas amarillas del Camino. Buscarme, perderme y encontrarme en el Camino. El fango en el Camino. Las tormentas en el Camino. El sol aplastante en el Camino. La niebla que acaricia al peregrino. La nieve volviendo cielo la tierra del Camino. Los inviernos y veranos del Camino. Todos los puntos cardinales del Camino. La Magia del Camino. La Magia en el Camino. Los horizontes del Camino. Los cansancios y descansos en el Camino. Llegar. Y abrazar. Y llorarlo todo. Y reírlo todo. Y volver del Camino. Y volver al Camino. 

Caminostalgias: esas huellas que el Camino ha marcado profundamente en el Alma...

Silencio

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CXRfdRas8Zd/)





Silencio...

El mágico sonido del agua rompe un silencio de diez siglos incrustados en los muros de un aljibe...

Aquel lugar no pertenece a este tiempo...

Cuando camino

https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/)
Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado. Por cosas como estas me gusta caminar en absoluta soledad. Creo que no sería capaz de hacerlo con alguien al lado, conocido o desconocido. Preciso de un espacio de intimidad absoluta con el Universo. Solos Él y yo. Como si cualquier otra presencia física incomodara e hiciera inviable ese momento. Cuando camino, detengo el tiempo cotidiano y dejo fluir un tiempo que se mide por otros parámetros. Cuando camino, canto, rezo, callo, sufro, pienso, no-pienso, pero todo es absolutamente indeterminado. Todo surge. Todo fluye. Desmedidamente. Sin medida alguna. Como si dentro de mí se desencadenara una explosión inevitable de fuegos de artificio, imprevisibles en sus formas y en sus colores. Suben y explotan, uno tras otro. Hasta que el último sume todo en un profundísimo silencio. Cuando camino, yo Soy el Camino. Sin mí, el Camino no existe. Sin mí, el Camino no tiene Sentido.

Energía espiritual

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(Fotografía.- Jesús Varillas)
Y puedo, además del cielo, sujetar el silencio con las manos, el del Camino y el mío, y juntarlos. Y escuchar, sin intermitencias y sin que falle la cobertura, la melodía con acordes de aire, piedra, tierra y hierba; tratar durante horas y días con esa parte de mí que no es ni cuerpo ni mente, regodearme en ello con toda la calma y todo el tiempo de los mundos, y tirar... Tirar y tirar, tirar y tirar, tirar y tirar y seguir tirando... ¿Pero a dónde? A la tumba del Apóstol, y como en el Medievo si hace falta; sin repudiar nada: esoterismo, magia, señales divinas. Tirar y tirar. Tirando lastre y perdiendo fuerza, purgando los demonios y cargándome a la vez de energía espiritual. Pues así es, me lleno hasta los topes de energía espiritual: una lumbre interior de brasas esenciales, avivada por un aire despierto e impoluto que provoca sonrisas en el alma.

ANTXON GONZÁLEZ GABARAIN "BOLITX"

Ese Abrazo, ese Milagro

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(Fotografía.- Carlos Puebla)
Y ese Abrazo final, deteniendo el tiempo, estrechando todos los espacios, haciendo nuestros el tiempo y el espacio en ese paréntesis de nuestros cuerpos enlazados para atrapar en él la infinitud de nuestras Almas. Ese Abrazo, ese, tras el último paso, tras la última lágrima. Tras todos los cansancios, el Descanso final, apoyados el uno sobre el otro, el uno junto al otro, apretujando la Vida para Sentirla nuestra, toda nuestra, solo nuestra. Ese Abrazo, ese, ese Milagro, esa conjugación sin palabras del verbo Almar -que es Amar desde el Alma y con el Alma-, ese instante de Eternidad que creamos como si fuéramos dioses, allí, justo allí donde el Camino acaba para empezar de nuevo. Al fin y al cabo, el Camino, como la Vida, qué es sino una Inmensa Historia de Amor que siempre termina en un Abrazo que nos hace Eternos.

Caminostalgias


Añoro el Camino...

Los amaneceres del Camino.
Los inmensos ocasos del Camino.
Las lunas llenas del Camino.
Las noches sin luna del Camino.
Los días sin días del Camino.
El tiempo sin tiempo del Camino.
La soledad del Camino.
La compañía en el Camino.
Los peregrinos del Camino.
Las almas que caminan el Camino.
Las sonrisas regaladas del Camino.
Los llantos porque sí y porque no en el Camino.
Las flechas amarillas del Camino.
Buscarme, perderme y encontrarme en el Camino.
El fango en el Camino.
Las tormentas en el Camino.
El sol aplastante en el Camino.
La niebla que acaricia al peregrino.
La nieve volviendo cielo la tierra del Camino.
Los inviernos y veranos del Camino.
Todos los puntos cardinales del Camino.
La Magia del Camino.
La Magia en el Camino.
Los horizontes del Camino.
Los cansancios y descansos en el Camino.

