Pensamientos, reflexiones, experiencias, historias y vivencias acerca del Camino de Santiago

En lo alto del Alto de San Roque

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/DCQvUXIuuNz/)
Atrás quedó Cebreiro, mágico y céltico, ahíto de leyenda y de milagro, de noche fría y púrpura amanecer, maremoto de nubes envolviendo el abismo infinito de Os Ancares, detenido en la orilla del Camino, Piedrafita abajo, invisible, tragado por la inquietante quietud de un cielo convertido en océano. Atrás quedó, misterioso, y la calle empedrada se volvió sendero que ascendía y descendía, elevándose el sol por el oriente, engullendo las nubes, disipando neblinas, compañero otra vez del caminante.

Y atrás quedó Liñares y el pedregoso tobogán entre abedules que acabó mudando en rampa de ascenso hasta lo alto. Y allí, en lo alto del Alto de San Roque, todo era inmensidad de verde y bronce: el Courel delante de los ojos, a la sombra del inmóvil peregrino que lucha contra el viento.

Allí recordé lo que escribió el poeta que soñaba primaveras con las esquinas rotas: "Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar".

Y seguí caminando, con el viento borrándome cosas y con el alma peregrina palpitando recuerdos que ni el viento jamás logrará borrar...

La prueba más difícil

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(Fotografía.- Holly Mac)






Por muy escarpado que sea el sendero, por muy acusada que sea la pendiente, la prueba más difícil que siempre enfrentamos en el Camino es la batalla que libramos con nosotros mismos.

La vida, ese paréntesis

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(Fotografía.- Claudio Pupi)

Descansan en paz
los que dejaron el Camino de la Vida
para seguir viviendo,
presentes en el recuerdo imperecedero,
en la nostalgia desnuda de las tardes
que se mueren sobre el mar...

Descansan en paz
en ese más allá del horizonte
y en este más acá de nuestras almas...

La vida, ese paréntesis...

La muerte,
esa vida vivida,
ese preludio de la inmortalidad...

Seguimos peregrinando
por el Camino de la Vida...

Un loco enamorado

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(Fotografía.- Jesús Varillas)
Déjate atrapar. Deja que el Camino te seduzca y te haga suyo, que te atrape, que te envuelva, que te bese y te acaricie. Que te desnude el alma y la haga temblar. Y te haga temblar.

Deja que el Camino te traspase la piel y te recorra la sangre. Déjale que te susurre en el oído palabras sin palabras. Deja que te cuente sus viejas historias de amores y desamores peregrinos.

Deja que te ame.

Y enamórate.

Apasionadamente. Y si te preguntan qué es ser peregrino, responde que es saberte un loco enamorado que sueña y tiembla, tiembla y sueña con volver a encontrarse con su amor en la próxima esquina de la magia...

Atraviesa la tormenta

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(Fotografía.- Claudio Pupi)




No combatas la tormenta.
Solo atraviésala.
Vístete de paciencia
y atraviésala
con la confianza que da saber
que estás a unos días del sol.

ANXO PÉREZ

Todo es tuyo, peregrino

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(Fotografía.- Mindy Bob Thompson)

No te apresures en seguir andando.
Deja que el alma llore sus silencios.
Si acaso, mira atrás
y verás todo el camino recorrido hasta ese punto,
todo el camino en que venciste, paso a paso,
tu propio cansancio y desaliento.
Respira hondo.
Y verás como todo se armoniza.
En tu cuerpo.
En tu alma.
Y en tu mente.
Espacios sagrados
que también te pertenecen.
Como ese bosque.
Como esa niebla.
Como ese mágico silencio.
Todo es tuyo, peregrino, todo es tuyo.
No te apresures en seguir andando.

Abrazándolo todo




Esa explosión de colores del otoño dibujándose en los árboles, alfombrando el sendero, como haciendo florecer una segunda primavera, ofrenda de hojas a los pies del peregrino. Otoño a pinceladas de ocres y rojos, como un incendio sin llamas, abrasándolo todo. Abrazándolo todo.

