Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Todo comienza con un paso

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(Fotografía.- Thomas Haubrichs)

El Camino es una inmensa sucesión de pasos.
Pasos que te acercan al punto de destino
y que te alejan del punto de salida.
Pasos firmes cuando todo se inicia.
Pasos ligeros al despuntar el día.
Todo comienza con un paso
que te pone en movimiento.
Con el primer paso
que te convierte en peregrino,
haciéndote Camino sobre el Camino...

Con palabras y latidos

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(Fotografía.- Boglárka Barna)
Trata de explicarme con palabras qué es el Camino, en ese vano intento de definir lo indefinible. A tu mente acudirán palabras sueltas: peregrino, magia, amanecer, etapa, compañía, soledad, albergue, cansancio, alma, dolor, mochila, vieira, bordón, espiritualidad, flecha, bosque, montaña, carretera, tormenta, viento, misterio, dios… Y también nombres propios: Compostela, Catedral, Obradoiro, los miles de lugares por los que transita el Camino en sus innumerables sendas y variantes, los propios nombres de tantos peregrinos que dejaron una huella que no es definible con palabras. Y todo es Camino, sí, y todo lo define sin llegar a definirlo por completo.

Ahora trata de explicarme con latidos qué es el Camino. Muéstrame la emoción profunda, el silencio hiriente, la plenitud del alma, también el desaliento. Enséñame los pies maltrechos, la sonrisa abierta, el pulso desbocado, las lágrimas calientes, el abrazo final, el primer paso.

Y dime, con palabras y con latidos, si el Camino te hizo peregrino para siempre.

Porque la vida que transitas cada día es el Camino que iniciaste en cualquier parte y creíste terminar en Compostela. Pero el Camino no acaba cuando uno se vuelve peregrino para siempre. Y, por más que lo intentes, no existe forma humana de explicar ni de abarcar el infinito.

Sigo tu rastro

https://www.instagram.com/aitzi_agirre_/
(Fotografía.- Itziar Agirre)

Sigo otros pasos -tus pasos- por el sendero nevado. Busco otras huellas -tus huellas- para seguir el camino. Están ahí, puedo verlas, puedo hundir mis botas dentro de tus huellas. Estamos solos. Mire donde mire, no hay nadie. Tú tampoco estás pero estás, sin embargo. Sigo tu rastro, te siento en cada paso sobre tus pasos, huella sobre huella. Hasta que el viento las borre. O los copos de nieve venideros. O tal vez las botas peregrinas de alguien que va siguiendo el rastro de mis huellas por el sendero nevado.

Puente que es Camino

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(Fotografía.-Dario Nisivoccia)


Puente que nos lleva de los sueños a la magia, atravesando el río de aguas ensombrecidas de nuestra propia existencia. Amo los puentes que acortan distancias, que permiten el paso, que me llevan al otro lado donde el Camino continúa. Puente que es Camino porque el Camino se hizo construyendo puentes. Puente que tiembla al cruzarlo, como si palpitara fuertemente su corazón de piedra. Puente de nadie y de todos, puente mío. Atravesado de parte a parte. Por debajo, te atraviesa un río, fugitivo y libre. Por arriba, el alma de un peregrino. Fugitiva y Libre.

Camino de sirga

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(Fotografía.- Justas Karpavičius

Camino de sirga,
peregrina senda junto a la orilla
de un agua que no es río,
que es canal donde navega
el reflejo de los árboles desnudos
mientras envuelve el cielo
el último bostezo de la mañana.

Las huellas de sus suelas

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B5HnEutJejS/)

Se amontonan sin caos, ordenadamente, una montaña de historias en silencio, tan distintas, tan iguales, las mismas sendas peregrinas recorridas y, sin embargo, cada una realiza un camino diferente. Para el peregrino es el tiempo del descanso, de reponer fuerzas, de soñar la etapa de mañana, de compartir experiencias y de dormir, cuando es posible. Ellas quedan afuera, en su caos de colores y de formas, dispuestas para el día siguiente cuando vuelvan a dejar las huellas de sus suelas en la tierra del Camino.

