Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Una historia de amor que nunca acaba

https://www.instagram.com/p/B1W3tftI1Nr/
(Fotografía.- Serena Uccella)
Caben en ella la ropa necesaria y los sueños imprescindibles, las botas camineras y la ilusión descalza, aquello que nos limpia la piel del sudor y de la tierra reseca y empolvada, un mapa de un Camino que no precisa mapas y el atlas de la vida plegado en un bolsillo. Cabe la piedra que quedará posada sobre un hito jacobeo o en el gólgota de siglos donde se asienta una cruz desnuda. Cabe el peso de todos los vacíos. Y cabe el vacío de todos los pesos liberados.

Sobre ella, la concha peregrina, el signo identitario de quien anda caminos buscando un horizonte llamado Compostela.

Se hace nuestra conforme la hacemos, llenándola de todo lo que somos. Y una vez hecha, nos hacemos suyos para siempre. Y así comienza la historia de un amor que se eterniza a cada paso. Nos enlaza los hombros, nos enreda la cintura, en ese abrazo mágico que nos hace uno.

Una historia de amor que nunca acaba. Aunque se llegue a ese horizonte que implica volver al camino de la vida.

Ella quedará otra vez vacía, esperando sueños e ilusiones y el atlas de la vida que cabe plegado en su bolsillo. Llena de todas nuestras nostalgias peregrinas.

Amándonos.

Nuestra.

Siempre.

El signo identitario

https://www.instagram.com/p/CH5g5exMXT8/
(Fotografía.- Romana Korol)

La concha peregrina: el signo identitario de quienes andan los caminos buscando un horizonte llamado Compostela.

Una historia de amor que nunca acaba


Caben en ella la ropa necesaria
y los sueños imprescindibles,
las botas camineras
y la ilusión descalza,
aquello que nos limpia la piel del sudor
y de la tierra reseca y empolvada,
un mapa de un Camino
que no precisa mapas
y el atlas de la vida
plegado en un bolsillo.
Cabe la piedra que quedará posada
sobre un hito jacobeo
o en el gólgota de siglos
donde se asienta una cruz desnuda.
Cabe el peso de todos los vacíos.
Y cabe el vacío de todos los pesos liberados.

Sobre ella, la concha peregrina,
el signo identitario de quien anda caminos
buscando un horizonte llamado Compostela.

Se hace nuestra conforme la hacemos,
llenándola de todo lo que somos.
Y una vez hecha,
nos hacemos suyos para siempre.
Y así comienza la historia de un amor
que se eterniza a cada paso.
Nos enlaza los hombros,
nos enreda la cintura,
en ese abrazo mágico que nos hace uno.

Una historia de amor que nunca acaba.
Aunque se llegue a ese horizonte
que implica volver
al camino de la vida.
Ella quedará otra vez vacía,
esperando sueños e ilusiones
y el atlas de la vida
que cabe plegado en su bolsillo.
Llena de todas nuestras nostalgias peregrinas.

Amándonos.

Nuestra.

Siempre.

(Fotografía.- Matilde Saltatetti)

Como si fuera la primera vez

Y otra vez preparada... Creo que nunca deja realmente de estarlo. La vacío cuando regreso y ahí queda, durmiendo sus sueños peregrinos, hasta que un buen día la despierto para volver a llenarla de mis sueños peregrinos. Es mi compañera de siempre, la de la primera vez y la de todas las veces que han seguido a la primera, para andar los dos, de la mano, un único Camino interminable, por eterno. Sobre ella, la concha peregrina, la misma de siempre, la que esperó durante largos años que mis manos la descolgaran de la pared para colgarla en la mochila. Y ahí permanecerá, hasta que se pierda o se rompa en alguna etapa del Camino.

Otra vez preparada. Llena, como si fuera una extensión de mi propia alma. No la llenan las botas ni la ropa sino el alma de todos los que quiero. Alma a alma, todas caben dentro. Una a una. Y solo pesan las botas y la ropa.

Volver al Camino es hacer un paréntesis en el peregrinar del camino cotidiano. El Camino, el que escribo con mayúsculas porque solo puede nombrarse con mayúsculas, me ha ido arrancando, poco a poco, trozos de mi ser para hacerlos suyos. Seductor y posesivo, me ha ido enamorando hasta apropiarse de un "yo" que solo se completa cuando vuelve a encontrarse en la inmensa plenitud de las sendas que conducen a Santiago. Por eso regreso. A encontrarme. A completarme. En dirección a una Compostela que se multiplica infinitamente para bocetarse en cada punto de inicio y de llegada de cada día. Mis particulares Compostela sin Obradoiros.

No voy buscando nada. Tal vez encuentre Todo. Regreso allí vacío, como mi mochila cuando duerme sus sueños peregrinos. Solo desde el vacío puede uno llenarse. Mañana, cuando despierte, estaré en el Camino que se nombra con mayúsculas. Será el propio Camino el que me despierte para volver a llenarme de sus sueños peregrinos. Empezaré a andar. Y, a cada paso, un trozo de mi ser se irá quedando allí. Enamorado. Enamorándose.

A cada paso... Otra vez solos tú y yo, compañera de siempre. Paso a paso. Hasta donde lleguemos. Tú, otra vez llena de mis sueños y de todas las almas que conforman el camino de mi vida. Yo, otra vez vacío. Para mirarlo todo, para descubrirlo todo, para sorprenderme con todo, como si fuera la primera vez...

Una historia de amor que nunca acaba

Caben en ella la ropa necesaria y los sueños imprescindibles, las botas camineras y la ilusión descalza, aquello que nos limpia la piel del sudor y de la tierra reseca y empolvada, un mapa de un Camino que no precisa mapas y el atlas de la vida plegado en un bolsillo. Cabe la piedra que quedará posada sobre un hito jacobeo o en el gólgota de siglos donde se asienta una cruz desnuda. Cabe el peso de todos los vacíos. Y cabe el vacío de todos los pesos liberados.

Sobre ella, la concha peregrina, el signo identitario de quien anda caminos buscando un horizonte llamado Compostela.

Se hace nuestra conforme la hacemos, llenándola de todo lo que somos. Y una vez hecha, nos hacemos suyos para siempre. Y así comienza la historia de un amor que se eterniza a cada paso. Nos enlaza los hombros, nos enreda la cintura, en ese abrazo mágico que nos hace uno.

Una historia de amor que nunca acaba. Aunque se llegue a ese horizonte que implica volver al camino de la vida. Ella quedará otra vez vacía, esperando sueños e ilusiones y el atlas de la vida que cabe plegado en su bolsillo. Llena de todas nuestras nostalgias peregrinas.

Amándonos.

Nuestra.

Siempre.

(Fotografía: http://www.gram.io/users/sheratan01)