Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

Donde el corazón te lleve


Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieto, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.

SUSANNA TAMARO

Una metáfora del Camino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/ChuDUYXDQ02/)

El gran reto del peregrino no es descubrir que el Camino es una metáfora de la vida, sino empezar a concebir la vida como una metáfora del Camino.

No te apresures

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C1CSYFwKZDh/)

No te apresures en seguir andando. Deja que el alma llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen. Como ese bosque. Como esa niebla. Como ese mágico silencio. Todo es tuyo, peregrino, todo es tuyo. No te apresures en seguir andando.

La Ítaca de un camino largo

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(Fotografía.- Berta Yrago)



Allí terminan los pasos que un día comenzaste en un allá del que partiste, cuando Santiago era entonces el más allá y el más arriba –ultreia et suseia-, destino y meta, la Ítaca de un camino largo, de un hermoso viaje, siempre en la mente y en el alma. Y allí llegaste, como llegaron tantos, cada cual una historia, cada cual un sueño intransferible, cada cual un mundo. En aquella plaza infinita caben todo el mundo y todos los mundos peregrinos. Epicentro de todas las emociones. Kilómetro cero del Camino que comienza cuando acabas tu Camino. Allí comienzan los pasos que te llevan más allá y más arriba –ultreia et suseia- al Obradoiro del Camino de la Vida.

Los misterios del Camino

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(Fotografía.- Nuno Santos Lourenço)




Algo de nuestro propio misterio se funde con todos los misterios del Camino. Y allí queda, eternizándose en todos los lugares donde sentimos la magia de todos sus misterios fundidos con el nuestro. El Camino nos vuelve mágicos. Y nos hace descubrir nuestros propios misterios. Por eso no es posible sentir la plenitud de ser peregrino si no se cree en la magia de los misterios del Camino.

Amanece en el Camino

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(Fotografía.- Sheila Rodríguez)





De repente, el cielo se vuelve naranja y gris y ocre y violeta. Desaparece el negro, reviven los celestes. Se disipan las sombras de la noche. Nace el día. Amanece en el Camino. El sol comienza su andadura. De este a oeste. Como cualquier peregrino...

En la Soledad está tu esencia

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cp0heUQMaY4/)

Soledad-compañera
que contigo camina
abrazándote el alma peregrina,
amante verdadera
que, a solas, te desnuda
para el íntimo Encuentro.
Tú, buscándote. Adentro.
Allí donde se anuda
el Ser al Infinito,
el abismo al espacio.
Contigo, va. Camina despacio.
Rompe tu silencio con su grito
que todo lo silencia
mientras te vuelves Camino.
Todo tú eres Camino, peregrino.
Y en esa Soledad está tu Esencia.

Detenerte

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(Fotografía.- Robb Mac)

Detenerte a contemplar el milagro del nuevo día, el incendio del sol tras aquella montaña de magia, tras aquel horizonte al que te diriges como si fuera tu propio destino.

Detenerte a descubrir la belleza cruzando por delante de tu vida, un instante convertido en prodigio, haciéndose eterno ante tus ojos.

Detenerte como parte de la esencia del Camino, que no es solo andar, no es solo ir de un sitio a otro, etapa tras etapa. El Camino es también detenerte a contemplarlo todo con la mirada limpia del alma y sentir el portento de la Vida, la caricia de Dios, el suspiro caliente de la Naturaleza regalándose, regalándote un espacio infinito donde sentirte una parte de ese Todo que vas encontrando en tu Camino.

Estaré preparado

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(Fotografía.- Nuno Santos Lourenço)

Que el amanecer se cubra con un manto de enigmas,
y que, esquivos,
se escabullan rayos de Sol entre la espesura.
Y acaricien las piedras y mitiguen las sombras,
y alumbren mi senda.
Y que el rocío desborde en los prados,
y así luzcan refulgentes,
y verde sombrío.
Que los sellos y los sueños de besos sean,
que de boca a corazón se susurren historias,
y se tornen leyendas,
y un juglar medieval las recite pasados mil años.
Que las miradas se crucen para deleitarse en los brillos,
y que los pasos en los atardeceres vaguen largos,
y lentos, y sabios.
Que en los cobijos, del amparo cuelgue un brasero de antaño,
que a las raíces profundas jamás arribe la escarcha
y que las encrucijadas sugieran un Poniente
que no marchita el anhelo…
…que yo, así transcurran lustros, estaré preparado.