Cruzando el Catasol

(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/BzKTjr4ozRn/)
Robles, eucaliptos, alisos y abedules: el frondoso ejército de la belleza, batallando por ganar la contienda contra el sopor de la tarde recién estrenada, aun desperezándose del sol del mediodía. Atrás quedó Melide, humeantes las calderas en las ventanas, el vino templándose en los cuencos... Brindo por ti, Camino, Camino mío, que ya tanto me dueles en el alma después de tanto tiempo siendo tuyo… Atrás quedó el asfalto, la última cuesta junto al cementerio, otra vez los pastos y la tierra. Hasta que el bosque se adueña del paisaje y lucha y vence al tedio de las horas, de los pasos cansados y cansinos. Ahí está el río, con su paso empedrado, con su sombra perpetua e infinita. Juega el peregrino a ser equilibrista sobre las grandes piedras que improvisan un puente sobre el Catasol. Y así lo atraviesa, haciendo equilibrios con la tarde para no descalzarse y seguir caminando, mientras una legión de árboles le clavan en el alma el profundo aguijón de la belleza…

Bajo un cielo infinito

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/CjbAKc7Kl0l/)


Camino
bajo un cielo infinito.

Cuando la vida golpea,
cuando aprieta la soledad
y el próximo horizonte
parece inalcanzable,
alivia detenerte,
levantar la cabeza,
mirar hacia arriba
y decirte:

¡Qué fortuna
caminar
bajo un cielo infinito!

Cogidos de la mano

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(Fotografía.- Israel Castillo García)

Y así cogidos de la mano
nuestro andar será hermoso,
y cuando llegues a tu meta
soltarás mi mano,
pero jamás olvidarás el camino
que tú y yo,
juntos compartimos.

FERNANDO DÁVILA PRADO

Los profundos silencios del Camino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/B3CS236ioCQ/)

Los profundos silencios del Camino, rasgados por el aire invisible y susurrante, por los hondos latidos que retañen como campanas, por el crepitar de las pisadas sobre la tierra. El peregrino es un mago que atrapa los silencios, moldea sus contornos con sus manos y grita con ellos. Grita. Aunque nadie lo escuche. Porque su grito busca romperse en los espacios, en ese infinito que se extiende más allá de un horizonte. Por eso, grita sin sonidos, desde el silencio. Grita desde sus lágrimas calientes, desde una oración que traspasa sus creencias porque Dios es ese Todo que contempla desde su Ser enamorado del Camino. Dios es el viento y la piedra y el fango y el cielo atravesado de arcoíris. Y es el silencio profundo que acaricia la epidermis desnuda de las almas.

Una historia de amor que nunca acaba

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(Fotografía.- Serena Uccella)
Caben en ella la ropa necesaria y los sueños imprescindibles, las botas camineras y la ilusión descalza, aquello que nos limpia la piel del sudor y de la tierra reseca y empolvada, un mapa de un Camino que no precisa mapas y el atlas de la vida plegado en un bolsillo. Cabe la piedra que quedará posada sobre un hito jacobeo o en el gólgota de siglos donde se asienta una cruz desnuda. Cabe el peso de todos los vacíos. Y cabe el vacío de todos los pesos liberados.

Sobre ella, la concha peregrina, el signo identitario de quien anda caminos buscando un horizonte llamado Compostela.

Se hace nuestra conforme la hacemos, llenándola de todo lo que somos. Y una vez hecha, nos hacemos suyos para siempre. Y así comienza la historia de un amor que se eterniza a cada paso. Nos enlaza los hombros, nos enreda la cintura, en ese abrazo mágico que nos hace uno.

Una historia de amor que nunca acaba. Aunque se llegue a ese horizonte que implica volver al camino de la vida.

Ella quedará otra vez vacía, esperando sueños e ilusiones y el atlas de la vida que cabe plegado en su bolsillo. Llena de todas nuestras nostalgias peregrinas.

Amándonos.

Nuestra.

Siempre.

Andaré este largo camino

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(Fotografía.- https://www.instagram.com/p/C24Xy86siPq/)

Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final,
hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo...
Se estreche o no la tierra para nosotros, andaremos este largo camino
hasta el final del arco. Que nuestros pasos se tensen cual flechas.
¿Estamos aquí desde hace poco
y dentro de poco alcanzaremos la flecha del comienzo? El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices?
Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final.

MAHMUD DARWISH

La gran invasión

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(Fotografía.- Juan Carlos Navarro)

Es posible que se esté distorsionando su verdadero sentido, que prime lo turístico y lo económico, que el peregrino no encuentre su espacio ni su lugar entre tanto ruido y tanta masificación, que lo espiritual haya quedado relegado a un segundo plano...

Pero no se equivocó Elías Valiña: verdaderamente, estaba preparando una gran invasión...