Esa explosión de colores del otoño dibujándose en los árboles, alfombrando el sendero, como haciendo florecer una segunda primavera, ofrenda de hojas a los pies del peregrino. Otoño a pinceladas de ocres y rojos, como un incendio sin llamas, abrasándolo todo. Abrazándolo todo.
Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago
Cruzando el Catasol
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/BzKTjr4ozRn/) |
Bajo un cielo infinito
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CjbAKc7Kl0l/) |
Camino
bajo un cielo infinito.
Cuando la vida golpea,
cuando aprieta la soledad
y el próximo horizonte
parece inalcanzable,
alivia detenerte,
levantar la cabeza,
mirar hacia arriba
y decirte:
¡Qué fortuna
caminar
bajo un cielo infinito!
Cogidos de la mano
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| (Fotografía.- Israel Castillo García) |
Y así cogidos de la mano
nuestro andar será hermoso,
y cuando llegues a tu meta
soltarás mi mano,
pero jamás olvidarás el camino
que tú y yo,
juntos compartimos.
FERNANDO DÁVILA PRADO
Los profundos silencios del Camino
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B3CS236ioCQ/) |
Los profundos silencios del Camino, rasgados por el aire invisible y susurrante, por los hondos latidos que retañen como campanas, por el crepitar de las pisadas sobre la tierra. El peregrino es un mago que atrapa los silencios, moldea sus contornos con sus manos y grita con ellos. Grita. Aunque nadie lo escuche. Porque su grito busca romperse en los espacios, en ese infinito que se extiende más allá de un horizonte. Por eso, grita sin sonidos, desde el silencio. Grita desde sus lágrimas calientes, desde una oración que traspasa sus creencias porque Dios es ese Todo que contempla desde su Ser enamorado del Camino. Dios es el viento y la piedra y el fango y el cielo atravesado de arcoíris. Y es el silencio profundo que acaricia la epidermis desnuda de las almas.
Andando en las nubes
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cd7-FPLsOrv/) |
Cuando no ando en las nubes, ando como perdido.
ANTONIO PORCHIA
Una historia de amor que nunca acaba
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| (Fotografía.- Serena Uccella) |
Sobre ella, la concha peregrina, el signo identitario de quien anda caminos buscando un horizonte llamado Compostela.
Se hace nuestra conforme la hacemos, llenándola de todo lo que somos. Y una vez hecha, nos hacemos suyos para siempre. Y así comienza la historia de un amor que se eterniza a cada paso. Nos enlaza los hombros, nos enreda la cintura, en ese abrazo mágico que nos hace uno.
Una historia de amor que nunca acaba. Aunque se llegue a ese horizonte que implica volver al camino de la vida.
Ella quedará otra vez vacía, esperando sueños e ilusiones y el atlas de la vida que cabe plegado en su bolsillo. Llena de todas nuestras nostalgias peregrinas.
Amándonos.
Nuestra.
Siempre.
Andaré este largo camino
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C24Xy86siPq/) |
Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final,
hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...
Se estreche o no la tierra para nosotros, andaremos este largo camino
hasta el final del arco. Que nuestros pasos se tensen cual flechas.
¿Estamos aquí desde hace poco
y dentro de poco alcanzaremos la flecha del comienzo? El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices?
Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final.
MAHMUD DARWISH
La gran invasión
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| (Fotografía.- Juan Carlos Navarro) |
Es posible que se esté distorsionando su verdadero sentido, que prime lo turístico y lo económico, que el peregrino no encuentre su espacio ni su lugar entre tanto ruido y tanta masificación, que lo espiritual haya quedado relegado a un segundo plano...
Pero no se equivocó Elías Valiña: verdaderamente, estaba preparando una gran invasión...
Un estado del alma
Nadie podrá explicar jamás qué significa ser peregrino. Porque ser y sentirte peregrino es un estado del alma. La única verdad incuestionable es que el auténtico peregrino amará su Camino con locura. Y hará locuras para seguir amando a su Camino.
Ese paréntesis de tiempo detenido
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| (Fotografía.- Xoan A. Soler) |
Ya los ojos lo miraron todo, los pies lo anduvieron todo, el corazón –ay, el corazón- lo palpitó todo. El Camino que fue se convirtió en recuerdo. El Camino que será ni siquiera empezó a soñarse. En ese presente, sin pasado ni futuro, la mirada se pierde, los pies se descalzan, el corazón –ay, el corazón- recobra sus pulsos.
Ese paréntesis del tiempo detenido. Esa pequeña y dulce muerte antes de regresar al camino de la Vida. Esa plenitud del vacío. Ese infinito entre dos torres. Ese sueño acabado. Ese sueño que empieza. Esos puntos suspensivos del alma. Esa locura de saberte para siempre peregrino.
Hasta tanto volvamos a encontrarnos
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C4aR5r5sw0_/) |
Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos,
que el viento sople siempre a tus espaldas,
que el sol brille cálido sobre tu cara,
que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos
y, hasta tanto volvamos a encontrarnos,
que Dios te lleve en la palma de su mano.
(Antigua bendición irlandesa)
Vas y vuelves
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| (Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/) |
No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.
Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.
Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.
Venciendo el cansancio
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| (Fotografía.-Javier Yarnoz Sánchez) |
Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el
cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos
que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus
músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa
y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.
No te apresures en seguir andando. Deja que el alma
llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido
hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio
cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu
cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.
Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta
todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste.
Siempre venciste. A pesar del cansancio.
El próximo lo tienes al alcance de la vista.
Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen.
Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena
seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila.
Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.
Como siempre que sigues andando, a la conquista del
próximo horizonte.
Respiro
Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado.
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