Baja siempre despacio, peregrino

(Fotografía.- Alessio Tomasella)
El descenso es abrupto y empinado, pedregosa la senda que discurre por un paraje de ensueño conformado por los Montes de León y la inminente cercanía de El Bierzo. Quedó atrás Manjarín, abandonado y fantasmagórico, el sueño templario de un desvencijado refugio, el mudo sonar de una campana en días de nieve y ventisca. Después, el Camino se eleva hasta lo más alto, el peregrino siente que podría tocar el cielo a poco que se alzara y elevara sus brazos. Pero el Camino, como la vida, te obliga a bajar, te vuelve a poner los pies sobre la tierra y los brazos asiendo firmemente el bordón porque el descenso será duro. No lo parece al principio hasta que se vuelve una tortura para los pies y las rodillas. Despacio, baja siempre despacio, peregrino, no te rompas, no te quiebres, no olvides que a veces cuesta más bajar que subir, que es más fácil caer rodando que trepando, que asciendes y te encuentras con el cielo pero solo hay suelo cuando bajas y te alejas de ese cielo que sentiste que podrías tocar con tus manos. Pero mira al frente, mira el valle que conquistarás mañana, los montes que te esperan para entrar en Galicia, Ponferrada abajo, aún en lontananza. Y ya a tu alcance, a unos pocos pasos, firmes los pies en el suelo pedregoso y las manos en el bordón, El Acebo de San Miguel. Allí comienza El Bierzo. Al final, en el Camino, como en la vida, una senda infernal te puede llevar a un paraíso.

Tu Camino

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(Fotografía.- Laura Zulian)
Traza tu propia senda como quien traza su propio destino. Las guías están bien para orientarte, no para dirigirte. Los mapas solo trazan caminos que otros dibujaron. Tu Camino no viene dibujado en ningún mapa. No existe sin ti y solo tú puedes crearlo. Más allá de los bosques, de los templos, de los cielos repletos de nubes, del atlántico rugido del mar; más allá de todas las denominaciones, de las credenciales repletas de sellos, de contar los caminos realizados como si el Camino no fuera un infinito que solo termina con la muerte, más allá de las flechas amarillas, de las humanas discusiones sobre kilómetros, compostelas, verdaderos y falsos peregrinos, más allá del Camino de los libros, los videos y las fotografías, está tu Camino, el único que existe realmente, el único que en verdad te pertenece, te seduce, te atrapa, te enamora, te hace suyo para siempre, para siempre, en un idilio eterno que te otorga la auténtica distinción de peregrino.

Otoño a pinceladas

https://www.instagram.com/p/CLM44kmD9eM/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLM44kmD9eM/)


Esa explosión de colores
del otoño dibujándose
en los árboles,
alfombrando el sendero,
como haciendo florecer
una segunda primavera,
ofrenda de hojas
a los pies del peregrino.

Otoño a pinceladas
de ocres y rojos,
como un incendio sin llamas,
abrasándolo todo.

Abrazándolo todo.

La frontera sin guardia

(Fotografía.- Victoria @clauditichi)

Afuera queda el mundo, con sus ruidos y bullicios, su gente que pasa, sus tiempos con prisas, sus tristes soledades en tantas multitudes. Adentro, la quietud y el tiempo detenido, la paz queriendo abrirse paso en tantas batallas interiores, el silencio profundo restallando en el alma como un grito de Dios. Para eso está el templo: para ser refugio, albergue del alma, lugar de acogida para el que precisa escapar del mundo siquiera un momento. Las puertas abiertas para el creyente y para el descreído, para el que va de paso y para el que busca quedarse un momento a solas con Dios. O consigo mismo. El templo, la frontera sin guardia entre lo mundano y la trascendencia, la invitación al descanso y al cobijo del alma cansada de andar a la intemperie, del alma peregrina que, a veces, no sabe bien a dónde se dirige. El templo, metáfora del Templo infinito del Camino y de todos sus sagrados espacios, sin techos ni cúpulas, donde es posible escapar del mundo y dejar que Dios te atraviese el alma.

El regreso al punto de partida

https://www.instagram.com/p/Cwyd58SquGf/
(Fotografía.- Roberta Ferrario)

Hay un instante en que se pierde la mirada en el vacío, como si fuera necesario el reencuentro con uno mismo antes de volver al mundo. Te hiciste camino en el Camino pero el Camino acaba y ya sientes el suave arañazo de la nostalgia. Después asumirás que el Camino empieza allí donde pusiste fin a tus pasos peregrinos. Pero eso será después. Ahora solo sientes que el final ha llegado, que te duele el cuerpo -y el alma-, que cuando te levantes y vuelvas a colgarte la mochila, solo habrá calles de ciudad que te conducirán tal vez al último refugio de la noche, tal vez a una estación de tren o de autobuses, tal vez a un aeropuerto. El regreso al punto de partida. ¿Cómo se vuelve a ser lo que uno era antes de que el Camino te hiciera peregrino para siempre?