Llegar.
Y abrazar.
Y llorarlo todo.
Y reírlo todo.
Y volver del Camino.
Y volver al Camino.

Caminostalgias...

Esas huellas que el Camino
ha marcado profundamente en el Alma...

Silencios y ruidos

https://www.instagram.com/p/B4rd4x_olzs/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4rd4x_olzs/)

El tiempo de todos
no es el tiempo de allí.
El mundo de todos
no es el mundo
en que me sumerjo
cuando camino.
Es otra realidad.
U otra dimensión
de la realidad.

Quietud,
armonía,
silencio...

Silencio...

En el mundo de todos,
no sé cómo escapar
de tanto ruido.
Yo mismo
me convierto en ruido
constantemente...

Esta cruz de aquel día
me evoca los silencios
profundos del caminante...

La cruz de hoy está, sin embargo,
repleta de ruidos...

Nostalgias peregrinas...

Hasta de las sobrecogedoras
cruces del Camino...

Esos puntos suspensivos del alma

https://www.instagram.com/p/Bwbj1b-AV0a/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bwbj1b-AV0a/)

Esos puntos suspensivos del alma,
ese paréntesis del tiempo detenido,
ese cuerpo vencido
sobre el suelo y bajo el cielo
del Obradoiro,
ese estar,
ese Ser,
ese epílogo con vocación de prólogo,
ese final preludiando otro principio…

Ya los ojos lo miraron todo,
los pies lo anduvieron todo,
el corazón –ay, el corazón-
lo palpitó todo.

El Camino que fue
se convirtió en recuerdo.
El Camino que será
ni siquiera empezó a soñarse.
En ese presente,
sin pasado ni futuro,
la mirada se pierde,
los pies se descalzan,
el corazón –ay, el corazón-
recobra sus pulsos.

Ese paréntesis del tiempo detenido.
Esa pequeña y dulce muerte
antes de regresar al camino de la Vida.
Esa plenitud del vacío.
Ese infinito entre dos torres.
Ese sueño acabado.
Ese sueño que empieza.

Esos puntos suspensivos del alma.

Esa locura de saberte
para siempre peregrino.

Encontrarse fuera del tiempo y del mundo

https://www.instagram.com/p/CQ687KiFvZV/
(Fotografía.- Marta Daria No)




“El Camino es una forma de encontrarse fuera del tiempo y del mundo, en un hermoso equilibrio entre el exterior e interior. Después de llegar a Santiago de Compostela, se puede descubrir con asombro que, aunque el destino es importante, lo más provechoso fue el propio camino”.

Eterna y Secreta Compostela

https://www.flickr.com/photos/jmdobarro/27146292895/
(Fotografía.- José Manuel Dobarro)

Eterna Compostela, más eterna que antigua, como la describiera Valle-Inclán. Mágica Compostela de callejones estrechos que te abrazan y donde el tiempo parece detenido. Ruelas que te atrapan, envolviéndote, acariciándote la piel con su piel de piedra. Con sus manos de mujer.

Secreta Compostela, de espacios que descubres con el alma sorprendida, como si fuera un prodigio. Lo escribió Cunqueiro, que uno se acerca a Compostela como quien se acerca al milagro. Y uno se aleja de ella, dejando allí pedazos de su alma. Y por eso hay que volver, a juntarlos de nuevo, a recomponerlos, a recomponerla. Que uno siempre se aleja de ella llevándose en el alma un pedazo de la suya.

Qué ganas tengo de volver a amarte, seductora Compostela, linda muchacha. Sin prisas. Sin pausas.

Como aquella primera vez que te tuve desnuda entre mis brazos...

Los tiempos del Camino

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(Fotografía.- Francesco Mancuso)

Son otros los tiempos del Camino, otras las pautas, otros los ritmos. No hay un tiempo definido ni siquiera limitado. Tiempo sin tiempo para que cada peregrino defina su propio tiempo, sus propias pautas, sus propios ritmos. Aquí te detienes, aquí prosigues. Dejas atrás a los que antes te precedieron. Quedas atrás mientras otros continúan. Te pertenecen tus tiempos, tus pausas y tus pasos. Como un regalo del Camino que te brinda otros tiempos, otras pautas, otros ritmos. Otra manera de sentir la plenitud de la libertad. Sin tiempo. Sin límites.

Mientras vamos andando

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(Fotografía.- Óscar Navarro)

Mientras vamos andando el tiempo tiene un nombre,
un apodo de nieve que nadie pronuncia,
un apodo que resbala en los vidrios del invierno
y en los secretos jardines de acebos sumergidos.

Mientras vamos andando.

CELSO EMILIO FERREIRO