Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

Vas y vuelves

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B4sG6t5Cydk/)
Nunca tengo sensación de volver porque solo continúo caminando. Volver solo vuelvo cuando regreso a casa. Entonces sí que vuelvo, para darle sentido a haber partido. El Camino carece de sentido si no se vuelve a casa. También se vuelve para seguir andando. El camino de mi vida se alimenta de la Vida del Camino. Por eso, cada cierto tiempo, me detengo en los andares cotidianos para retomar los senderos del Alma.

No cuento los caminos realizados porque el Camino es uno solo. Vas y vuelves, vas y vuelves, para fundirlo todo en una misma historia. Igual que la vida es una sola, también lo es el Camino. Solo se inicia una vez. Después, la historia continúa. Y no tiene más final que el principio de un Camino Infinito, donde vida y Camino se harán una sola senda. De Luz. De Plenitud. De Eternidad.

Igual que la vida te trae y te lleva por distintos senderos, el Camino te trae y te lleva por distintos trayectos que confluyen en una Compostela que siempre marca el momento de volver. Puede que sea la Compostela del Apóstol. O cualquiera de las múltiples compostelas que conforman cada punto de regreso.

Vas y vuelves. Vas y vuelves. Del camino de la vida a la Vida del Camino, siempre en un trayecto de ida y vuelta.

Venciendo el cansancio

https://www.amigosdelcamino.com/informacion/hemeroteca/noticias/35-ganadores-del-concurso-fotografico-2016
(Fotografía.-Javier Yarnoz Sánchez)
Claman las voces del cuerpo vencido, quejidos que te afrentan, punzadas hirientes en los pies cansados del largo camino. Te retan, creyéndose siempre vencedores de un combate desigual contra tus ganas de alcanzar otro horizonte. Se apoderan de tu mente. Y de tu alma. Los cansancios del alma son más fuertes que los del cuerpo porque siempre desgastan en silencio.

Déjales que venzan, peregrino. Déjate vencer por el cansancio. Recobra el pulso y el aliento. Descalza tus pies ardientes y déjalos que palpiten a la intemperie. Escucha los quejidos de tu cuerpo, de tus músculos tensos por el esfuerzo. Cierra los ojos y déjate envolver por la brisa y por ese espacio de soledad, tan tuyo, donde te sientes tan roto, tan vencido.

No te apresures en seguir andando. Deja que el alma llore sus silencios. Si acaso, mira atrás y verás todo el camino recorrido hasta ese punto, todo el camino en que venciste, paso a paso, tu propio cansancio y desaliento. Respira hondo. Y verás como todo se armoniza. En tu cuerpo. En tu alma. Y en tu mente. Espacios sagrados que también te pertenecen.

Toma conciencia de tu Ser. Y de tu Estar. Recuenta todos los horizontes que ya has conquistado desde que partiste. Venciste. Siempre venciste. A pesar del cansancio.

El próximo lo tienes al alcance de la vista. Cálzate. Ya tienes las fuerzas necesarias para acallar las voces, si resurgen. Merece la pena caminar, aunque te canses, aunque te caigas. Merece la pena seguir adelante. Con tu cansancio a cuestas, como un peso añadido a tu mochila. Pero vencido otra vez, como siempre que te pones en pie tras un descanso.

Como siempre que sigues andando, a la conquista del próximo horizonte.

Respiro

Cuando camino, alcanzo una sensación de Libertad imposible de describir. Me siento pequeño e inmenso a la vez. Y la tierra y el cielo adquieren dimensiones distintas desde mi pequeñez y desde mi inmensidad. Respiro. Parece un absurdo pero no lo es. Cuando camino el Camino, soy consciente de que respiro. A veces me detengo sin más pretensión que la de respirar, que la de sentir que estoy respirando. Me detengo, abro los brazos y cierro los ojos. E inspiro fuerte, muy fuerte. Casi hasta el ahogo, hasta el borde de la necesidad imperiosa de exhalar el aire inspirado.

Esta nostálgica ternura


Muchas veces no llegas a saber sus nombres. Peregrinos que te ceden su linterna, un peine, la fresca cantimplora… los tomas de la mano para cruzar un riachuelo, te fotografían sin querer, compartes una broma, un “¡cuidado!”, un ronquido retador, un gesto unísono… Partes del albergue cada madrugada sin saber si te despides de ellos para siempre. Por eso, esta ambigua, extraña, nostálgica ternura en el partir de cada día.

EMILIO PEDRO GÓMEZ

Un alto en el Camino

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(Fotografía.- Max Maximov)

La soledad
buscada y requerida,
los pies descalzos,
liberados del ardor
de la larga travesía,
la espalda
sin mochila compañera,
el cuerpo detenido,
el alma
recobrando pulsaciones.

La mirada
tal vez absorta en un recuerdo
o en un presagio
que anticipa lugares y distancias.

Aunque sabe el peregrino
que, después, sus pasos
serán guiados por la magia,
por las huellas de otros peregrinos,
por el sol que acompaña y que calienta,
por el faro de las flechas amarillas.

