Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

Mi sombra en el Camino

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(Fotografía.- Mario De Pinho Queiroz)
Se alargan las sombras en los amaneceres del Camino. Sobre la tierra se dibuja la figura del peregrino que se eleva sobre ella. Le precede y alcanza primero los espacios del sendero que después pisarán sus pies.

La sombra va delante, siempre inalcanzable, bocetando la silueta de otro-yo que soy yo mismo. Se convierte en guía para los pasos certeros y para los equivocados. Punta de flecha que no se pinta y que solo marca el camino a quien la sombra pertenece.

La sombra sobre el Camino. En el Camino. Fundida con el Camino. Formando parte de él. El Camino es asfalto, arena, piedra, fango... Y sombra.

Se alarga mi sombra en los amaneceres del Camino. Y en mi sombra, el Camino y yo nos hacemos uno. Inseparables. Indisolubles.

Haciéndote peregrino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CY8v7jlMlyy/)

Peregrino hacia Santiago,
no le digas al Camino
"lo eres porque yo te hago",
que él te da a ti mejor pago
haciéndote peregrino.

CÉSAR MARTÍN TERÁN

Te pierdes o te encuentras

Te adentras, poco a poco, en la meseta castellana, ruda, árida, de caminos interminablemente rectos, altos de pendientes pronunciadas, lugares aparecidos como por arte de magia y horizontes tan lejanos que parecen inalcanzables. Pocas cosas se viven tan intensamente en el Camino como los días en la meseta burgalesa y palentina. Desde los desérticos y fantasmagóricos pueblos de adobe, donde puedes oír el eco de tus propias pisadas, a las dos decenas de kilómetros de un único y monótono paisaje, sin curvas, sin subidas ni bajadas, sin casas, sin árboles, sin nadie en las lontananzas de los cuatro puntos cardinales, sin ningún lugar donde detenerse. Solo tú contigo mismo. Y ahí no hay término medio: o te pierdes o te encuentras. Recorrer la meseta castellana a pie y sólo me parece una experiencia vital profundamente enriquecedora.

Dos caminos


Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo
y lamentablemente no pude recorrer los dos.
Y siendo yo un viajero solitario, largo tiempo me detuve.
Y miré por uno de ellos, tan lejos como pude
hasta donde se perdía en la maleza.

Entonces consideré el otro, tan recto como el anterior
y poseedor quizá de mejor derecho,
porque el pasto era más alto y deseaba ser recorrido
aunque quienes habían pasado por allí
los habían desgastado casi por igual.

Y esa mañana ambos se tendían
en hojas que ninguna pisada había ennegrecido
¡Ah, dejé el primero para otro día!
Y sin embargo, sabedor de que un camino lleva al otro,
dudé si alguna vez regresaría.

Debería decir esto con un suspiro
en algún momento, dentro de muchas eras;
dos caminos se bifurcaban en el bosque, y yo,
yo tomé el camino menos transitado.
Y esa ha sido la diferencia.

ROBERT FROST

Y cae y cae la lluvia

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(Fotografía.- Michael Pitt)

Días sin sol, como en la vida, cuando la lluvia diluye los colores y pinta de gris el cielo y todo el paisaje se ensombrece. Y cae y cae, sin pausa, desatada muchas veces y otras sin ganas, como si quisiera escaparse la vida a través de las gotas, empapando los pies y el alma, sobre todo el alma. Y cae y cae, enfangando el camino, borrando huellas de pisadas que fueron para que se dibujen otras nuevas, tan efímeras y fugaces como las primeras. Tiene la lluvia un vago secreto de ternura y, por eso, siempre acaba convirtiéndose en caricia. Pero primero batalla en una guerra que ella siempre inicia pero de la que nunca resulta vencedora. No combate el peregrino. Simplemente, camina bajo la lluvia, atravesándola, sabedor de que al final, como en la vida, siempre acaba saliendo el sol. Siempre.

El regreso al mundo

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(Fotografía.- Marcelo Argañaraz)
Acaba el Camino y regresas al mundo. Compostela es la frontera que divide ambas realidades. Y no es lo mismo transitar sus calles para llegar que para volver, después de haber llegado. No es la misma realidad la que atraviesas buscando el Obradoiro que aquella en la que te sumerges cuando el Camino está definitivamente concluido y quedan en la Plaza los últimos suspiros, las últimas emociones, los últimos silencios, las últimas miradas perdidas a ese infinito que es posible encontrar entre dos torres.

Compostela es la transición de tu propio mundo al mundo de todos. Tal vez por ello, allí, curiosa y paradójicamente, el peregrino es alguien al que no se le presta demasiada atención. Simplemente forma parte de un paisaje cotidiano, en el que se distingue por su ropa y su mochila y por poco más. En Compostela no hay deseos de “Buen Camino” porque allí el Camino es desembocadura y término. Allí, el peregrino es mirado con cierta indiferencia, tal vez porque no existe diferencia.

Tan solo es alguien más que regresa al mundo desde su mundo.

