Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
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Entre la bruma del sueño

(Fotografía.- Juan Figueirido)



Allí regresas, en los sueños repetidos de las noches donde te buscas y te encuentras, allí, allí donde llegaste con los pies heridos y el alma cosida a costurones, rehecha, latiéndote el pulso en las sienes, en la piel, en todos los sentidos que van más allá de los sentidos. Allí vuelves, en ese viaje peregrino que rompe la rutina y los vacíos, los ecos sordos de la ciudad, el camino sin rumbo de lo cotidiano. Y allí estás, entre la bruma del sueño, contemplando una vez más el infinito entre dos torres.

Despiertas. La niebla se disipa. Regresas a la vida.

Al alma peregrina se le suelta una costura.

Ciudad dormida

(Fotografía.- Joe Priola)



Silencio de ciudad dormida, desnudas las calles que amplifican el eco de los pasos peregrinos, pasos sin huellas visibles, sobre el asfalto de la ciudad solo quedan huellas invisibles, retumban los pasos sin embargo contra las paredes y fachadas, contra el vacío de la noche que se resiste a morir. Tenue luz de las farolas que iluminan la senda porque también es Camino la ciudad atravesada en la quietud de las horas tempranas, también es Camino la ciudad vacía y sin horizonte, la ciudad dormida que bostezará su primer desvelo cuando el peregrino camine por senderos donde los pasos no suenan pero siempre dejan huellas que pueden verse hasta que el viento las borre.

Si hablaran

https://www.instagram.com/p/Cz8E7T8Mrkq/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cz8E7T8Mrkq/)
Si hablaran, contarían historias de cielos que se nublan de repente, de largas carreteras que no acaban, de noches sin sueños conciliados y sus reconciliaciones, de vientos que empujan sin descanso, del barro enredándose en las suelas, de un banco de piedra en medio de la nada, de un árbol cuya sombra fue un oasis, de una aldea sin nombre o sin memoria, de una flecha perdida y encontrada, de un llanto de esos que se lloran desde adentro, del sol recién nacido en todos mis puntos cardinales, de la primera vez y la siguiente, de la última vez que fue preludio de otra historia, del dolor impronunciable, del eterno asombro en los ocasos, de la nieve besando mis rodillas y de Compostela desnuda entre mis brazos. Contarían los secretos confesables de millones de pasos peregrinos buscando eternidades que se esconden detrás de un horizonte.

Ay si hablaran...

Amanece en el Camino

https://www.instagram.com/p/Cz1oYwMo1q-/
(Fotografía.- Sheila Rodríguez)





De repente, el cielo se vuelve naranja y gris y ocre y violeta. Desaparece el negro, reviven los celestes. Se disipan las sombras de la noche. Nace el día. Amanece en el Camino. El sol comienza su andadura. De este a oeste. Como cualquier peregrino...

Algo aprieta el corazón

https://www.lookphotos.com/en/images/70331534-Pilgrims-in-the-fog-at-sunrise-Province-of-Leon-Old-Castile-Castile-Leon-Castilla-y-Leon-Northern-Spain-Spain
(Fotografía.- Jürgen Richter)

Lo esencial no lo sabéis expresar. Algunas veces, inmóviles en vuestra cama, con los ojos bien abiertos en la noche, os parece que todavía andáis, como esos perros dormidos delante del hogar, que persiguen en sueños cualquier simulacro de pieza mayor. En esos momentos, cuando el Camino os vuelve a tomar entre sus olas, algo os aprieta el corazón.

JEAN-NOËL GURGAND

Amanece en el Camino

https://www.instagram.com/p/CRqADc7rHRM/
(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CRqADc7rHRM/)





Se disipan las sombras de la noche.
Nace el día.
Amanece en el Camino.
El sol comienza su andadura.
De este a oeste.
Como cualquier peregrino...

Para siempre en mi alma

A poco más de dos kilómetros de Sahagún, el Camino cruza el río Valderabuey por un puente medieval de piedra. Junto a él se erige la ermita de la Virgen del Puente, de estilo románico mudéjar. Allí, bajo el tímido sol del mediodía marceño, me senté, en absoluta soledad, y escribí en mi cuaderno:

«Fin de mi "Camino Espiritual", que me ha llevado desde Burgos a Sahagún, en la provincia de León. 