Un alto en el Camino.
Siempre necesario
para seguir andando.
Con las botas cobijando
los pies reconfortados.
Con la mochila compañera
en la espalda.
Con el alma
desbocándose a cada paso.

Zapatos viejos

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(Fotografía.- Claudio Pupi)



Ya sólo puedo usar zapatos viejos.
El camino que sigo
me los gasta desde el primer paso.

Pero únicamente los zapatos viejos
no desdeñan al camino
y sólo ellos pueden llegar
hasta donde llega el camino.

Después,
hay que seguir descalzo.

ROBERTO JUARROZ

¿Qué vas a hacer, peregrino?

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(Fotografía.- Andre Lux)






Y ahora que has llegado, peregrino, ¿qué vas a hacer con todo el sol de tu Camino, con todas las huellas que has dejado, con todo el caudal de días y de nostalgias?

Las rectas infinitas




Las rectas infinitas, inacabables, que parecen no llevar a ningún lado, siempre acaban llevando a algún lugar, quién sabe si a otro punto de partida de otra recta infinita, inacabable, que acaba llevando a un horizonte...

La cruz arriba

https://www.caminographer.com/camino-de-santiago?pgid=lgap8w50-67b76bb1-1ccb-4167-ace4-4f1a822f2d33
(Fotografía.- Max Maximov)
Arriba, la cruz arriba.

Peregrino que sube sin aliento la senda escarpada y pedregosa, el camino a la cumbre de la sierra -Atapuerca abajo, la cruz arriba-, el corazón rodando en cada piedra que rueda monte abajo cuando pisa, el corazón clavado en cada piedra donde la cruz se alza cuando llega.

La cruz arriba, desnuda como el alma, atravesando el cielo incendiado de púrpura y naranja con la primera luz del nuevo día, los brazos abiertos como un inmenso abrazo de esperanza a quien perdió la fe hasta en sí mismo, un remanso de paz sin alambradas, un templo sin cúpula ni altares para buscar a dios en la intemperie, un recuerdo clavándose en la tierra de aquellos peregrinos que llegaron al pórtico infinito de su gloria.

La cruz arriba, dibujando en el mapa de los sueños sus cuatro puntos cardinales: al sur, las huellas milenarias de la tierra; al norte, inmenso y puro, el cielo; al este, el sol que renace con la aurora; y al oeste, siempre el horizonte a donde se dirige el peregrino.

Si me muero en Santiago

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(Fotografía.- Carlos Alarcón López)



Si me muero en Santiago no me añores,
mi amor, único amor de mis amores.
Esta es al fin la casa en el camino.
Peregrinando al fin aquí he llegado.

ALEJANDRO BEKES

El rumbo al hombre nuevo



Cada flecha amarilla es una invitación a seguir adelante. No hay flechas que te hagan parar y dar la vuelta, desandar lo andado, desvivir lo vivido. Cada flecha guía hacia una nueva ruta, hacia un nuevo paisaje, hacia un nuevo territorio aún pendiente de ser transitado. El hombre viejo va quedando en el Camino. Cada flecha marca el rumbo al hombre nuevo.

Los pálpitos del alma

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(Fotografía.- Juan Carlos Navarro)
Le encorva el peso de la vida, el paso del tiempo que pasa y pesa sobre el ajado cuerpo. Firme la mirada, sin embargo, descubridora de la belleza que eterniza el alma. Detiene sus pasos y siente que el tiempo se detiene. Respira hondo y contempla la vida que sigue pasando pero ya no pesa. Siente los pálpitos del alma sin arrugas. Camina y el Camino es él mismo en todas sus edades. Porque sabe que ser peregrino no es una cuestión de años sino de latidos. Y los siente, uno a uno, en su alma sin tiempo.

El enigma del Camino

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(Fotografía.- Manu Rodríguez)



Ruinas de San Antón: ¿amanecer de piedra o piedra amanecida? Asoman como una aparición. Y me invade la magia del lugar, jardín de piedra. ¿Quién, con qué romántica destreza, fue desconstruyendo el monasterio hasta dejarlo así, tan espectral, con tal exacta arquitectura de umbral de la melancolía? Al pasar bajo el arco, es como sin ingresara de nuevo –más perplejo esta vez- en el ambiguo enigma del camino.

EMILIO PEDRO GÓMEZ

Todo fluye

Y todo fluye, contigo y en ti, como el agua que brota de la tierra y empapa las suelas de tus botas y enfanga las huellas de tus pasos y te hace barro, para moldearte, como un invisible alfarero con manos de dios, que te va haciendo a imagen y semejanza del propio Camino. Entonces, peregrino, te vuelves piedra y cielo, abrazo de bosque y calor de aldea, viento enamorado y eterno horizonte, manantial de estrellas que se desparraman en el último suspiro de la noche… Y todo fluye, todo es universo y todo es armonía con el Todo, silencio de luna, estruendo del alma, milagro de vida, Camino infinito contigo y en ti, peregrino, contigo y en ti…