Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

Esa nostálgica ternura

(Fotografía.- https://www.flickr.com/photos/28359965@N03/9403572336/)
Muchas veces no llegas a saber sus nombres. Peregrinos que te ceden su linterna, un peine, la fresca cantimplora… los tomas de la mano para cruzar un riachuelo, te fotografían sin querer, compartes una broma, un “¡cuidado!”, un ronquido retador, un gesto unísono… Partes del albergue cada madrugada sin saber si te despides de ellos para siempre. Por eso, esta ambigua, extraña, nostálgica ternura en el partir de cada día.

EMILIO PEDRO GÓMEZ

Si el Camino te atrapa

(Fotografía.- Vicenç Buxeda)







Si el Camino te atrapa y se te enreda en el alma y en la sangre, si logras enamorarte profundamente de él, no solo serás peregrino para siempre. Es que así lo sentirás y lo vivirás cada instante de tu vida.

Uno vuelve siempre

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Bm2fGtxH129/)





"Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida"...

Cuánta verdad encerraban aquellos versos que escribiera Armando Tejeda...

Porque uno vuelve siempre
a aquellos lugares
donde fue feliz...

Todo tú eres Camino

Soledad-compañera,
que contigo camina
abrazándote el alma peregrina,
amante verdadera
que, a solas, te desnuda
para el íntimo Encuentro.
Tú, buscándote. Adentro.
Allí donde se anuda
el Ser al Infinito,
el abismo al espacio.
Contigo, va. Camina despacio.
Rompe tu silencio con su grito
que todo lo silencia
mientras te vuelves Camino.
Todo tú eres Camino, peregrino.
Y en esa Soledad está tu Esencia.

(Fotografía: Juan J. Aguilera)

¿Qué es la Magia


¿Qué es la Magia, peregrino?
Dime, ¿qué es la Magia?
Seguro que la has Sentido,
acariciándote,
atrapándote,
envolviéndote.
Seguro que la has visto,
aún siendo invisible.
En lo oculto.
Con el Alma.
Cuando el Alma ve lo oculto,
surge la Magia.
La has notado,
traspasando la piel del Alma
y el alma de la piel.
Es Libertad
pero trasciende de la libertad.
Es Silencio
pero trasciende de todos los silencios.
Es Plenitud
que se alcanza después de estar Vacío.
Es el aliento de Dios,
de la Naturaleza,
del Universo,
de como quieras llamar
a Aquello que trasciende de tu propia razón
y te hace infinito.
Infinito, peregrino, infinito.
Eterno.
Pero la Magia es, en sí misma, indefinible.
Al fin y al cabo,
la Magia está en ti
y eres tú mismo.
Bienaventurado eres, peregrino,
si crees en la Magia
porque tuyo es
el Reino de los Sueños.

Venciendo el cansancio


Claman las voces del cuerpo vencido, quejidos que te afrentan, punzadas hirientes en los pies cansados del largo camino. Te retan, creyéndose siempre vencedores de un combate desigual contra tus ganas de alcanzar otro horizonte. Se apoderan de tu mente. Y de tu alma. Los cansancios del alma son más fuertes que los del cuerpo porque siempre desgastan en silencio.

Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.

No te apresures en seguir andando. Deja que el alma llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.

Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste. Siempre venciste. A pesar del cansancio.

El próximo lo tienes al alcance de la vista. Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen. Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila. Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.

Como siempre que sigues andando, a la conquista del próximo horizonte.

(Fotografía: Lisa Merlot.- https://www.instagram.com/p/BnQHE6og7p8/)

Un trayecto de ida y vuelta

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/BmOoVGSH-OX/)
Nunca tengo sensación de volver porque solo continúo caminando. Volver solo vuelvo cuando regreso a casa. Entonces sí que vuelvo, para darle sentido a haber partido. El Camino carece de sentido si no se vuelve a casa. También se vuelve para seguir andando. El camino de mi vida se alimenta de la Vida del Camino. Por eso, cada cierto tiempo, me detengo en los andares cotidianos para retomar los senderos del Alma.

No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.

Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.

Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.

Ir despacio

(Fotografía: Macarena Mateo)




La gente corre tanto
porque no sabe dónde va,
el que sabe dónde va,
va despacio,
para paladear
el "ir llegando".

GLORIA FUERTES

Subiendo a Portomarín

Multiplica
por cuarenta y siete
el esfuerzo,
los latidos
del corazón desbocado.
Sube, peregrino, sube,
peldaño a peldaño.
Deja el río atrás, abajo,
deja que fluya
en su corriente imparable
bajo el puente,
mañana volverás a él.
Hoy toca alcanzar la cima
del espejo de ciudad
que sucumbió bajo el agua
y contemplar el milagro
de la antigua fortaleza
levantada, piedra a piedra,
como templo.
Como tus pasos,
levantados uno a uno,
peldaño a peldaño,
sobre otro puente.
Multiplica por cuarenta y siete
los pulsos del alma.
Y sube, peregrino, sube,
como quien sube la escalera
de su propia existencia,
sabiendo que la gloria
siempre se encuentra
en lo más alto. 

Permanecemos en el Camino

(Fotografía: Bruno Stevenheydens)




Cuando corones montañas que casi te permitirán tocar las nubes con tus manos puede que te emociones. Estarás cerca. Recuerda: tu emoción ha sido la de todos. Por eso permanecemos en el Camino.

JOSÉ ANTONIO DE LA RIERA

El gran reto

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/BmYu3g5h4xw/)







El gran reto del peregrino no es descubrir que el Camino es una metáfora de la vida, sino empezar a concebir la vida como una metáfora del Camino.

El lenguaje de las lágrimas

Se esfumaron las palabras.
Las lágrimas inventan
un nuevo lenguaje.
Apenas balbucean
los primeros sonidos
desde el silencio
más profundo y perdido,
perdidamente profundo.
“Soy”.
“Estoy”.
”Pude”.
“Llegué”.
“Gracias”.
¿Quién puede explicar ese llanto,
la mirada perdida y profunda,
profundamente perdida,
con que el peregrino admira
el portento de piedra
que se eleva ante sus ojos
cuando llega a Compostela?

Ese Abrazo posible

¡Siempre abrazo a tantos en ese Abrazo!

En ese instante, desaparecen la efigie y el rito, la tradición peregrina, la costumbre ancestral y transmitida por los años y los libros. Y solo existen almas que se abrazan en mi alma y a mi alma. Y la madera y la plata de la estatua inerte se convierten en carne que palpita entre mis manos.

Santiago mira al frente, como si quisiera que el abrazo peregrino le pillara por sorpresa. Allí arriba es posible abrazar a los demás por las espaldas. Desprevenidamente. En un mundo que a menudo golpea a traición, por las espaldas, de repente uno encuentra un espacio recóndito y pequeño donde poder amar sin previo aviso. Y es un abrazo alevoso y profundo que se multiplica por todos los abrazos que quiero dar y recibir en ese instante.

El mundo está peor desde aquel Abrazo en que abracé a tantos y que quedó eternizado en una fotografía. Hoy ya no es posible subir hasta allí con una mochila en las espaldas, después de que tantas mochilas hayan golpeado a traición, por las espaldas.

Pero allí volveré, a mirar desde abajo el rostro de Santiago para descubrir que, en el rostro del Apóstol, está el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Y el tuyo. Allí, como siempre, esperándome.

Y volveré a subir, allí arriba, donde ya no hay rostro que me mire, para ese Abrazo posible en el hondo misterio de lo imposible.