Bendigo y doy gracias al Señor del cielo que se besa con la tierra, de los amaneceres cubiertos de niebla y de los ocasos que bañan de rojo los pueblos y campos. Bendigo y doy gracias al Señor de la noche jalonada de estrellas, al Señor del frío y de la lluvia y del fango bajo los pies, del sol que calienta el alma, de los caminos infinitos que se pierden en el horizonte.

Hemos llegado a nuestra particular Compostela, Peregrino del Alma. Es hora de que regreses a tu Cielo. Yo regreso a mi tierra, con los míos, con los tuyos, donde te seguiremos añorando. Un beso, papá. Y hasta siempre.

Te quedas para siempre en mi alma».

(Sahagún. Camino Francés. 6/3/2014)

Cosas que quiero que el viento me borre


En su "Primavera con una esquina rota", Benedetti escribió:

"No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir, cosas que quiero borrar".

Y ahí voy, dejando que el viento me borre cosas que quiero borrar...

Borro la estupidez
de mis estúpidos momentos,
la ira de mis noches
sin estrellas,
la soledad pretendida
como amante,
la inútil añoranza de lo inútil.

Borro la inmensidad
de mis tristezas,
el estruendo brutal
de mis ruidos,
el oscuro arrebato
sin destino
y los pasos que me alejan
del próximo horizonte.

Borro el ser
que no quiero ser.

Y borro de un plumazo
todo aquello que no soy.

(Nájera, 9/2/2016)

Si hablaran


(Fotografía: Omar Serra)
Si hablaran,
contarían historias
de cielos que se nublan de repente,
de largas carreteras que no acaban,
de noches sin sueños conciliados
y sus reconciliaciones,
de vientos que empujan sin descanso,
del barro enredándose en las suelas,
de un banco de piedra
en medio de la nada,
de un árbol
cuya sombra fue un oasis,
de una aldea sin nombre o sin memoria,
de una flecha perdida y encontrada,
de un llanto
de esos que se lloran
desde adentro,
del sol recién nacido
en todos mis puntos cardinales,
de la primera vez y la siguiente,
de la última vez
que fue preludio de otra historia,
del dolor impronunciable,
del eterno asombro en los ocasos,
de la nieve besando mis rodillas
y de Compostela desnuda entre mis brazos.
Contarían los secretos confesables
de millones de pasos peregrinos
buscando eternidades que se esconden
detrás de un horizonte.

Caminostalgias


Añoro el Camino...

Los amaneceres del Camino. Los inmensos ocasos del Camino. Las lunas llenas del Camino. Las noches sin luna del Camino.

Los días sin días del Camino. El tiempo sin tiempo del Camino.

La soledad del Camino. La compañía en el Camino. Los peregrinos del Camino. Las almas que caminan el Camino.

Las sonrisas regaladas del Camino. Los llantos porque sí y porque no en el Camino.

Las flechas amarillas del Camino. Buscarme, perderme y encontrarme en el Camino.

El fango en el Camino. Las tormentas en el Camino. El sol aplastante en el Camino. La niebla que acaricia al peregrino. La nieve volviendo cielo la tierra del Camino. Los inviernos y veranos del Camino. Todos los puntos cardinales del Camino.

La Magia del Camino. La Magia en el Camino.

Los horizontes del Camino.

Los cansancios y descansos en el Camino.  

Llegar. Y abrazar. Y llorarlo todo. Y reírlo todo. Y volver del Camino. Y volver al Camino.

Caminostalgias...

Esas huellas que el Camino ha marcado profundamente en el Alma...


(Fotografía: Konrad Licht.- https://www.instagram.com/p/Bu3pHWQF6Sv/)

Amanece en el Camino

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bu3CH5lFrtX/)






Se disipan las sombras de la noche.
Nace el día.
Amanece en el Camino.
El sol comienza su andadura.
De este a oeste.
Como cualquier peregrino...

