Algo de nuestro propio misterio se funde con todos los misterios del Camino. Y allí queda, eternizándose en todos los lugares donde sentimos la magia de todos sus misterios fundidos con el nuestro. El Camino nos vuelve mágicos. Y nos hace descubrir nuestros propios misterios. Por eso no es posible sentir la plenitud de ser peregrino si no se cree en la magia de los misterios del Camino.