ANTXON GONZÁLEZ GABARAIN "BOLITX"

No cuentan las palabras

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B3oeuernmh3/)

Sabe que las palabras en realidad no cuentan,
sólo lo que quieren decir muy dentro,
como un secreto, como una plegaria;
ésta es la única plegaria que cuenta.

JEAN-MARIE GUSTAVE LE CLÉZIO

La gente del Camino

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(Fotografía.- Pascual Marín Marina)




Camina sin prisas. Contempla sin prisas. Detente a conversar. El Camino también es su gente, su buena gente, que "no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta". "Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan", como aquellas del poema machadiano. E invitan a soñar y a vivir cuando pasas. Después, al despedirte, te dirán: "Buen Camino". Que suena a bendición porque tal vez lo sea. Si les miras a los ojos, encontrarás en ellos lo sagrado. "Buen Camino, peregrino": la bendición más hermosa de quienes son parte esencial e inseparable del Camino.

Hontanas

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(Fotografía.- Alessio Tomasella)



Oyes, entre el ulular del viento, tenues tañidos de campanas. En lontananza, sin embargo, solo divisas el mismo horizonte que se aleja. Un espejismo, tal vez, un sonido imaginario producido por el viento. Crepita la tierra enfangada bajo los pies. Viento y fango, meseta que es desierto y soledad, mañana gris de domingo. Y, de repente, el Camino desciende y allí, en la hondonada, aparece Hontanas, como un oasis, como un misterio, como una ensoñación de ojos abiertos. Suenan campanas en la torre de la Iglesia, tañendo tristes, reconfortantes sin embargo. Las siente el peregrino como una bienvenida. El viento calma mientras cruza una calle que es Camino, mientras anda un Camino hecho calle.

Así te volviste peregrino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CLpAIILBpUI/)
Dejaste allí tus huellas. Y aunque las borrara el viento y otras huellas de otros caminantes, allí quedaron, volviéndose tierra en la tierra del Camino. Allí quedó tu abrazo al árbol centenario, como un surco invisible e imborrable en el tronco verdecido por el musgo. Allí quedó tu aliento fundiéndose en la niebla como si se besaran dos amantes. Y allí quedó tu piedra, sobre otras piedras, en el humilladero de una cruz desnuda. Y el roce de tus dedos dibujando en el cielo un horizonte.

Lo quieras o no, regresaste al hogar dejando en el Camino pedazos de tu alma. Y te trajiste en la mochila pedazos del alma del Camino. Así te volviste peregrino: desalmándote a pedazos, bendito loco enamorado que sueñas cada día con volver a los brazos de tu amante.

Los almaneceres del Camino

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(Fotografía.- Miguel Zaballa)
Despiertas, para seguir soñando con ojos abiertos. Protesta el cuerpo aún cansado, en ese quejido unánime de huesos que crujen y músculos que se tensan. Revisas las ampollas. También las del alma, sin hilos que la crucen, a veces descarnadas y profundamente dolorosas.

Todo otra vez en la mochila, todo contigo, nada queda atrás. Si algo se olvida, es preciso que quede olvidado para que otro lo encuentre. Si algo precisas, ya te lo dará el Camino.

En el último sorbo de café, piensas que el Camino de allí afuera en realidad comienza en tus adentros. Que no serán tus pies los que caminen sino el alma desnuda y descalzada. ¿Cómo será la etapa de hoy? ¿Adónde me llevará? Revisas, por última vez, el mapa dibujado. Lo doblas y lo guardas en el bolsillo, seguro de que no volverás a utilizarlo. Bastará con seguir las flechas. Y, cuando no haya flechas, el sol será tu guía y compañero.

Amanece, como un milagro repetido y regalado al peregrino. Los amaneceres del Camino son tan del alma, que debieran llamarse almaneceres.

Paso a paso, vas dejando atrás el horizonte de ayer y vas acercándote al de hoy.

Callas. O rezas. O cantas. O lloras.

El sol camina contigo.

Un ser extraño

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(Fotografía.- Manuele Damiani)




El peregrino pudiera parecer un ser extraño, alguien de un mundo distinto, distante del mundo que contempla, del que viene y al que ha de volver, cuando todo acabe. Pero, cuando se puso en marcha, cuando se calzó las botas y se despojó de todo aquello que no cupiese en la mochila, dejó de ser del mundo cotidiano, monótono y gris del que forma parte y que ahora contempla con nuevos ojos y transita con pisadas que le acercan a otro horizonte, otro territorio, otra manera de entender la vida.