Cruzando puentes

(Fotografía: Joanna Romano)





"Cruzando el puente entre un día y otro, entre la mañana y la tarde, llega el turno de la noche. Débiles pero con la fuerza intocable de los débiles, soñaremos y seguiremos cruzando puentes y caminos que nos llevarán como el agua a algún sitio interesante" (Arancha García)

Cuatro lunas atrás

Cuatro lunas atrás, en la penúltima alborada de julio, despertábamos de todos los sueños para empezar a vivir la realidad de nuestro Camino. Bostezaba la noche sus últimos alientos, ruidosos y embriagados, por las calles de Oviedo. Cristales rotos, huellas del sábado, delatoras sonrisas, un absurdo "ya os queda menos" de un bufón de la noche que, tal vez, en su mirada perdida no viera más que a otros dos bufones de la noche con mochilas. El diccionario define perfectamente, en su primera acepción, qué es un peregrino: "Dicho de una persona: que anda por tierras extrañas". Un extranjero. Un nómada. Un sin-nombre. Y eso éramos: unos extraños deambulando por el reducido mundo de dos calles repletas de bares acabados de cerrar. Con sus últimos supervivientes, con su mugre esperando ser limpiada, con sus ojos de noche rota, no dispuestas aún para vestirse de domingo.

La Catedral sí que estaba vestida de fiesta. Lo está siempre, en realidad, como todas las catedrales del mundo. Aquella plaza, inmensamente vacía, nos regaló el abrazo del primer celeste en el cielo nublado de aquella mañana. La noche vencida. Y también vencidos el ruido y la embriaguez. Kilómetro cero. De allí partíamos, en realidad. De Catedral a Catedral, catorce días y más de tres centenares de kilómetros. Y más de tres centenares de horas, en que solo seríamos peregrinos por el Camino Primitivo hacia Santiago. Sin más patria. Sin más nombre.

Allí estábamos, con nuestros pies sobre la placa de bronce, la primera señal, la imponente Catedral a nuestras espaldas. La primera foto, el primer paso, el primer giro, la primera calle, la primera vieira sobre el suelo. Todo volvía a ser primera vez de todo.

Deambulábamos aún por la ciudad dormida, buscando vieiras de bronce clavadas en el suelo, nuestras guías para no perdernos en tierras extrañas. Avenidas, semáforos, pasos de peatones, pasarela para cruzar la vía del tren... Al peregrino le incomoda la ciudad aunque provenga de ella. Y le incomoda por muy hermosa que sea la ciudad, como, sin duda, lo es Oviedo.

De repente, la ciudad se acabó, como si el Naranco impusiera una frontera, a partir de la cual, solo cabe el prado, el castaño, el roble, el camino de tierra, la carreterilla rural... Y el Silencio...

Y sí, fue justo allí, cuando la ciudad quedó definitivamente atrás, que dejamos de ser unos extraños y unos nómadas sin nombre. Fue allí cuando el Camino nos dijo que, ahora sí, ya éramos, definitivamente, unos de los suyos.

Sucedió, cuatro lunas atrás, en la penúltima alborada de julio...

Creedme, mis ojos lo vieron...

Si hablaran

Si hablaran,
contarían historias
de cielos que se nublan de repente,
de largas carreteras que no acaban,
de noches sin sueños conciliados
y sus reconciliaciones,
de vientos que empujan sin descanso,
del barro enredándose en las suelas,
de un banco de piedra
en medio de la nada,
de un árbol
cuya sombra fue un oasis,
de una aldea sin nombre o sin memoria,
de una flecha perdida y encontrada,
de un llanto
de esos que se lloran
desde adentro,
del sol recién nacido
en todos mis puntos cardinales,
de la primera vez y la siguiente,
de la última vez
que fue preludio de otra historia,
del dolor impronunciable,
del eterno asombro en los ocasos,
de la nieve besando mis rodillas
y de Compostela desnuda entre mis brazos.
Contarían los secretos confesables
de millones de pasos peregrinos
buscando eternidades que se esconden
detrás de un horizonte.

Como cualquier peregrino

(Fotografía: Michael Murza)


Se disipan las sombras de la noche.
Nace el día.
Amanece en el Camino.
El sol comienza su andadura.
De este a oeste.
Como cualquier peregrino...

Un sol amaneciendo

"Para quien camina siempre hay un sol amaneciendo. Caminar es atravesar la noche con esperanza y descubrir cada día la verdad de la utopía y la vida del amor" (Pedro Casaldáliga)