Tus huellas

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(Fotografía: Javier Perti)





Peregrino,
nuca olvides que tus huellas
formarán parte para siempre
de la historia secreta del Camino.

Porque no existe Camino
sin tus huellas.

Sucumbe el alma peregrina

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(Fotografía.- Noemí García)




Desciende el Camino, abrupta, casi dolorosamente, como un tobogán donde el alma se dejara caer definitivamente, paso a paso, amortiguando sus pisadas para evitar lesiones y torceduras. Se estrecha la senda, como si el Camino quisiera atraparla entre sus paredes de piedra. Y la atrapa, enredándola en sus enredaderas, haciéndola suya... Suya... Y sucumbe el alma peregrina mientras baja, paso a paso, lentamente, haciéndose Camino en el Camino, al encuentro final de un puente sobre un río...

Asomado al otoño




El Camino otoñea en sus hojas caídas como ofrenda amorosa a los pies del peregrino, alfombrando el sendero, haciendo florecer una segunda primavera. El paisaje sobrevive en el amable verde asomado al otoño.

Entre la bruma del sueño

(Fotografía.- Juan Figueirido)



Allí regresas, en los sueños repetidos de las noches donde te buscas y te encuentras, allí, allí donde llegaste con los pies heridos y el alma cosida a costurones, rehecha, latiéndote el pulso en las sienes, en la piel, en todos los sentidos que van más allá de los sentidos. Allí vuelves, en ese viaje peregrino que rompe la rutina y los vacíos, los ecos sordos de la ciudad, el camino sin rumbo de lo cotidiano. Y allí estás, entre la bruma del sueño, contemplando una vez más el infinito entre dos torres.

Despiertas. La niebla se disipa. Regresas a la vida.

Al alma peregrina se le suelta una costura.

Alguien que busca

https://www.instagram.com/p/BwXNGYgh0J9/
(Fotografía.- Michael Pitt)



El peregrino es alguien que busca.
Se pone en camino detrás de una esperanza.
Cree que hay para él un lugar en el mundo.
Y lo busca, aún sin saber bien
qué es lo que lo empuja. O lo atrae...
Es un hombre que ama la vida
y quiere vivirla con un para qué.
Al ponerse en camino se expone
a que el Dios de la vida le cambie
el para qué de su existencia.

MAMERTO MENAPACE

Sentimientos

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(Fotografía.- Marcos Boedo)

Llegar. Parar. Llorar. Sentir. Reír. Callar. Rezar. Mirar. Temblar. Suspirar. Abrazar. Vibrar. Gritar. Latir. Vivir.

Besar. También la tierra como una manera de besar el cielo.

Volver. Desear volver.

Sentirte para siempre peregrino.

Ama el Camino, peregrino

https://www.instagram.com/p/CSxHUDdMgzM/
(Fotografía.- Max Maximov)

Ama el Camino, ámalo, como un milagro, como un refugio, como una extensión de tu propio Ser. Ámalo, como un tesoro, como un prodigio, como un espejo limpio de tu alma. Ámalo, peregrino, ama el Camino, incluso antes de que sientas que lo amas verdaderamente, incluso antes de hacerlo tuyo y de sentir que te hace suyo. Ámalo, incluso antes del primer paso, del primer latido, del primer llanto, del primer suspiro, de la primera vez que te sientas peregrino. Ámalo, ámalo sin condiciones, incluso antes de su primera caricia, de su primer abrazo y del primer dolor clavándose en las plantas de tus pies. Ámalo, peregrino, ámalo. Y sabrás, cuando estés lejos, cuando sueñes con volver, cuando se enrede en tu alma la nostalgia, que ser peregrino no es andar y andar y andar sino ser un loco enamorado del Camino, al que vuelves siempre, para recorrerlo con el alma, igual que se recorre la piel desnuda de un amante.

Cae la lluvia

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(Fotografía.- Eduardo Abad)

Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.

Ciudad dormida

(Fotografía.- Joe Priola)



Silencio de ciudad dormida, desnudas las calles que amplifican el eco de los pasos peregrinos, pasos sin huellas visibles, sobre el asfalto de la ciudad solo quedan huellas invisibles, retumban los pasos sin embargo contra las paredes y fachadas, contra el vacío de la noche que se resiste a morir. Tenue luz de las farolas que iluminan la senda porque también es Camino la ciudad atravesada en la quietud de las horas tempranas, también es Camino la ciudad vacía y sin horizonte, la ciudad dormida que bostezará su primer desvelo cuando el peregrino camine por senderos donde los pasos no suenan pero siempre dejan huellas que pueden verse hasta que el viento las borre.