Auténticos peregrinos

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cjx8rhkogGf/)

Lo que nos hace ser auténticos peregrinos no es el Camino en sí mismo sino la forma en que miramos el mundo cuando regresamos del Camino.

En lo alto del Alto de San Roque

(Fotografía.- Martina Carraro)
Atrás quedó Cebreiro, mágico y céltico, ahíto de leyenda y de milagro, de noche fría y púrpura amanecer, maremoto de nubes envolviendo el abismo infinito de Os Ancares, detenido en la orilla del Camino, Piedrafita abajo, invisible, tragado por la inquietante quietud de un cielo convertido en océano. Atrás quedó, misterioso, y la calle empedrada se volvió sendero que ascendía y descendía, elevándose el sol por el oriente, engullendo las nubes, disipando neblinas, compañero otra vez del caminante.

Y atrás quedó Liñares y el pedregoso tobogán entre abedules que acabó mudando en rampa de ascenso hasta lo alto. Y allí, en lo alto del Alto de San Roque, todo era inmensidad de verde y bronce: el Courel delante de los ojos, a la sombra del inmóvil peregrino que lucha contra el viento.

Allí recordé lo que escribió el poeta que soñaba primaveras con las esquinas rotas: "Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar".

Y seguí caminando, con el viento borrándome cosas y con el alma peregrina palpitando recuerdos que ni el viento jamás logrará borrar...

Sube, peregrino, sube


Multiplica por cuarenta y siete el esfuerzo, los latidos del corazón desbocado, sube, peregrino, sube, peldaño a peldaño. Deja el río atrás, abajo, deja que fluya en su corriente imparable bajo el puente, mañana volverás a él. Hoy toca alcanzar la cima del espejo de ciudad que sucumbió bajo el agua y contemplar el milagro de la antigua fortaleza levantada, piedra a piedra, como templo. Como tus pasos, levantados uno a uno, peldaño a peldaño, sobre otro puente. Multiplica por cuarenta y siete los pulsos del alma. Y sube, peregrino, sube, como quien sube la escalera de su propia existencia, sabiendo que la gloria siempre se encuentra en lo más alto.

La clave es caminar

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/Cd6BlfZjQPi/)
Si una cosa he aprendido del Camino, es que él caben todos los caminos, todas las preguntas y respuestas. Cada peregrino vive un camino personal e intransferible. Es una experiencia que nos conecta tanto con nuestro interior que no puede haber cliché de ninguna forma, como no hay dos personas iguales. El Camino te corrige todo o casi todo lo preconcebido: las ideas, los pensamientos, la mochila, hasta la forma de caminar y la vista o más bien la forma de mirar. La clave, mi clave, no es buscar respuestas, ni siquiera tener las preguntas, la clave es caminar, siempre caminar, en el movimiento surgen todas las preguntas que deban surgir y en el movimiento están también las respuestas. Cuando no sepas qué, camina. Quien camina y camina y camina, en silencio, en soledad, da necesariamente pasos hacia sí mismo, donde están todas las preguntas que importan, las que demoran toda una vida en contestar.

LUIS FERNANDO REDONDO

Cuando camino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CJwIBSkFMoa/)
Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado. Por cosas como estas me gusta caminar en absoluta soledad. Creo que no sería capaz de hacerlo con alguien al lado, conocido o desconocido. Preciso de un espacio de intimidad absoluta con el Universo. Solos Él y yo. Como si cualquier otra presencia física incomodara e hiciera inviable ese momento. Cuando camino, detengo el tiempo cotidiano y dejo fluir un tiempo que se mide por otros parámetros. Cuando camino, canto, rezo, callo, sufro, pienso, no-pienso, pero todo es absolutamente indeterminado. Todo surge. Todo fluye. Desmedidamente. Sin medida alguna. Como si dentro de mí se desencadenara una explosión inevitable de fuegos de artificio, imprevisibles en sus formas y en sus colores. Suben y explotan, uno tras otro. Hasta que el último sume todo en un profundísimo silencio. Cuando camino, yo Soy el Camino. Sin mí, el Camino no existe. Sin mí, el Camino no tiene Sentido.

Todos los caminos

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(Fotografía.- Rubén Salinas Medina)






Podrás recorrer todos los caminos
que todos los caminos
acabarán en ti

Como una caricia

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(Fotografía.- Brutta Rospa)



Lluvia fina, persistente, suave. Parece que no moja pero empapa el Alma. Bruma, cielo gris que atrapa la tierra, la besa, la posee. Mil tonos de verdes en prados y bosques. Arena y asfalto. Subidas y bajadas. Corazón desbocado. Camino que serpea, caprichosamente, a izquierda y derecha, monte arriba, monte abajo. Soledad que abriga. Silencio que aturde. Dios que se desnuda en la lluvia como una caricia, ya lo dijo el poeta. Como una caricia innumerable...

El vínculo con un paisaje




El vínculo más importante entre una persona y un paisaje no es que se haya estado en él, sino que él haya estado en ti.

KAORI O'CONNOR

El primer paso





Todo se inicia con un paso que te pone en movimiento. Pero lo que realmente te hace avanzar no es el primer paso sino todo aquello que te ha llevado a darlo.